Montealegre y bancada
Fernando A. Malespín
He pensado dos veces hacer este ar- tículo porque sé que me enfrento al pensamiento de altura del licenciado Eduardo Enríquez, Jefe de Redacción del Diario LA PRENSA. Él escribió en la columna Blanco y Negro del sábado 14 de enero, frases hirientes para el licenciado Eduardo Montealegre y su bancadita de la Asamblea Nacional, y se permitió recomendar que no muevan un solo dedo en todo el año en el Parlamento, para no hacerse más daño que el que se hicieron al pactar con el FSLN.
Soy un asiduo lector de la columna Blanco y Negro, porque considero que el licenciado Enríquez es una persona con madurez y sensatez, que domina con inteligencia y ponderación la trama política que acorrala a Nicaragua, pero esta vez, en la forma que enfocó la participación de la bancada de Montealegre en el conflicto asambleario, me cuesta creer que diga de él que “quiere envolverse, llenarse, embadurnarse de todo lo que supuestamente quiere cambiar”. La moralidad de Montealegre no admite objeción, es una cualidad que trasciende nacional e internacionalmente.
Entiendo y no creo equivocarme, que la decisión de la bancada de Montealegre, de asociarse con la bancada del FSLN sólo para el acto de elección de junta directiva, se debió a la estrategia de evitar el trámite de una amnistía para el doctor Arnoldo Alemán, procediendo así en armonía con lo expresado en las encuestas por el pueblo nicaragüense. En ningún momento ha sido un acto de torpeza y ambición política, como se atreve a aseverar el licenciado Enríquez.
Una alianza coyuntural con el FSLN, para fines específicos, no significa renunciar a los principios liberales y democráticos del partido ALN-PC. Puedo asegurar que no ha habido impaciencia e irresponsabilidad política de parte del licenciado Montealegre y sus aliados, y más bien creo, aunque peque de ligereza, que la impaciencia se apoderó del columnista de LA PRENSA.
Una amnistía para el doctor Alemán sería un acto de ilegalidad e inmoralidad y una afrenta para el pueblo nicaragüense. La acción de evitarla, como hizo el licenciado Montealegre y los diputados aliados, aunque tiene un costo político, fue una demostración de solidaridad con el sentimiento de los nicaragüenses.
Granada

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