Sin apartarse del espíritu religioso que la origina, la tradicional Purísima, que anualmente celebra la Embajada de Nicaragua, se llenó de alegría y colorido con ingredientes adicionales como bailes típicos nicaragüenses, mascaradas o gigantonas y una serenata con música de mariachis dedicada a la Inmaculada Concepción de María.
Por segundo año consecutivo esta tradición nicaragüense fue celebrada fuera de la Embajada, donde se hacía anteriormente.
Este siete de diciembre el escenario fue la Plaza de la Democracia, contiguo al Museo Nacional, en esta capital, donde asistieron unas cinco mil personas, según los organizadores, pero además contó con la asistencia del vicecanciller de Costa Rica, Marco Vinicio Vargas, quien además de contagiarse de la alegría con que se celebra, reconoció que cada año más ticos se hacen devotos de la patrona de los nicaragüenses.
La convergencia de nicas hacia la plaza inició desde las cuatro de la tarde, cuando muchos iniciaron una larga fila que al final superó los 300 metros, en busca de las matracas, caña, dulces, naranjas y chicha de maíz; fila que según los asistentes “nunca terminaba”.
"AQUÍ ESTAMOS
“Es un gran día para nosotros los nicaragüenses. Una tradición que va más allá de lo religioso, porque sentimos que tiene algo de nuestra cultura, de nuestra identidad nicaragüense, y queremos demostrar que aquí estamos”, dijo la leonesa Martha Rodríguez.
Posteriormente, a las cinco de la tarde, párrocos de San José oficiaron una misa en la que los presentes no dudaron en orar por la prosperidad y hermandad de Costa Rica y Nicaragua, en momentos que los dos países mantienen diferencias políticas, diplomáticas y migratorias.
Una vez que finalizaron los ritos religiosos, inició la alegría de los asistentes, con el desfile y baile de las gigantonas o mascaradas, que al ritmo de música filarmónica no dudaron en compenetrarse entre los nicaragüenses.
Acto seguido, aparecieron en escena las niñas y jóvenes del grupo folclórico Xolotlán, integrado por inmigrantes nicaragüenses, quienes fueron imitados por más de uno que se lanzó a la “pista” a bailar con ellos.
Uno de los detalles que a muchos gustó, fue la serenata que un grupo de mariachis dedicó a la Inmaculada Concepción de María. La celebración terminó con cantos de la artista nicaragüense Flor Urbina.
“Lo bonito de todo fue que la gente se compenetra, y nadie quería irse de la a actividad”, dijo el periodista independiente Álvaro Bagnarello.
MARIACHI
Una de las sorpresas de la noche fue la serenata que un grupo de mariachis dedicó a la Inmaculada Concepción de María. La celebración terminó con cantos de la artista nicaragüense Flor Urbina.