DOMINGO 22 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24060 / ACTUALIZADA 1:42 am





EL HUMOR DE






Desde Washington
Enfrentar a Chávez: geopolítica y negocios

Marcela Sánchez

La Casa Blanca ha estado advirtiendo hace tiempo que el gobierno de izquierda del presidente venezolano Hugo Chávez representa una fuerza desestabilizadora en América Latina. En los últimos meses parece haber expandido su evaluación de la amenaza de Chávez a la región y ha iniciado esfuerzos por socavar las ventas de armas que “podrían contribuir”, según el Departamento de Estado, a una desestabilización militar, al igual que ideológica.

La semana pasada, la administración Bush le negó a España las licencias de exportación requeridas para vender a Venezuela 12 aviones de transporte y patrulla marítima con tecnología estadounidense. Esta decisión le sigue a la tomada en octubre por Israel, bajo presión estadounidense, de negarse a modernizar los cazas estadounidenses F-16 pertenecientes a la Fuerza Aérea venezolana. En las próximas semanas es probable que Estados Unidos bloquee también los intentos de Brasil de vender sus aviones militares Super Tucano a la nación andina, nuevamente negando las licencias de exportación para las partes estadounidenses de las aeronaves.

La acción de Washington ha generado frustración entre aliados estadounidenses. Funcionarios españoles calculan que el contrato con Venezuela, que incluye cuatro corvetas y cuatro barcos patrulla, crearía empleo para casi 1000 personas en la vulnerable economía de los astilleros. Brasil podría perder hasta $120 millones de dólares si Estados Unidos bloquea la transacción con Venezuela. (España y Brasil tienen todavía la opción de buscar piezas no estadounidenses pero a un mayor costo y retraso).

España y Brasil insisten en que el material que quieren venderle a Venezuela no desestabilizaría la región. “No creemos que Venezuela represente una amenaza para nadie”, dijo el Ministro de Relaciones Exteriores brasileño Celso Amorim la semana pasada.

Algunos analistas militares coinciden con la evaluación española y brasileña. “Lo que (Venezuela) está adquiriendo en este momento no es ofensivo”, dijo Tom Baranauskas, analista de América Latina para Forecast International Inc., una firma que analiza el mercado de la industria militar. La mezcla de embarcaciones y transporte aéreo le daría a Venezuela sólo la capacidad de responder a infiltraciones fronterizas, un problema real particularmente a lo largo de su frontera de casi 2,300 kilómetros con Colombia. Los pequeños aviones Super Tucanos son útiles para combatir insurgencias internas, afirmó Baranauskas, pero no para lanzar un ataque contra otra nación.

Con todo esto, pareciera que la justificación de Washington para interrumpir estas ventas de armas a Venezuela es un tanto hipócrita. Después de todo, Washington continúa sus propias ventas militares al país andino, aunque claro que a un nivel bastante reducido (US$8 millones de dólares en 2004 comparado con un promedio anual a fines de los noventa de $20 millones de dólares). Además, no se ha opuesto a las ventas militares a Venezuela en general y en ningún momento ha llamado a un embargo general de armas. Estados Unidos también continúa comprando hasta el 15 por ciento de su petróleo a Venezuela.

¿Qué tan significativa es entonces exactamente la fuerza desestabilizadora de Venezuela? No es fácil decirlo. La administración Bush misma no quiso ampliar detalles públicamente sobre su decisión aunque un alto funcionario, bajo condición de anonimato, dijo que el bloqueo a las ventas necesita ser visto en el contexto más amplio de los esfuerzos de Chávez para reestructurar las fuerzas armadas venezolanas.

En septiembre, Chávez firmó una nueva ley, la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional, que convierte la preservación de la República Bolivariana de Venezuela en misión militar. Si bien Chávez describe la nueva fuerza como “antiimperialista y anticolonialista”, la ley crea dos nuevas ramas militares, una Reserva Militar y una Guardia Territorial que responden directamente al Presidente. Estas fuerzas reclutarían, entrenarían y suministrarían armas a cerca 2.8 millones de venezolanos “para operaciones de resistencia local, ante cualquier agresión interna y/o externa”.

Estas milicias claramente no constituyen el tipo de fuerzas que podrían liderar un ataque militar contra una nación vecina. Pero generan, de todos modos, preocupación. Particularmente alarmante, afirman analistas militares, es el tipo de rol que podrían tener internamente. Siguiendo los pasos de Cuba, estas fuerzas podrían convertirse en un instrumento para consolidar más el poder de Chávez, enfrentar la oposición interna y debilitar las fuerzas armadas profesionales.

Chávez insiste en que se trata simplemente de un “fortalecimiento” de las fuerzas armadas venezolanas. Como parte de dicho fortalecimiento, Chávez le compró a Rusia el año pasado 100,000 rifles de asalto Kalashnikov, los primeros de los cuales deberán empezar a llegar a partir de marzo.

Existen, de hecho, buenas razones para estar preocupado por la estrategia de seguridad de Chávez. Pero los esfuerzos de Washington para dificultar las transacciones española y brasileña parecen bastante triviales, sugiriendo que lo que está en juego en este caso es más el triunfo de las metas políticas de un país sobre los cálculos financieros de sus aliados.

¿Qué tan significativa es entonces exactamente la fuerza desestabilizadora de Venezuela? No es fácil decirlo. La Administración Bush misma no quiso ampliar detalles públicamente sobre su decisión aunque un alto funcionario, bajo condición de anonimato, dijo que el bloqueo a las ventas necesita ser visto en el contexto más amplio de los esfuerzos de Chávez para reestructurar las fuerzas armadas venezolanas.
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