Compromisos necesarios
Antonio Lacayo Oyanguren * opinion@laprensa.com.ni
En una democracia no es suficiente con ir a unas elecciones entre varios candidatos. El éxito está, en parte, en escoger bien. Pero esto tampoco basta. Se necesita ganadores y perdedores por cuyas venas corra sangre democrática, gente que apoye los resultados electorales con la convicción de que la voluntad mayoritaria del pueblo debe ser acatada y respaldada, aunque uno resulte perdedor.
El verdadero papel de la oposición en una democracia no es boicotear al gobernante electo. Eso es traicionar al pueblo en su decisión soberana. La oposición debe señalar las malas decisiones gubernamentales, fiscalizar los actos de gobierno, y proponer alternativas inteligentes y maduras a las propuestas del gobierno para que éste mejore las suyas.
Nicaragua ha caminado ya 15 años desde que decidió entrar al sendero de la democracia. Hemos progresado, no cabe duda. Pero lo hemos hecho demasiado lento. La oposición, y a veces hasta el partido, o partidos de gobierno, han boicoteado con frecuencia las decisiones del Presidente, a pesar de haber sido electo mayoritariamente por el pueblo.
Las elecciones de noviembre van a servirnos para fijar el camino que vamos a seguir durante los próximos cinco años, con el fin de que podamos progresar con más velocidad, máxime ahora que soplan vientos favorables como el perdón de deuda que se ha logrado, la entrada en vigencia de tratados de libre comercio que nos favorecen en muchos aspectos, y el hecho de que, entre más caminamos en el sendero democrático, más atractivos nos hemos vuelto para los inversionistas extranjeros, con capacidad de invertir su dinero en nuevas actividades.
Indispensable será, sin embargo, tres cosas: que los candidatos y candidatas a Presidente y diputados sean personas comprometidas con la democracia como sistema político, que todos éstos se comprometan a respetar cinco o seis compromisos fundamentales en caso de ganar las elecciones, y que los que no resulten ganadores se obliguen a respaldar al ganador para impulsar esos compromisos a lo largo de sus cinco años de gobierno.
¿Qué pueden ser esos seis compromisos? Será cosa de los candidatos, fundamentalmente, pero me atrevería decir que uno de ellos debe ser el asignar mediante ley al menos el 12 por ciento del Presupuesto Nacional para la educación primaria de los niños menores de 12 años en este país.
Nuestra Constitución Política asigna el seis por ciento de Presupuesto Nacional a la educación universitaria o terciaria, pero nada, absolutamente nada, a la primaria. Por eso hay miles de niños que ni siquiera entran a la escuela, y miles más que jamás llegan a sexto grado. Se afirma que la educación primaria es “gratuita y obligatoria”, pero ni el mismo Estado respeta dicha disposición, al no otorgarle el presupuesto necesario para cumplir con dicho mandato.
En otras palabras, ese postulado es letra muerta. Dejará de serlo sólo cuando, por mandato de la ley, se asigne un 12 por ciento del Presupuesto a las escuelas primarias, y ningún diputado pueda destinar dichos fondos a otros usos, por buenos que éstos sean.
Sólo educando a todos los nicaragüenses vamos a rescatar nuestra soberanía. Sólo así vamos a poder hablar de justicia social. Y sólo así vamos a desarrollar el país al máximo de sus potencialidades, para beneficio de todos.
Un segundo compromiso puede ser el invitar y motivar a la inversión privada hacia la generación de energía renovable, al menos 300 megavatios en esos cinco años, para no seguir poniéndonos la soga al cuello con electricidad a base de petróleo, y abaratar el costo de la energía a los consumidores. Nicaragua tiene ríos con gran potencial hidroeléctrico, vientos fuertes en varias zonas del país para energía eólica, y gran potencial geotérmico. Es imperdonable seguir gastando petróleo para generar lo que podemos hacer con agua, viento y vapor de tierra.
Un tercero puede ser reducir la Corte Suprema a siete, el Consejo Supremo a tres, la Contraloría a tres y la Asamblea Nacional a 35, puesto que entre más grande se han hecho, más inútiles parecieran haberse vuelto. Además, en la Asamblea no pasan de 20 los diputados que aportan criterios en el plenario. Los demás nunca opinan. Ese dinero ahorrado podría ir a otros usos más necesarios, como atención en salud, agua potable o crédito en un banco de fomento.
¿Qué otros compromisos pueden ponerse en esta lista? Hay muchos, y en lo personal me atrevería a sugerir otros, como la generación de empleos productivos y permanentes, pero creo que esta tarea le corresponde a los candidatos y candidatas. A ellos les debemos preguntar con insistencia cuáles son sus seis compromisos fundamentales. Estoy seguro que si ellos se atreven a ponerlos en claro, podremos encontrar algunos que aparezcan en todas las listas, ya tendríamos algo en común, y habríamos dado un buen paso hacia el futuro.
* El autor fue ministro de la Presidencia

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