DOMINGO 22 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24060 / ACTUALIZADA 1:42 am





EL HUMOR DE






El “Efraín Tijerino” un manicomio
Locura total

Foto  

Los aficionados del chinandega disfrutaron hasta más no poder la coronación de su equipo.

 

Gerald Hernández
deportes@laprensa.com.ni

Fin del conteo. Desde aquel 28 de septiembre de 1974, cuando vencieron en el séptimo juego al Estelí, los fanáticos chinandeganos aguantaron 31años, 3 meses y 23 días para volver a disfrutar de un campeonato. ¡Toda una generación!

El hit de Walter Sevilla que empujó a los dominicanos Wilson Batista y Ambiorix Concepción para dejar tendido al San Fernando en el cierre del inning 11, para coronar al Chinandega, embriagó de felicidad a los fanáticos, que de las graderías saltaron al terreno de juego para vitorear a sus héroes.

Medio estadio se metió al terreno de juego. Allí estaban mezclados fanáticos de todas las edades y clases sociales, bailaron y festejaron unidos por la alegría de ser campeones de la Liga Profesional.

La Cumbia chinandegana sonó con fuerza en los parlantes y se mezcló con el “sí se pudo” que gritaban a todo pulmón los aficionados. Los jugadores fueron cargados en hombros.

Luego el equipo se reunió encima del dogout de primera base y la gente se apostó frente a ellos como para contemplar su grandeza.

En las calles, la gente salió de sus casas para ser parte de la fiesta, los carros sonaban sus bocinas y todo era alegría.

Sin embargo, antes del clímax, tuvieron que sufrir un poco e incluso algunos incrédulos abandonaron el estadio cuando el San Fernando tomó ventaja de cuatro carreras en el cierre. Pero en el noveno inning, todos volvieron a ocupar sus lugares cuando se enteraron que el dominicano Ambiorix Concepción había dirigido una rebelión que desembocó en la captura del título dos entradas más tarde.



DESDE TEMPRANO

Desde muy temprano, el Estadio Efraín Tijerino se llenó a toda su capacidad y más, con gente acomodándose encima de vehículos y árboles detrás de la cerca, y otros más osados en la torres, para no perderse el juego.

Al final valió la pena el esfuerzo, los que se lanzaron a la aventura recibieron su reconocimiento, fueron parte de la historia y una de las fiestas más emotivas y espontáneas que se han visto en un terreno de juego.
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