SáBADO 21 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24059 / ACTUALIZADA 01:15 am





EL HUMOR DE






El mercado del carbono

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Marina Stadthagen

Inmersos en nuestros problemas del día a día y en nuestra compleja política local, los nicaragüenses frecuentemente obviamos eventos internacionales que pueden abrir oportunidades para nuestro beneficio y desarrollo.

A finales de noviembre y principios de diciembre tuvo lugar la Undécima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y la Primera Reunión de los Estados Partes del Protocolo de Kyoto. Lo que en estas dos reuniones se acordó y discutió deben saberlo aprovechar los empresarios nicaragüenses ya que pueden con ello apoyar grandemente nuestro proceso de desarrollo sostenible.

Con la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto en febrero del 2005, el mercado de carbono o de reducciones certificadas de gases de efecto invernadero se ha visto fortalecido y tras la primera reunión de los Estados Partes, en Montreal, en noviembre del año pasado, las reglas de este mercado y su futuro se consolidaron.

El Protocolo de Kyoto obliga a los países desarrollados a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y permite a través del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) comprar de países en vías de desarrollo, como Nicaragua, parte de esas reducciones a las que están obligados. Hay dos formas básicas en que se pueden generar certificados de reducción de emisiones (RCE): reduciendo o evitando las emisiones de gases de efecto invernadero como dióxido de carbono, metano u óxido nitroso, o capturando dióxido de carbono a través de la reforestación.

En un país como Nicaragua, con una matriz de generación eléctrica basada en un 80 por ciento en hidrocarburos, la venta de este servicio ambiental internacional se convierte en un negocio interesante y abre la oportunidad de cambiar rápidamente la forma en que generamos electricidad en el país. ¿Por qué? Porque la actividad de generación eléctrica con recursos renovables, que son abundantes en nuestro país, se vuelve mucho más rentable si además de vender la electricidad vendemos el servicio ambiental de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

También hay muchas otras formas de reducir emisiones en Nicaragua, tales como el sustituir o reducir el uso de los hidrocarburos en procesos industriales, reducir el consumo de gasolina con transporte o carreteras más eficientes, sustituir los fertilizantes por abonos orgánicos, entre otros, las cuales podrían reclamar créditos de carbono.

Por otro lado, el 70 por ciento de los suelos nicaragüenses son de vocación forestal, por lo que la reforestación se vuelve también mucho más interesante si además de la madera podemos recibir otro ingreso por almacenar dióxido de carbono.

Mucha gente piensa que este nuevo negocio es un mito y que Nicaragua no puede aprovecharlo. De hecho empresas innovadoras ya lo están aprovechando. La Compañía Licorera de Nicaragua, el Ingenio Monte Rosa y San Jacinto Power están ya en proceso de cobrar por este servicio ambiental internacional, y muchos más podrían hacerlo. Una plantación forestal en el país, de la compañía Maderas Preciosas de Nicaragua, probablemente sea, sino el primero uno de los primeros proyectos forestales en Latinoamérica que se coloquen en el mercado de carbono.

La venta de la reducción de una tonelada de dióxido de carbono equivalente a través de proyectos de energía, ha estado subiendo desde la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto en febrero del 2005. Con lo acontecido en Montreal seguramente subirá aún más en los próximos meses. De aproximadamente US$3.00 a principios del 2005 ha subido a un mínimo de US$6.00. En el caso de los proyectos forestales tanto el precio (como la demanda) es más bajo, situándose en US$3.00 la tonelada de CO2 almacenada.

En Nicaragua no hay impedimentos para que los empresarios e inversionistas puedan beneficiarse de este incentivo internacional, no sólo para hacer más rentables sus negocios sino para contribuir al desarrollo sostenible del país y para evitar que el clima mundial de cambios tan bruscos y rápidos que no podamos adaptarnos a ellos.

No desaprovechemos las oportunidades que hoy nos brinda el mercado de carbono.

La autora es directora de la Oficina Nacional de Desarrollo Limpio del Marena.
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