MIAMI, FLORIDA.- Cada año el contador público Luis Montoya asesora a cientos de nicaragüenses en Florida, Estados Unidos, en el pago de los impuestos; y después de oír sus experiencias, se le ocurre que en Nicaragua hace falta un programa que ofrezca a las familias, que reciben remesas del exterior, la opción de destinar una parte de este dinero al ahorro.
Montoya, también nicaragüense, conoce múltiples historias sobre el sacrificio que hacen los inmigrantes para enviar dinero a sus familias en Nicaragua y, por eso, le gustaría que las autoridades o los bancos promovieran el hábito del ahorro entre los beneficiarios de las remesas. Decirles, de alguna manera, “mirá, guardá para mañana”.
Hay una nueva generación de nicaragüenses que se ha criado o ha nacido en Estados Unidos y “no van a querer mandar (remesas) para allá (Nicaragua), no les interesa”, afirma.
Las remesas han sido saludables para la economía de Nicaragua, porque este año sumarán más de 600 millones de dólares, casi el 70 por ciento de las exportaciones de bienes, pero Montoya cree que también pueden hacerle daño al país porque “están creando personas que no trabajan, que no hacen nada, que no quieren estudiar, que están esperando que llegue el de la motito y les entregue el dinero”.
“Hay muchas personas (en EE.UU.) que se sacrifican mucho, yo tengo clientes que agarran su chequecito de reembolso de impuestos, se van a Nicaragua, lo disfrutan y lo gozan con su familia y después a comerse las uñas; o agarran su chequecito semanal y dicen voy para la 22-24 o a cualquier agencia de remesas, ponen 200 dólares y ellos se quedan con 100”, relata.
EMPRESAS EN EL AIRE
Montoya se fue a vivir a Estados Unidos a finales de los años setenta, cuando en Nicaragua comenzaba la insurrección contra el gobierno de Anastasio Somoza. Él tenía un buen cargo en una empresa privada productora de algodón, en el departamento de León, y optó por salir del país por seguridad.
Después de 28 años, este profesional que igual ha tenido éxito en Florida, guarda la ilusión de que algún día se retirará a Nicaragua, aunque antes le gustaría instalar en este país alguna empresa.
El problema, afirma, es que “llegamos allá (Nicaragua) y nos encontramos con ciertos muros, con ciertos obstáculos; yo le decía a un amigo que es abogado, que vive allá, que en un principio tuve la intención de poner una farmacia”, pero los trámites para instalar ese negocio “cuestan más que aquí”.
Sin embargo, “muchas personas han arriesgado no sólo capital, si no capital político y familiar; se han ido a Nicaragua, compran fincas, terrenos, ponen un negocio... A algunos les ha ido bien, otros se han ido con la preocupación de que eso no funciona, o sea es relativo, pero yo creo que el nicaragüense (en EE.UU.) es temeroso de emprender una inversión porque todavía no se siente seguro con la parte política”, comenta Montoya.
Algunos empresarios nicaragüenses en Estados Unidos tienen temor de que el narcotráfico dañe la economía de su país de origen. Luis Montoya explica por qué: “Usted llega con su dinerito bien trabajado aquí y quiere hacer una empresa allá, pero llega uno de esos tipos que manejan dinero fluido, muy fácil, y prácticamente usted se queda sin nada porque no puede hacer ningún negocio, porque no tiene la capacidad económica para hacerle contrapeso” a quienes lavan dinero.
OTRA ESCUELA
En la familia Montoya Flores, que habita en la zona de Coral Way, en el Condado de Miami Dade, se aprecia la cultura política estadounidense.
“Aquí mi hijo es republicano y mis hijas son demócratas, hay sus conflictos, pero ninguno que rompa el vínculo familiar porque uno piense de una manera y otros de otra”, afirma Luis Montoya.
Su esposa, Josefina Flores, comenta que vivir en Estados Unidos les ha enseñado a madurar en términos políticos.
“Yo aprendí a vivir en este país —explica Luis—. Nosotros no tenemos cultura política en Nicaragua, porque allá lo que hacen es llevar a las masas y ponerlas a bailar, como hizo Daniel (Ortega) cuando quiso ser Chayanne; o cuando Arnoldo Alemán quiso ser como Somoza y dio nacatamales con guaro”.