Un miskito en el gabinete
Alma Meléndez magazine@laprensa.com.ni
A los 10 años destazaba y vendía tortugas en Puerto Cabezas, sus primeros zapatos los calzó a los 13 años y a los 21 se graduó de abogado. Ahora, Javier Williams es viceministro de relaciones Exteriores, y el primer miskito en integrar el gabinete de gobierno
En la antesala de su oficina, en el tercer piso de la Cancillería, el aire acondicionado aumentaba la ansiedad de la espera. Pero el vicecanciller Javier Williams no se hace esperar y a las ocho y media en punto se abre la puerta.
En la oficina pintada en tonos claros de amarillo el clima es cálido. Según algunos psicólogos, los colores dicen mucho del temperamento y los sentimientos de una persona; del amarillo se dice provoca alegría, estimula la actividad mental, genera energía, sugiere seguridad, inteligencia y originalidad, pero dicen también que puede expresar celos, envidia y egocentrismo. Tal vez el viceministro miskito tenga pinceladas de todo eso en su personalidad.
Desde el primer momento, tal vez inconscientemente, trató de llevar el control de la entrevista y contó, de forma casi compulsiva la historia de su niñez pobre y llena de privaciones.
Sonríe siempre que se puede. Habla suave y en tono casi tímido, a veces parece humilde, a veces vanidoso, pero ante todo parece satisfecho de que escuchen atentamente sus relatos. Habla pausado y con propiedad, pero vacila y el tono cambia cuando tocamos el tema de las minorías y el preconcepto racial. Parece ser que esas cosas lo dejan poco a gusto.
Por momentos causa la sensación de que todos sus movimientos son calculados, que se esfuerza por causar buena impresión y lo logra (parece muy bueno, estratégicamente tímido, humilde, inteligente), disfruta ser elogiado y facilita esas situaciones durante la entrevista.

Lea
texto completo en edición web |