DOMINGO 22 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24060 / ACTUALIZADA 1:42 am





EL HUMOR DE






Apología a Rubén Darío

Carlos Daniel Quintana M.*
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(Al conmemorarse un aniversario más del natalicio de Rubén Darío)

¡Bardo entre los Bardos! ¡Portento de portentos! Que con el mágico ritmo de tu lira, con los sidéreos destellos de tu idea y con los trazos excelsos de tu pluma transformaste en inmortal a nuestra Patria, y adornaste en galardones nuestra América. ¡Bardo dilecto y amado de las musas! De penetrante mirar, de silueta alta y robusta, de pausado modular y de manos marquesinas, de brumada cabellera y contráctiles pupilas, de sutil inspiración sublime y mitológica. De semblanza introvertida, soñadora y pensativa, de conciencia sincera, veraz y visionaria; y de alma sentimental, sensible y sensitiva.

¡Panida! Que encarnaste en nuestra tierra, como un sidéreo rayo plasmándose en ideas, cuyo áureo fulgor cruzó nuestras fronteras, deslumbró continentes de lenguas extranjeras, y como río hacia el mar surcó la lejanía, y retornó hacia el azul de las esferas de donde emanaba la luz de tu armonía.

¡Oh! Excelso Rubén que ayer nomás decías: Abrojos en tu genial adolescencia, Azules versos, Errantes Cantos y Prosas Profanas; y en el Otoño Cantabas y a la Esperanza y la Vida. ¡Tú! El de la nocturna bruma y el de cuentos de princesas. ¡Tú! El que sonabas la flauta y el que tañías la lira, el de los cisnes unánimes y el de las piedras preciosas.

¿Quién como tú de la vida la ironía conociera? ¿Y del sufrir y el dolor desde su infancia supiera? Si te dejaban sus flores melancólica fragancia, si el sueño que idealizabas al tocarlo se extinguía. Mas ¿de lo humano a lo divino quien sus versos proyectara como tú, y conociera lo que eran poesía y rima? ¡Si fue rima tu existencia! ¡Si tu mismo eras poesía!

¿De quien versos juveniles dieran brillo a el Salvador? ¿Quién en Francia se inspiró y en la madre patria España? ¿Quién en tierra mexicana y también en Guatemala? ¿Quién bajo el cielo chileno? ¿Quién bajo el argentino sol? ¿Quién se inspiró en el Brasil y surcando las antillas? ¿Quién en el gélido norte y se inspirará en la China, persiguiendo la hipsípila de un sueño revelador? Si hubo acritud a tu ingenio que métricas transformara y a la luz de tus destellos que de azul iluminaban: ¡Jamás hubo un eco innoble que a tu conciencia dio mácula! ¡El Olimpo es de los dioses! ¡Las alturas de las águilas! ¡La estrella no pisa el lodo en que el insecto se arrastra! ¿Quién abominó las manos que empuñan arma asesina, o alzan la incendiaria tea, contra las ilustres ruinas? ¿Y quién maldijo al apátrida que mostrando falsa égida lanza su pueblo a la lucha; dándole por paz la guerra y por arado triptolémico sangrienta arma fratricida?

¿Quién la triunfal apoteosis de un cortejo percibiera? ¿Y en parábola alegórica, quien creara temible fiera? ¿Quién viera un ave hecha un lied? ¿Quién al amor le cantara, y a la más bella flor: la mujer? ¿Quién nos habló de la Atlántida que en resonancias platónicas hasta nosotros llegara? ¿Quién como tú nos cantara entre nelumbos y orquídeas, entre minervas y martes, entre jazmines y rosas? ¿Quién como tú describiera de los lirios su candor? ¿Quién nos cantó entre azucenas? ¿Quién nos cantara entre dalias? ¿Y en santa metamorfosis quien vio a una niña hecha flor?

¿Quién le cantó a nuestros próceres con Horacianas estrofas? ¿Quién cantó a la Raza Ibérica? ¡Rica en orgullo y conquistas, llena de triunfo de siglos, dueña de lauros y glorias! ¿Quién en el sur nos cantara vivas fraternas consignas, con versos que hicieran eco en los Andes y en las Pampas? ¿Quién en visión ecuménica vio que la estirpe latina, llena de savia dormida, dueña es del alba futura? ¿Quién sintió que nuestra América vive de fuego y amor? ¿Quién soñó grande su Patria aún sabiéndola pequeña? ¿Quién su patria idealizara llena de gloria y vigor? ¿Quién como tú con voz bíblica, profética y visionaria; a Roosevelt le predijera y así al norte imperialista: ¡Que nuestra América Hispana la que aún habla en español, es indómita, que de su estrella el fulgor se agiganta, que vive, que sueña, que canta y que es dilecta hija del sol!

¿Quién vio al mar como un cristal bajo la luz vespertina? ¿Y quién conoció realezas más delicadas y hermosas, que la Eulalia picaresca y la de la Sonatina? ¡Tú! Príncipe de las Letras, de inimitables estrofas, cantor sin par y sin época, inspiración de poetas, admiración de la España; veneración de la América. ¿Quién abrió el prístino surco en nuestra América Indígena, para legarnos el fruto de su mesiánica lira; cuyos bosques inundara de luz, de amor y armonía? ¡Tú! Quien ya herido ante el arco de su inmarcesible fama, tu errante paso enfilaste hacia el Belén de tu Patria.

Rubén: Ya que no puedo llegar con mis estrofas, hasta el arcano que tu ser descifra, hoy que uniste tu vuelo al de tu estela, donde tu “inspiración Azul” nada limita. Donde brota del “Gran Todo la armonía”, donde la crística voz clama: Ego sum vita, y la luz virginal triunfa en las sombras; permite que la savia de mi prosa, de tus versos al probar la savia eterna; a tu rima inmortal sirva de ofrenda.

Aunque genial, fue corta tu existencia, porque el Eterno escuchó también tu lira; y quitándonos el brillo de tu estrella que hasta el sol enlutó cuando partías, del espacio profano de esta tierra: ¡Se llevó tu portento hasta su gloria!

* El autor es ingeniero agrónomo
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