SáBADO 21 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24059 / ACTUALIZADA 01:15 am





EL HUMOR DE






Se hizo el milagro

Foto  
. Logra ubicar a su hija con ayuda de LA PRENSA

Doña Luisa Amanda Pérez logró comunicarse desde LA PRENSA con su hija María Hartman, quien vive en Pensylvania. (LA PRENSA/B. PICADO)

 

Lillyam Alvarado Mendoza
sucesos@laprensa.com.ni

El jueves pasado las lágrimas recorrieron el rostro de doña Luisa Amanda Pérez una y otra vez. Como queriendo ocultarlas, bajaba la mirada mientras revisaba las cartas y fotografías de su hija María Guadalupe, con quien perdió contacto en los últimos años.

Relató que su hija partió a Estados Unidos hace 25 años con una brigada de voluntarios, para recibir la atención especializada que requería para curar las heridas, producto de graves quemaduras sufridas al caer en una porra de frijoles hirviendo.

“Allá la adoptó una familia de apellido Hartman, que le han dado tratamiento médico, cariño y estudios, pero en los últimos años no he sabido nada de ella. Yo estoy angustiada y le pido a Dios que me ayude a encontrarla”, dijo en las oficinas de LA PRENSA.

Ayer volvió a llorar. Su corazón se comprimía, pero esta vez de felicidad. A través de un contacto en Estados Unidos, que se interesó mucho en la historia, se logró ubicar a María Hartman, quien se mostró muy contenta y agradecida por el interés de este Diario en su caso.

“Gracias a Dios que hizo el milagro. Bendito sea Dios”, repitió una y otra vez con su mirada alzada, cuando supo que su hija había sido localizada en Estados Unidos.

Posteriormente la feliz madre pudo comunicarse telefónicamente con su hija, a quien le expresó que la sigue amando y que espera un día poder volver a verla.

“Este momento es tan grande, tan maravilloso. Yo he buscado la forma de comunicarme con vos con cartas, con personas que van allá y no había podido hija”, le expresó embargada de emoción.

“Yo nunca perdí la esperanza, nunca me cansé de buscarte y Dios ha hecho este milagro”, le manifestó a su hija, quien habla muy poco español.

Una vez más calmada de la emoción por haber encontrado a su hija, doña Luisa Amanda relató que ella entregó a su hija a una organización humanitaria que ofreció ayuda a los niños quemados.

“Mi hija quedó desfigurada por las quemaduras, no podía ir ni a la escuela porque los otros niños no la aceptaban, yo sabía que tenía que sacarla fuera del país para que recibiera tratamiento, pero cuando ella se despidió de mí en el aeropuerto yo me desmayé, yo sentí que mi mundo se acabó, cuando me desperté, ya se había marchado”, recuerda con mucha nostalgia.

Inicialmente le explicaron que debía estar por seis años en Estados Unidos, pero el tratamiento se prolongó, fue adoptada por un matrimonio de apellido Hartman y el tiempo pasó.

“Ahora que ya la encontré sólo espero que un día pueda volver a verla, que conozca a sus hermanos, sólo Dios sabe”, comentó sin parar de agradecer el apoyo recibido en la ubicación de su hija.
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