DOMINGO 22 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24060 / ACTUALIZADA 1:42 am





EL HUMOR DE





[an error occurred while processing this directive]


Cosas Veredes Sancho Amigo
La vida pobre de Justo Justino, el nicaragüense más pequeñito

Foto  
. Cuando el médico Lamuel Gulliver llegó al país de Lilliput encontró que sus habitantes no levantaban más allá de un palmo de estatura y junto a ellos eran de diminuto tamaño los caballos, perros, gatos y demás animales del reino. Con el tiempo el galeno se dio cuenta que aquellas minucias humanas tenían también pequeña el alma, eran vanidosos, mezquinos, caprichosos, agresivos, mentirosos y crueles

Justo Justino y doña Isabel.

 

Mario Fulvio Espinosa
departamentos@laprensa.com.ni

De ese fantástico viaje de Gulliver a Lilliput conversaba con “El Viejo” Roberto Castro Báez, antes de llegar al tugurio donde vive Justo Justino Jirón González, allá por el sector sur del Mercado Iván Montenegro. Ya antes mi amigo me había dado excelentes referencias de “Tino”, por su naturaleza humilde, servicial, apacible.

“Lo digo y lo repito —insistía ‘El Viejo’—, que si Gulliver antes de ir a Lilliput hubiera dado una vuelta por Managua para conocer a Tino, no pondría en tan mal predicado a los liliputienses”. Yo argumentaba que hay algo más en detrimento de los enanitos, la sabiduría popular propone, por ejemplo, que una “Mujer chiquita equivale a infierno grande”, y que “Mujer chiquita y mula baya ábrale la tranca para que se vaya”.

Entre risas, comentarios, decires y cuentos fantásticos sobre los bajitos muy bajitos, llegamos a la ruina de casa donde vive Tino “para mientras Dios y don William Báez deciden otra cosa”, según aclara doña Isabel González, una señora blanquita, menudita, de ojos color de miel y madre de Justo Justino.

Cuando nos ve venir, Tino corre a ponerse su mejor camisa, las mangas le llegan más abajo del codo. Sonríe cuando “El Viejo” explica que es el hombre más pequeño del mundo. “Yo lo digo porque el otro día don Francisco llevó un enanito a Sábado Gigante y dijo que era el ser humano más chiquito del planeta porque medía un metro once centímetros de estatura. Tinito mide un metro con nueve centímetros, yo personalmente traje el centímetro y lo medí”.



MADRE, HIJO Y MUCHA SOLEDAD

Doña Isabel cuenta que su “Tinito”, Justo Justino, nació el 14 de mayo de 1965 y que siempre fue chiquito. Nunca supo por qué su hijo dejó de desarrollarse como los niños normales, pero asegura que en “Tinito” no hay deformidad, todos sus miembros mantienen el equilibrio físico armónico de una persona corriente.

Madre e hijo están solos en la vida. Él vive por ella y ella se desvive por él, aunque por estar enferma es poco lo que puede hacer. Tino, en cambio, trabaja en el mercado cercano, hace mandados, limpia los tramos, carga bultos, va de aquí para allá a ganarse diez o veinte córdobas diarios para la comida.

“Tino tuvo siete hermanitos —dice doña Isabel—, pero varios se me murieron muy chiquitos, sólo me quedó el primer hijo, el mayor, pero se murió ya soltero. Sólo estamos Tinito y yo, juntos los dos, porque mi esposo es difunto ya hace mucho tiempo”.



¿Por qué dejaron Camoapa y se vinieron para Managua?

Nos venimos de allá porque mi esposo murió y sin nada de cosas que dejar. ¿Quién nos iba a mantener? Buscamos pues, una ayudita aquí, Tinito se vino a pelar cebollas en el mercado, pero eso le hizo daño en la vista. Eso lo hizo para buscar el bocadito de comida. Yo en ese tiempo lavaba y planchaba ajeno, pero ahora ya no, porque ahora me enfermé de las manos, me puse tullida de viaje.



¿Por qué quedó Tino tan pequeñito?

Mire, yo me enfermé, al enfermarme no comía bien, un vaso de fresco, que una cosita, una fiebre que me dio, a él lo consumió esa fiebre, me vi grave y de esa mi gravedad “Tinito” quedó pequeñito, cuando ya vino a crecer se quedó chiquitito.



BUSCANDO LA SUBSISTENCIA

¿De qué tamaño era cuando nació?


Imagínese, como de dos cuartas, a los tres meses ya miramos que no iba a crecer y me afligía porque va a ser tan pequeñito, decía, no va a servir para nada, si hoy no, porque mire, Tino tiene ahorita 40 años.



¿Y vos Tino, cómo te sentís a tus 40 años?

(Sonríe “Tinito” antes de contestar. Su voz es ronca pero clara).

Yo me siento muy bien, y muy tranquilo.



Cuando eras chavalito, ¿qué hacías?

Hacía de todo lo que me encargaban. Barriendo el patio, lavar los trastos, pastar las vacas. En Camoapa vivíamos en un terreno ajeno. De un señor que nos daba hospedaje. ¡Para qué! No nos morimos de hambre ¿Verdad? Porque mirando la dificultad en que vivíamos, pues me ponía a buscar qué hacer.



¿Qué decían tus amiguitos cuando miraban que vos eras muy pequeñito?

Bueno, yo les decía que iba a crecer otro poquito más. Eso si Dios quiere. Bueno, trabajé allá picando leña, barriendo, también pelando gallinas, chanchos. A veces iba a ver si había elotes para comer, bueno. En fin, me quedé así, un día me vine a Managua a pasear, pues, no conocía Managua.



¿Qué te pareció Managua?

Managua es bonito, pero hay muchos pandilleros.

(Interviene doña Isabel) A mí casi me rajan la cabeza. Un huelepega me tiró una piedra. Sí, de suerte que no hizo nada.



EL MIMADO DE LAS FIESTAS

A mí me gusta estar bañado —asegura Tino—, porque hace un calor terrible, pero fíjese que con este calor podría haber un terremoto. Bailar me gusta también... Ahh, y también cantar.



¿Y por qué no te echas una ranchera?

Porque no tengo guitarra.



¿De vez en cuando cantás sin guitarra?

Yo, en veces y canto así.



Y... ¿Tenés muchos amigos “Tinito”?

Sí tengo amigos, y muchos conocidos. Napoleón es un amigo mío, don Roberto Castro también es amigo mío, pero ya está viejito.



¿Amiguitas?

Amigas sí, mucho me quieren.

(Las muchachas se lo llevan a fiestas y piñatas —comenta la madre—, o a la misa de Don Bosco) Pero no me gusta ir a la Iglesia todos los días —dice Tino—, aunque son bonitos los cantos.



¿Tino y pudiste aprender a leer?

Sí, un poquito más, un poquito más.



¿Y qué te gusta leer, por ejemplo?

La Biblia, el periódico, cualquier cosa, es bonito leer...



¿Sabes sumar, restar, multiplicar o dividir?

Medio, medio, ya pasé de contar hasta quinientos, ya menos estoy por doscientos mil, doce mil, que un veinte, quinientos, un poquito más, quinientos, por ahí, que cinco pesos, veinticinco.



"TINITO" SE QUIERE CASAR

¿Tienes novia?


Como no, me voy a casar.



Contame eso.

Es una muchacha, joven. Me gustás, le digo yo. Y le digo también que es linda, que es mi muñequita, que es mi perlita, mi pelo de maíz, es bien bonita y joven.



¿Cómo se llama?

Es una muchacha joven.



No me querés decir el nombre.

(Interviene doña Isabel) Son cosas de él. Manuelita se llama la muchacha.



¿Ya le prometiste matrimonio Tino?

Ya. Claro que ya. Dice que se va a casar conmigo.



Entonces... ¿Cuándo será la boda?

Cualquier día, sí, cualquier día.



¿Y pensás tener muchos hijos Tino?

Sí, uno. Es más que suficiente.



¿Qué otra cosa sabés hacer?

Pelo tomates, naranjas, sandías, piñas, melones. Hago mandados.



¿Has conocido a otras personas de tu tamaño?

Sí, del tamaño mío, sí. En el Oriental.



¿Es más chiquito que vos?

Más o menos (afirma la madre).



Y DALE CON GULLIVER

Ya te han contado el cuento de Gulliver en el país de los enanos?


Sí, me ha contado algo.



Y ¿Qué pensás hacer después de que te casés, Tino?

Bueno, pienso ir a la Iglesia todos los domingos a rezar, sí.



Estás muy negrito. ¿Es que mucho trabajás bajo el sol?

Trabajo en lo que me pongan. El sol me quema bastante.



¿Qué número son tus zapatos?

Este, es 29, sí.



¿Y tu pantalón?

Seis, la camisa 14, sí.



¿Te sentís alegre con tu vida?

Claro, me siento muy alegre, no me falta el trabajo, por eso le pido a Dios un poquito más de vida.



¿Tu vida ha sido sana o has tenido alguna enfermedad?

Estaba enfermo, me cuesta dormir, me duele la nuca, la tengo torcida.



¿Cómo pasaron la Navidad?

El 24 bien, el 31 tranquilo.



¿Comieron pollo? ¿Qué comieron en Navidad?

Este... Pollo, pollito y cualquier cosa.



¿Tuvieron cena navideña?

Sí, con los amigos.



EL GIGANTE Y EL LILIPUTIENSE

Me cuenta “El Viejo” Roberto Castro Báez que él andaba copiando unos documentos cuando de pronto vio ante sí a un hombrecito. “Era “Tinito” y ahí nomás hicimos amistad, le dije que me llevara a su casa y me contestó que no era su casa sino donde le dan posada, que tiene varios años de vivir aquí pero que ya los están sacando”.

“La situación de ellos, sobre todo con doña Isabel enferma, me ha conmovido y quiero ayudarles. Tino es una gran persona, un hombre muy bueno que merece ayuda”, concluye “El Viejo”.



LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON

Una vez soñé que me salía una mica pues, y yo sentía una cosa helada, helada. Miraba al espacio y me preguntaba: ¿Será hombre o mujer esta Mica Bruja, en el mismo sueño soñé que no había nada y que los muertos no salen ni asustan. Pero fue una pesadilla que no es jugando.
.


---
 

 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

La vida pobre de Justo Justino, el nicaragüense más pequeñito