MIéRCOLES 1 DE FEBRERO DEL 2006 / EDICION No. 24070 / ACTUALIZADA 12:30 am





EL HUMOR DE







Opinión económica
Haciendo lo mismo, aunque mejor, solamente seguiremos igual

Michael J. Bolaños Davis
amands@uio.satnet.net

Todos los indicadores económicos utilizados para evaluar el impacto de las pequeñas y medianas empresas (Pyme) sobre el desarrollo económico de un país reflejan que en este sector descansa gran parte del crecimiento económico.

Lo mayormente preocupante del sector de las Pyme es su alta tasa de fracasos. Gran parte de este fracaso se debe a la falta de capacidad de crecimiento sustentado, ya que el principal motor de formación de estas empresas es la pericia técnica de su emprendedor que se complica administrativamente en forma geométrica en la medida que su negocio crece.

No es para menos. La gestión de un negocio la hemos complicado con artificios administrativos al punto que algo que debe ser de sentido común se convierte en un laberinto lleno de pesadillas. Los gobiernos complican más las cosas al exigir que las empresas se administren de acuerdo a estos artificios. Registros, certificaciones, declaraciones, etc., que obligan a un empresario a contratar personal especializado en cada una de estas exigencias hasta que el empresario siente que ahora trabaja para estas otras personas y que el negocio ya no es negocio.

Para comenzar a dilucidar cómo estos artificios complican la vida del empresario, tomemos la “imprescindible” contabilidad. Todo buen empresario debe llevar una buena contabilidad y en especial, si produce algo, una buena contabilidad de costos. Para rendir su declaración de impuestos y retenciones en la fuente (suponiendo que es una operación formal), está obligado a llevar al día sus registros contables de acuerdo a las prácticas contables que norman en nuestro país, que de hecho son fundamentalmente copiadas de otros países. Para ello necesita contratar uno o varios contadores, que devengan un sueldo sin agregar valor alguno al bien producido.

Desde el punto de vista gerencial nos es inconcebible que una empresa pueda manejarse bien sin que el gerente cuente con la información oportuna para tomar decisiones. Conocer el costo real de cada producto es uno de los datos más importantes para que el gerente pueda determinar el precio a que debe vender su producto. Sin ello, un gerente puede tomar decisiones equivocadas y llevar a la empresa a la quiebra. Igualmente, le sirve para determinar si una oferta de compra a un precio es atractiva o no para la empresa.

Para determinar el costo real de cada producto, tenemos que tomar en cuenta todos los costos que se incurren para producir cada producto: materia prima, energía, mano de obra y los directos e indirectos de fabricación. Luego, tenemos que decidir cómo vamos a asignar estos costos a cada producto, por lo que inventamos que los costos de una empresa tienen una conexión directa uno-a-uno con alguna variable cuantificable. Utilizamos esa variable cuantificable y asignamos los costos para determinar el costo “real” de cada producto. Una verdadera odisea para una pequeña y mediana empresa, aún considerando que existen sistemas contables computarizados que hacen más rápida esta operación a fin de mes.

Como durante un mes de producción se venden productos que estamos fabricando en ese mismo mes, pero no contamos aún con los datos de costos que se elaboran al cerrar el mes, entonces utilizamos el costo histórico o el del último mes para “estimar” el costo “real” del producto que estamos produciendo y vendiendo en este mes. Llenamos así a nuestros pequeños y medianos empresarios (hasta los grandes empresarios) con tanta “realidad” en los datos que le sirven para tomar decisiones oportunas y con gran sabiduría.

Hay muchas otras tantas “realidades” administrativas que deben ser cuestionadas, tales como los conceptos de eficiencia, valor de los inventarios, agregación de valor, explotación de recursos, etc., que no facilitan la evolución sustentable y exitosa de las empresas, en especial las pequeñas y medianas. La complejidad es un invento nuestro y como tal debe ser cuestionada. Pero, parece ser que mientras más compleja se presenta la solución, más atractiva es para quienes pretenden impulsar el sector de las pequeñas y medianas empresas. Quizá valga la pena que todos los expertos primero tomemos un curso de negocios en el mercado de Masaya o en cualquier tienda propiedad de un originario de la china.

Si vamos a impulsar el desarrollo exitoso de las pequeñas y medianas empresas dejemos de hacer lo mismo que sabemos es una de las causas fundamentales del fracaso de estas empresas. Ya existe en el mundo una metodología de simplicidad gerencial, fundamentada en el sentido común, conocida como la Teoría de Restricciones o TOC y que transforma empresas en empresas exitosas en muy corto plazo (meses y no años).

El autor es Director de Augusta Management & Systems

A TOC International Training & Development Center.
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