VIERNES 3 DE FEBRERO DEL 2006 / EDICION No. 24072 / ACTUALIZADA 13:30 am





EL HUMOR DE






La casa vacía

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José E. González Rappaccioli

Periódicamente, la opinión pública nacional y el propio Gobierno de la República de Nicaragua se conmocionan ante amenazas del Gobierno de Costa Rica pretendiendo reclamar de iure o de facto derechos sobre nuestro Río San Juan que no le pertenecen.

Sin embargo, a nadie debería sorprender que el Gobierno de Costa Rica y el empresariado tico, que se han caracterizado por aprovechar al máximo sus propios recursos y sacar provecho de los ajenos, trate de sacar partido de una de las zonas naturales más esplendorosas del mundo. Lo que es realmente escandaloso e inexcusable es que nuestros sucesivos gobiernos y nosotros mismos hayamos, hasta el presente, descuidado tomar posesión plena y ocuparnos de desarrollar nuestro Río San Juan y la cuenca del Gran Lago de Nicaragua. Nos hemos hecho, así, reos de culpa frente a nuestro patrimonio natural, único en el mundo, y frente a nuestra propia historia.

Nuestra actitud hacia el Río San Juan es similar a la del heredero que ha dejado en abandono una hermosa mansión. Aunque sea su dueño de iure y tenga sus escrituras en regla, ese mal hijo no se preocupa por habitarla o mejorarla y ni siquiera le paga cuatro centavos a un vecino para “que se la cuide”.

La situación de nuestro Río San Juan es exactamente igual a la de una casa abandonada por su dueño. Los vecinos y los transeúntes no tardan en darse cuenta de que la casa está abandonada. Comienzan, poco a poco, a introducirse en ella por curiosidad; luego, los chavalos se meten para hacer sus necesidades o hacer “vulgaridades”. Los más vivianes comienzan a arrancar tomacorrientes, interruptores y lámparas, se llevan los lavamanos e inodoros, levantan el techo, lámina por lámina, y terminan por llevarse los marcos de puertas y ventanas y los ladrillos.

Cuando el propietario legal se decide a llegar, se encuentra en la ridícula posición de tener que pedir permiso para entrar en su propiedad donde los ocupantes lo miran y tratan como invasor, le echan los perros, sacan machete y no es raro que convoquen a vociferantes vecinos y llamen a la Policía la cual no tarda en llegar infaltablemente escoltada por las cámaras de los “noticieros-basura”. Para no perder totalmente la casa o tener que liberarla a balazos, el dueño legal debe resignarse a cabildear con los caudillos que manejan a dóciles jueces y magistrados expertos en coimas. En no pocos casos, el legítimo dueño termina cediendo una parte de la propiedad a los invasores o recomprándola. Es exactamente lo que nos está sucediendo con el Río San Juan.

Debemos, por lo tanto, hacer algo pronto y hacerlo bien. Se debería lanzar de inmediato un Plan Maestro de Desarrollo Integral del Río San Juan y de la Cuenca del Gran Lago. Dicho plan debe comprender todos los aspectos: levantamiento topográfico, hidrografía, población, recursos humanos, potencial turístico, ecología, etc. e ir acompañado de gestiones con consorcios financieros y con inversionistas nacionales e internacionales.

Hace un par de semanas, el Diario LA PRENSA informó que el Gobierno realizaría una inversión de 15 millones de dólares para promover el turismo en el Río San Juan. Algunos amigos me comentaron: “Ya el Gobierno está realizando tu idea”. Ese comentario me causó aún mayor consternación ya que 15 millones de dólares a duras penas alcanzan para hacer los estudios de factibilidad del Plan Maestro de Desarrollo Integral que necesitamos para ser dueños efectivos de nuestro Río San Juan. Según informes recientes, una sola empresa recién instalada en territorio tico en la cercanía del Río San Juan y que seguramente lo utilizará para sacar su producción, representa una inversión de 500 millones de dólares.

El Plan Maestro que propongo debería ser asumido por el empresariado privado que tendría interés en movilizarse para gestionar ante el Ejecutivo y la Asamblea Nacional las medidas pertinentes. El actual gobierno y el que le suceda deberían hacer de éste un proyecto de Estado en torno al cual se podría promover rápidamente consenso nacional.

Edén Pastora es una de las pocas personas que se han preocupado y pasado al acto, llegando hasta a asumir costos de dragado del río y de reparación de un aeropuerto. Fuera de las suyas y de otras iniciativas dispersas, nuestro Río San Juan sigue como casa vacía, a la merced de depredadores e invasores. Debemos escoger, o el Plan Maestro o el desastre.

El autor es Presidente Nacional del PSC.
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