Un vuelo particular procedente de Texas, Estados Unidos, arribó al país a eso de las 2:00 p.m. del miércoles, con 120 nicaragüenses indocumentados deportados de ese país.
Este es el segundo vuelo con igual número de nicaragüenses que son regresados a su territorio por parte de las autoridades de Migración de Estados Unidos entre finales del año pasado e inicios del 2006, dijo Oscar García, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Los nacionales aparecieron en la puerta principal de salida del Aeropuerto Internacional Managua con una bolsita de plástico, como parte de sus pocas pertenencias.
Voces de alegría, risas y sollozos se confundieron entre los viajeros y sus familiares, pero otros, como José Jonán Marín, de 41 años, debieron conformarse con salir a la carretera y buscar un bus de pasajeros que los llevara de regreso a su lugar de origen. Marín es oriundo de Nueva Guinea. Aseguró que la falta de empleo en el país, lo impulsó a salir en busca del llamado sueño americano. “Arriesgar nuestra vida, porque no es fácil irse por México y a pie, caminar 12 días sobre la montaña”, señaló el deportado quien emprendió su viaje como indocumentado el primero de noviembre del año pasado.
TRAS “EL TREN DE LA MUERTE”
Ya en México, Marín caminó 12 días para abordar de forma ilegal el tren que le llaman “el tren de la muerte”, el cual es de carga y atraviesa varios pueblos mexicanos, pero no logró burlar a “la migra”.
“La mayoría, toda esta gente que viene aquí agarran un tren, el tren de la muerte que le dicen, yo encontré personas allá, que el tren les arranca el pie y las manos”, recuerda el recién deportado.
“Miré cómo a un hondureño el tren lo cortaba por la mitad y un perro lo andaba arrastrando, y nosotros no podemos hacer nada, porque unos que son vigilantes, que les dicen los garroteros no dejan que uno se arrime a la línea del tren”, lamentó Marín al relatar la triste experiencia vivida.
En un comentario rápido habló de dos casos de nicaragüenses, cuyos nombres no precisó, pero que conoció en la casa del Inmigrante en Saltillo, quienes han iniciado demandas para que las autoridades del tren les paguen los daños sufridos al perder alguno de sus miembros. “Porque los vigilantes de los trenes los agarran y los tiran para el suelo, en eso el tren les corta el pie, (por ejemplo)”.
El nicaragüense rememoró cómo grupos de centroamericanos se juntan y buscan como llegar a la frontera entre México y Estados Unidos, a través del tren.
Los funcionarios de Migración detuvieron a Marín hace más de un mes cuando pasaba Cotula, un lugar de Laredo, en Texas, después de haber cruzado un río y caminar cinco días por el desierto.
“Todo México uno pasa ilegal hasta llegar a la frontera de Estados Unidos, al río, busca como cruzarse en grupos de nicaragüenses, hondureños, salvadoreños, porque al otro lado lo que hay son delincuentes, ladrones y donde tenemos que caminar en el desierto, cuatro días, cinco días, siete días, con dos pichingas de agua, con botes, porque se tiene que comprar comida, una mochila de comida para llevarla”, relató el deportado.
Marín fue capturado cuando se vio obligado a salir a la carretera cuando pretendía comprar más comida y unos rancheros los acusaron con Migración. Ahora regresa al país donde debe pagar la deuda de mil dólares que contrajo para marcharse en busca de mejor vida.
Junto a Marín regresaron ciudadanos de diferentes partes del país entre los que destacan Yalí, Jalapa, de Teotecacinte y Somotillo .
García explicó que el gobierno de Estados Unidos aceptó enviar a los nicas en un vuelo especial tras la solicitud realizada por la Cancillería nicaragüense de que fuesen enviados junto a ciudadanos de otros países centroamericanos “que tienen problemas serios en los Estados Unidos”.