VIERNES 3 DE FEBRERO DEL 2006 / EDICION No. 24072 / ACTUALIZADA 13:30 am





EL HUMOR DE






Golpes en la mesa
Beneficio de la duda

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Alberto L. Alemán Aguirre

Al asumir la Presidencia de Honduras, Manuel Zelaya prometió un gobierno honesto, combatir la corrupción y hacer una administración eficiente.

Está muy bien, aunque francamente no suena muy original. No es el primer gobernante que promete lindas cosas, que ilusiona a sus conciudadanos con cambios y hasta con “nuevas eras”, para luego ir cayendo en las viejas trampas y marrullas del sistema político viciado, de los “amarres” que facilitan mandar, y al final, las cosas resultan siendo como siempre. “Business as usual”, como dicen en inglés.

La experiencia obliga a la cautela, aunque siempre será bueno dar el beneficio de la duda a quien está en sus comienzos de un nuevo rumbo en su vida y en los asuntos de un país.

Zelaya es un hombre sencillo, de un carácter bastante abierto, según los que le conocen, proviene de una rica familia de hacendados y no terminó sus estudios de ingeniería.

A pesar de esto, ha sido gran propietario de tierras y ganado, y empresario, llegando a ser directivo de la organización empresarial de Honduras.

En la política ha sido diputado y según reporta la prensa, tuvo un buen desempeño como ministro de lo que es el equivalente del FISE en Nicaragua.

El comienzo de su administración, esta semana, trajo varias cosas positivas.

El nuevo ministro de Seguridad dejó entrever la posibilidad de que haya un diálogo entre las autoridades y las temidas pandillas o maras.

Estas organizaciones criminales, que en el vecino país han alcanzado niveles altos de organización, están enfrascadas en una guerra contra la sociedad.

De llegarse a concretar un diálogo, sería un cambio muy radical con respecto a la política meramente represiva de mano dura —cárcel y largas condenas — que se aplicó con Ricardo Maduro, el antecesor de Zelaya.

Si bien los operativos policiales antimaras han continuado, no obstante, Zelaya manifiesta que debe revisarse la política “tolerancia cero” que mandan a la cárcel a jóvenes por sólo tener tatuajes.

En los dos últimos años, unos 180 presos han muerto en estallidos de violencia carcelaria, lo que ha evidenciado relaciones imperantes de corrupción y lucha de poder en penales sobrepoblados, verdaderos paraísos de hacinamiento e insalubridad.

Activistas de derechos humanos, expertos en seguridad reclaman que el enfoque del combate a las maras cambie, y que se diseñen políticas que ataquen las raíces sociales del problema. ¿Será un buen inicio en esta dirección?

Otro ejemplo positivo han sido las declaraciones del ministro de Educación prometiendo que se garantizará la matrícula gratis en escuelas públicas. A pesar de que hubo cobros en el inicio del año escolar, lo que causó escepticismo en muchos padres de familia, el ministro intenta que el dinero cobrado sea devuelto. Lo positivo aquí es la voluntad de cumplir una promesa básica de campaña.

En su mismo discurso de inauguración del viernes pasado, Zelaya dispuso medidas para impedir la destrucción de los bosques por madereros inescrupulosos.

Para la protección del bosque quiere destinar en el presupuesto de 2006 —aún no aprobado por el Congreso—, casi 24 millones de dólares, o sea el uno por ciento del presupuesto estatal.

El lunes, el primer día verdadero de su administración, Zelaya declaró una “emergencia energética” para revisar la situación real de la estatal Empresa Nacional de Energía Eléctrica. Cuenta ella con US$184 millones de mora. Se anuncia una auditoría.

Nada mal para empezar.

Sin embargo, Zelaya viene del Partido Liberal, una de las dos fuerzas tradicionales que gobiernan el país vecino desde hace más de un siglo. Los liberales y el Partido Nacional son parte integrante de ese sistema viciado, que favorece la corrupción y que no ha sacado de la pobreza a esa sociedad, la cual no sufrió una guerra tan destructiva como Nicaragua o El Salvador.

Muchos de sus ministros son gente de la vieja guardia liberal, empresarios y políticos. Las ayudas al triunfo deben luego ser pagadas con favores. Así se “cocina” la política: aquí, en Estados Unidos, en Europa y en la Conchinchina.

La administración Maduro, según críticos, no investigó casos de corrupción rampante, no persiguió a gente poderosa ni a los jefes del crimen organizado.

El Ministerio Público engavetó decenas de casos oscuros; algunos de ellos concernían al contrincante nacionalista de Zelaya, el ex presidente del Congreso Porfirio Lobo.

¿Reabrirán algunos de estos casos los hombres del presidente Zelaya? Estamos por verlo. Sería encomiable. Por ahora, démosle el beneficio de la duda.
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