Desde la Colina Vaticana
El mundo espera algo nuevo
J. Dávila y Castellón
“Sé que los jóvenes buscáis hacer grandes obras, que queréis luchas por un mundo mejor. Mostradlo a vuestros congéneres, mostradlo a todo el mundo, pues el mundo está esperando precisamente este testimonio de los discípulos de Jesucristo”. (Benedicto XVI)
Así es al comienzo de cada año. Nos proyectamos hacia el futuro, esperando que todo esta vez resulte mejor para nosotros, la familia, la patria...
Dicen que “la esperanza es lo último que se pierde”. Pero eso es verdad cuando realmente actuamos en función de aquello que esperamos, o sea, cuando hacemos algo concreto para que lo que esperamos se torne en realidad. Porque es preciso distinguir la esperanza, la ilusión, que es cosa muy distinta aunque con frecuencia las confundamos. La ilusión está basada sobre arena; la esperanza, hablando en clave cristiana, sobre la base firme de nuestra fe en Dios y el esfuerzo constante y sostenido en alcanzar aquello que deseamos.
Todo el que ha logrado conquistar una gran meta en su vida puede presentar el expediente de un testimonio vivo de una lucha sin cuartel contra el cansancio, el desaliento y la adversidad que no ha dejado de salir a su encuentro, como tentación diabólica, invitándolo una y otra vez a desistir de continuar la ruta que conduce al éxito.
¿Qué ideal tienes en tu vida? ¿Qué proyectas este año o para el año que comienza? Busca un ideal que te haga más persona, más hombre o más mujer, según el caso, y si eres cristiano, que te haga mejor cristiano. No te olvides de elaborar tu proyecto anual de vida tomando muy en cuenta el proyecto que encaje con tu propia vocación, con el plan de salvación de Dios para ti. Tu plan no puede ser uno y el de Dios otro, tu proyecto ha de coincidir con el proyecto divino. “¿Señor, qué quieres que haga?”, es la pregunta que no puede faltar a la hora de tomar nuestras más importantes decisiones. “¿Esto que pienso hacer contribuye a mi realización humana y me hace crecer como cristiano, o más bien favorece mi propio egoísmo y va en contra de los legítimos derechos de los demás? ” Formularse preguntas por el estilo ayudan a dar a nuestras metas un toque más humano y cristiano y a tomar en consideración nuestro entorno familiar y social, lo que equivale a decir, a actuar de una manera responsable.
Al comenzar el año lo más normal es proyectar, dirigir la mirada hacia horizontes más amplios y nuevos, programar... Pero ¿tomo como una de las decisiones prioritarias para este año la de erradicar tal defecto o la de adquirir determinada virtud o sólo estoy pensando viajar, o bien comprarme un carro, entrar a la universidad o emprender cierto negocio, divertirme o gozar de la vida?
Algunos de nuestros proyectos se cristalizan, otros no; a veces por insensatez o ligereza uno mismo es el causante de que sus metas se frustren y, con mucha mayor frecuencia, que el plan de Dios para nuestra propia vida individual y social o comunitaria no llegue a efectuarse. Es que las grandes obras comienzan en la mente y el corazón de los grandes optimistas, de aquellos que saben o supieron que el mundo espera siempre algo nuevo y comenzaron por entregarse a la noble y entusiasta tarea de ser ellos mismos hombres nuevos.

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