Religiosidad popular en Diriamba
Lucía Vargas C./Corresponsal religionyfe@laprensa.com.ni
CARAZO.- La fiesta en honor a San Sebastián Mártir data de más de tres siglos, cuya tradición está arraigada en fuertes manifestaciones de fe y, por ende, la religiosidad popular sigue firme en el corazón del pueblo creyente que atribuye muchos milagros a esta milenaria imagen.
Decenas acompañan al Santo patrono de Diriamba durante sus fiestas celebradas en enero desde el 17 al 27, fechas que encierran un sinnúmero de actividades religiosas y culturales. Los promesantes recorren largos trechos de rodillas, ponen milagros, cintas; y el atuendo especial que llaman “Toalla” que diseñan en las telas más bellas y costosas, como una forma de retribuir el favor recibido por San Sebastián.
Cada año, el 20 de enero, luego de la misa solemne en la Basílica Menor un promesante sube a la cúpula para poner cintas a la imagen que permanece arriba, sin importar el peligro. Otros bailan para él, se hacen cargo de la mayordomía y ayudan económicamente para su fiesta.
FE EN LA CALLE
“Le estoy pidiendo que me le cure la vista a mi nieta”, manifiesta la señora Ana María Romero, habitante de Diriamba, quien acompañó a San Sebastián el jueves 19 durante el Tope de Santos. “Me ha hecho muchos milagros con mi otro hijo que por eso baila en el Toro Huaco”, comentó, tras agregar que lleva 12 años pagando esa promesa.
La señora, muy emocionada también, testimonió haber padecido de una rara enfermedad que le impedía hasta peinarse, pero le pidió con tanta fe al Santo que poco a poco su salud se recuperó. Dijo que este año inició la promesa porque su nieta María Alejandra padece de la vista.
En esta fiesta, como en otras del país, la fe mueve grandes multitudes que viajan desde lejos para cumplir con los ofrecimientos.
Rosa Argentina González se acercó a la imagen para quemar varias candelas de cebo este 20 de enero, después de la misa solemne; luego se unió a la procesión para recorrer diez cuadras de rodillas hasta llegar a los pies de la imagen y poner en sus ropas un diminuto hombrecito de plata. “Mi marido sufrió un accidente y quedó paralítico, pedí tanto a San Sebastián y él me lo curó, ahora camina”, dijo entre lágrimas la mujer.

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