JUEVES 26 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24064 / ACTUALIZADA 12:30 am





EL HUMOR DE






La observación electoral

Desde el martes de esta semana se encuentra en Nicaragua una misión de la OEA que vino a examinar las condiciones que se necesitan para la observación de las próximas elecciones.

La misión de la OEA atiende a una invitación de la Presidencia de la República, pero también se hace eco de las demandas planteadas por algunos partidos democráticos y movimientos cívicos, que abrigan el temor de que sin una efectiva observación internacional en las próximas elecciones —particularmente en las nacionales del 5 de noviembre—, podría haber un gran fraude de graves consecuencias.

La observación internacional es un mecanismo regular en los procesos electorales de todas partes del mundo. En algunos países tiene el propósito de disuadir los fraudes y supervisar que se respete el derecho al sufragio libre y al escrutinio honesto y transparente. Pero la observación electoral internacional se hace también en países de democracia avanzada, a donde llegan los observadores internacionales para aprender o mejorar sus conocimientos y experiencias acerca de la organización y realización de comicios libres y nítidos.

La observación electoral internacional se define como la visita organizada de una delegación gubernamental, intergubernamental o no gubernamental, para ver cómo se desarrolla un proceso electoral y dar fe de lo observado. Y se diferencia claramente, la observación internacional de elecciones, de la administración o supervisión extranjera de un proceso electoral, que es una intervención directa de un país o de un organismo extranjero en la elección que se realiza en un determinado país, el cual, por ejemplo, está saliendo de una situación colonial, de una guerra interna o de cualquier otra ingobernabilidad o situación excepcional parecida.

Por otro lado, la observación electoral internacional tiene cardinal importancia en países como Nicaragua, donde las autoridades electorales no merecen la confianza de los ciudadanos porque no son independientes, porque obedecen a determinados partidos políticos o por cualquier otro motivo. En casos como este, la observación electoral internacional tiene que ser más rigurosa y debe informar de manera objetiva sobre el respeto o irrespeto al derecho de participación política, acerca del ambiente de libertad o de represión e intimidación que hubo durante el proceso electoral y en las votaciones; debe brindar asistencia y apoyo —aunque sea de carácter moral— a quienes lo necesiten y requieran durante el proceso electoral; y tiene que vigilar cuidadosamente que el escrutinio de los votos depositados por los ciudadanos se haga correctamente y en presencia de los representantes de los partidos que participan en la elección.

La OEA observa elecciones en todos los países que son sus miembros y que lo solicitan oficialmente. Tal ha sido el caso de Nicaragua desde las elecciones del 25 de febrero de 1990, que fueron cruciales y sumamente complejas y tensas porque estaba en juego la continuación del régimen autoritario sandinista. En aquella ocasión, la Unión Nacional Opositora (UNO) criticó a la OEA porque no atendió su denuncia de que había sido víctima de un fraude parcial pero muy importante, que le arrebató varios diputados con los cuales hubiera podido tener mayoría suficiente para reformar la Constitución sandinista. Más recientemente, en las elecciones municipales de noviembre de 2004, la alianza electoral Apre denunció manipulaciones fraudulentas que le quitaron el triunfo en las alcaldías de Granada, Santo Tomás y Cuapa, por lo menos, pero la OEA no le prestó mayor importancia a la denuncia porque sus observadores no fueron testigos de que se hubiera cometido dicho fraude.

El año pasado la OEA recuperó prestigio en Nicaragua gracias a la eficaz intervención personal de su Secretario General, José Miguel Insulza en el conflicto político nacional, que ayudó en forma determinante a poner fin —al menos temporalmente— a la crisis gubernamental provocada por las reformas constitucionales que aprobaron el FSLN y el PLC para alterar el equilibrio de poderes en que se funda el sistema democrático de gobierno. De modo que ahora, ante los temores planteados por partidos democráticos y movimientos cívicos de que se pudiera cometer un fraude en las próximas elecciones regionales y/o nacionales, la observación de la OEA e internacional en general, gubernamental y no gubernamental, podría ser un factor muy importante para darle confianza a los ciudadanos en que sus votos no serán manoseados.

Eso sí, la OEA sólo debería comprometerse a realizar la observación electoral si el CSE garantiza el pleno respeto a las condiciones que son indispensables para que las elecciones sean realmente transparentes.
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