MIéRCOLES 25 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24063 / ACTUALIZADA 12:30 am





EL HUMOR DE







Entrevista - Aída Patricia Mayorga Ramírez: gerente-propietaria de Creaciones Oscaritos
“La pobreza está en la mentalidad de cada individuo”

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. Si el éxito tuviera un sinónimo con nombre propio, sin duda sería Aída Mayorga, una joven masaya que ha logrado llevar su empresa textil a mercados del Caribe y Norteamérica. Entregada por completo a la actividad cristiana, cuenta cómo logró posicionarse con buen suceso con sus prendas de vestir para niños, algo que la llena de orgullo.

 

Ricardo Guerrero Nicaragua
economia@laprensa.com.ni

Aída Mayorga hace ocho años empezó a dar rienda suelta a su creatividad, con una máquina de coser de un solo pedal que le pidió prestada a su mamá, y entonces comenzó a construir lo que hoy es su propia fábrica de confecciones Oscaritos.

Actualmente su empresa diseña más de 200 modelos y exporta mensualmente 20,000 piezas de ropa de niño y niña, a Puerto Rico y Estados Unidos, brindando empleo a muchas familias de Masaya.

Creaciones Oscaritos es un ejemplo de que cuando se imprime competencia se genera competitividad.

Mayorga es una persona muy agradable, guapa, una mujer que en su mente sólo existen las palabras éxito y Dios, “ah, eso sí, Dios está primero”, indica.

Cuando comenzó sus estudios universitarios quería ser abogada, sin embargo, el vaivén de la vida la hizo cambiar de idea y decidió optar por los negocios. Empezó a estudiar Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA), “sólo me faltan unas cuantas clases”, dice, mientras justifica que se debe al afán por el negocio, que no ha podido terminar.

Sus éxitos en los negocios se los debe a sus padres y su esposo, pero sobre todo a Dios. Dice que se olvidó del Derecho, no así de la confección de sus diseños, ya que estudiará Diseño de Modas, para lo cual ya se inscribió en una universidad capitalina. El nombre Oscaritos proviene de su primer hijo.

El éxito de su empresa se debe a que está en constantes cambios, diseñando nuevos estilos. Es el rasgo que, precisamente, busca toda empresa para brindar a su clientela algo que las otras no ofrecen. “Mi éxito radica en eso, me gusta ser innovadora”.



¿Cómo empezó Oscaritos?

Al inicio yo no sabía nada de costura, tenía apenas 21 años (ríe), aunque la vocación del diseño la llevaba en la sangre. Una vez se me ocurrió prestarle una máquina de coser a mi mamá y comencé a elaborar sabanitas, pañaleras y otros artículos para bebés. Me fui al mercado de Masaya, ofrecí mis productos, los vendí y hasta me encargaron más. Eso fue hace ocho años. Hoy mis piezas se venden en Miami y Puerto Rico. Recuerdo que mi primer cliente fue un señor español. A mí siempre me ha gustado la parte del diseño.



¿Con cuántos trabajadores inició su empresa?

Al inicio era sólo yo. Pero más tarde, a los dos meses, creo, contraté a otra persona. En ese entonces mi taller era un cuartito bien pequeño. Recuerdo que mi primera venta fue de 200 córdobas, en el mercado de Masaya.



¿Quién financió su inversión inicial?

Una vez fuimos a una tienda en el Mercado Oriental y le preguntamos al CPF (guardia de seguridad) si sería posible que el dueño del establecimiento nos diera crédito. Vimos que él (CPF) habló con el dueño, éste (el dueño) inmediatamente nos invitó a pasar, nos quedó viendo y dijo que parecíamos unas personas honradas y trabajadoras. Le dijimos que necesitábamos diez mil córdobas y él respondió que nos daba 20 mil. Con esa persona, sin necesidad de garantía alguna, llegamos a tener créditos de muchos miles de córdobas.



¿Hoy, a cuánto ascienden sus ventas?

Exportamos 20 mil piezas mensuales a Puerto Rico y Miami.



¿El monto... cuánto vende?

Varios miles de dólares mensuales.



¿Quién le dijo que debería exportar y que su producto tenía un gran potencial?

Al inicio empezamos a establecer relaciones comerciales con algunas personas de Masaya, luego, mi esposo y yo decidimos incursionar en el Mercado Oriental. Comenzamos a tener clientes, y lo que hizo la diferencia es que las cosas que nosotros elaborábamos no las hacían otras personas. Pero, contestando tu pregunta, un día en mi casa apareció un señor proveniente de Puerto Rico, pero de nacionalidad española. Recuerdo que ese día yo andaba vendiendo, y el señor me esperó varias horas. Ese señor estaba interesado en comprarme edredones, eso sí, tenía que fabricarlos al gusto de sus clientes. Él se llevó la muestra y le gustó, luego me indicó que si quería trabajar con él debía tener una licencia de exportación y otros requisitos. También me dijo que en el cuartito de mi casa no podría producir todo lo que él me compraría. Entonces busqué cómo alquilar un local, sin embargo, hoy ya no tengo que alquilar, porque el local es mío.



¿Ahora tiene contratos estables?

Con el señor español tengo contrato hasta por seis años, con miras a que en un futuro la cantidad que me compra se incremente, dependiendo de la demanda de sus clientes.



¿Ahora que es una empresaria formal, cuál es su relación con las Pyme?

Actualmente estoy representando a las microempresas de textil de Masaya, aunque el problema es que la mayoría de ellas no están inscritas, es decir que no existen en los registros. Estas empresas deben estar unidas y es un problema que debe desaparecer. Actualmente puede venir un comprador y realizar un pedido grande, si no están asociadas es imposible poder cumplir con la producción demandada, ese es un serio problema que debe ser corregido. Creo que el origen de esa desorganización ha sido el poco apoyo que han recibido de los gobiernos pasados. Aunque te digo que yo soy una fiel creyente de que unidos podemos hacer grandes cosas.



¿Cuál es la ventaja entre las Pyme constituidas legalmente y las que no lo están?

Hay una gran desventaja, porque las que estamos inscritas podemos acogernos al régimen de zonas francas y a las exoneraciones del material que se importa, además que existen muchas otras ventajas.



¿El apoyo del Gobierno hacia su empresa es real?

El Gobierno nos ha ayudado, si un alfiler me regala, yo lo agradezco, ya que en estos tiempos alguien que te regale es raro. Pero sí he recibido apoyo del Gobierno a través del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific), por medio del Proyecto Innovación Tecnológica. Me proporcionaron un viaje a Miami para promocionar mi producto, me dieron 10 máquinas de coser, con las cuales levanté la producción.



¿Cree que como pequeña empresa el DR-Cafta la beneficiará?

Han salido y saldrán miles de oportunidades, pero mientras no estemos unidos no servirá de nada. No servirá de nada que nos abran un gran mercado si estamos desunidos, tenemos que organizarnos, el problema es que no tenemos esa mentalidad.



¿Ya ha establecido contacto con algunos comerciantes o empresarios norteamericanos, en aras de aprovechar el acuerdo comercial?

Sí, en estos días me entrevisté con una clienta de Maryland, Estados Unidos, ella está muy interesada en comprarme mercadería. A ella ya le estábamos vendiendo, pero ahora ve que con el acuerdo existen mejores oportunidades para exportar e importar. Esta es una oportunidad grande, es un reto gigantesco que tenemos las pequeñas empresas, aunque te digo que muchas micros y pequeñas empresas van a desaparecer, porque tal vez no van a tener la fuerza para salir adelante; recordemos que en México desaparecieron muchas pequeñas y grandes empresas.



¿Cree usted que el DR-Cafta reducirá la pobreza, que es lo que pregona el Gobierno?

Mirá, la verdad es que la misma Biblia dice que la pobreza siempre va a existir. Creo que la pobreza está en la mentalidad de cada individuo, porque de pobreza no me pueden hablar a mí, si yo fui pobre y hubo momentos en que no desayuné, no almorcé ni cené, porque no tenía dinero, pero la pobreza la podemos acabar nosotros mismos, y el acuerdo comercial es uno de tantos instrumentos para ayudar a reducir esa pobreza.



Dios y los niños

Desde su infancia, Aída Mayorga se movió en un ambiente de familia católica, pero al conocer al que sería su esposo, se convirtió a la religión evangélica. “Mi entonces amigo (ahora su esposo) me invitó y antes de aceptarlo a él, acepté a Dios, y eso cambió mi vida por completo”.

Ahora dirige junto a su marido una iglesia evangélica llamada Monte Sinaí. Cuenta que su primer hijo nació con muchos problemas de salud, “el doctor me dijo que mi hijo no hablaría ni caminaría, pero el Señor me lo sanó; hoy mi hijo es uno de los mejores alumnos del colegio, habló y caminó a los diez meses”.

En la iglesia que dirige trabaja sólo con niños, “tenemos a cargo más de 70 niños, para mí son como mis hijos, ya que son niños que no tienen mamá; algunos viven con sus hermanos y éstos son drogadictos, otros niños trabajan en el mercado levantando sacos y la verdad es que siento una satisfacción grande de trabajar y ayudar a esos niños, la verdad es que me gustan los niños”.

Admite que es una esposa inseparable, ya que adonde quiera que ella vaya, ahí va su marido. “Siempre compartimos todo juntos, cuando estamos libres del trabajo nos gusta ir a darle vuelta a Masaya”.

Después de su cambio de religión, la mayoría de su familia, grandes católicos desde su infancia, se han convertido al evangelio. “El Señor nos está usando para llevar su palabra”, afirma con mucho orgullo.

“El amigo que me ha ayudado es Cristo, y los que quieran triunfar que se acerquen a la persona que a mí me ayudó y triunfarán en sus negocios y su vida personal”, finalizó diciendo esta abnegada y ejemplar empresaria.
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