MARTES 31 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24069 / ACTUALIZADA 01:00 am





EL HUMOR DE






Sólo falta libertad

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Porfirio Cristaldo Ayala

América latina está sumida en el infortunio. Pese al ligero crecimiento de los últimos tres años, más del 40 por ciento de su población permanece en la pobreza y todo parece indicar que las próximas décadas no serán diferentes. Lo más trágico es la decepción que el estancamiento origina, lo cual ha llevado a los pueblos a elegir dirigentes de izquierda, como Evo Morales en Bolivia, cuyas políticas radicales lejos de traer un cambio para bien sólo lograrán un cambio para peor. Pero si bien el problema del atraso endémico es complejo, la solución es sencilla: liberalización de la economía.

¿Por qué América Latina sigue en ruinas mientras otros países pobres crecen, crean empleos y traen esperanzas a sus pueblos? La razón no está en la cultura, tecnología, recursos, religión o raza, sino en la continua degradación de la libertad económica en tanto que se ha incrementado, en especial en los países que más han crecido y prosperado. Y a más libertad económica mayor ha sido el crecimiento y el progreso de los países. Las sociedades más libres son más productivas, más ricas y más felices.

La libertad de trabajar, producir, comprar y vender es el factor más importante para conseguir altas tasas de crecimiento y prosperidad. La historia y la teoría económica demuestran indiscutiblemente que el libre comercio, mercados abiertos, mínima intervención y regulación estatal, bajos impuestos, moneda sana, escasa informalidad, justicia independiente, sólida protección de la propiedad, mínima corrupción y demás libertades económicas constituyen la base del progreso.

El Índice de Libertad Económica del Heritage Foundation y el Wall Street Journal compara la libertad económica de 160 países. Al igual que todos los años, el Índice 2006 muestra que los más prósperos son los de mayor libertad económica, y los más atrasados son los de menor libertad económica, los más estatistas y con mayor intervención del gobierno en la economía, derechos de propiedad inseguros, grandes mercados negros, fuertes barreras comerciales, excesivas regulaciones y alta corrupción.

El índice muestra que el ingreso por habitante de los países libres es diez veces más alto que los países mayormente restringidos, como toda América Latina, a excepción de Chile. En la historia del Índice, entre los diez países del mundo que más redujeron su libertad económica figuran Venezuela y Paraguay, precisamente dos de los que más se han empobrecido en la última década.

En cambio, las naciones que liberalizaron sus economías disfrutan hoy de altas tasas de crecimiento de la producción y productividad, mejores ingresos por habitante, más ofertas de empleos y menor pobreza e indigencia. La clave de su éxito estuvo en la liberalización basada en cambios rápidos y decisivos que permitieron un acelerado crecimiento y fuerte apoyo del electorado, explica Mary Anastasia O'Grady, del Wall Street Journal.

Infelizmente, las teorías sobre el desarrollo prevalecientes en América Latina apuntan exactamente en dirección contraria a la libertad económica. Los socialistas nos han convencido que para proteger a los más pobres es indispensable restringir el mercado, poner barreras al comercio y proteger algunas industrias “sensibles”. Nada más lejos de la verdad. Los países de mayor libertad no sólo tienen ingresos más altos que los menos libres o más estatistas, sino que protegen mejor a sus pobres, tienen menor desempleo, mejor educación y salud, menor escasez y viven 25 años más, en promedio. Además, con menores regulaciones, impuestos, burocracia y aranceles, los países más libres tienen menos corrupción en el gobierno.

Los países latinoamericanos son pobres únicamente a causa de que sus gobernantes les niegan la libertad económica y les condenan al despojo a manos de grupos políticos, sindicales, empresariales y campesinos.

El autor es corresponsal de AIPE en Paraguay.
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