“Mi pariente hizo historia...”
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Héroes o villanos. Artistas o políticos. Guerreros o poetas. Profesores o músicos. Sus nombres inundan los libros de historia. Magazine buscó a los descendientes de personajes que han marcado para bien o para mal la vida de Nicaragua. Y hay de todo, desde el pariente que siguió los pasos de su ancestro hasta aquel que siente vergüenza por aquello que lo hizo famoso
Quiso la mala suerte del destino que uno de los últimos sobrevivientes a la estirpe de Rafaela Herrera terminara mal y muy pobre en sus últimos días en esta tierra que, allá muchos años, una vez defendió a cañonazos su pariente lejana en la historia.
En los confines rústicos de la todavía fresca y sencilla Masatepe, en una finca de cafetales polvorientos en esta época del año, yace muy pobre y enfermo, Nicolás Mora Cubero.
Al momento de la visita, no se encontraba en la finca donde le han dado posada: andaba vendiendo un par de zapatos viejos para comprar medicina. A sus 62 años luce muy golpeado por la vida: no puede caminar sin bastón y en el pueblo frecuentemente lo tienen que levantar de la calle, ya que a veces cae sin conocimiento por hambre y enfermedades.
A pesar de su figura derruida, aún conserva los rasgos españoles que según el pueblo siempre caracterizó a la estirpe de la joven Herrera: muy blanco de piel y ojos zarcos, pelo blanquísimo y porte europeo. Es hijo de Juana Guadamuz y Juan Cubero Mora, este último descendiente de los hijos del matrimonio entre la heroína Rafaela Herrera y don Pablo Mora.
¿De qué le ha servido a Nicolás Cubero llevar la sangre de una figura de la historia nacional? Nada más que para servir de modelo en las fotografías que los funcionarios de gobierno de los años sesenta y setenta se hacían con él para alardear, y para recibir el cariño y la lástima de un pueblito donde todos recuerdan los retratos antiguos de la mítica muchacha y la herencia perdida de sus títulos reales en poder de la familia Cubero Mora.
Nicolás, quien fue y quiere seguir siendo pero ya no puede, lustrador de oficio, ha oído mil veces la historia de cómo un funcionario del tiempo de Somoza le robó a su familia los títulos reales que le acreditaban extensas propiedades al sur del país. Luego, sólo quiere una pastilla para el dolor o un peso para comer.

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