Entre la espada y la pared
Arlen Reyes
Todos pudimos observar en los rostros de los diputados sandinistas la sorpresa, la molestia, el odio, la frustración, las ganas de venganza que tenían contra el diputado Gerardo Miranda. El cuento del espionaje del diputado Miranda, por parte del Frente Sandinista, en el seno de la Bancada Liberal, para frustrar la candidatura a la presidencia del parlamento del diputado Enrique Quiñónez, era un argumento que ni ellos mismos lo creían, ya que en la rueda de prensa brindada por el diputado Miranda, junto a Ortega y su esposa Rosario Murillo; no lograron convencer ni a la prensa, ni al pueblo de Nicaragua de su supuesta misión. Sus argumentos escuetos demostraron que ni el mismo Miranda estaba convencido con lo que decía, y al ver que los medios seguían insistiendo con su actuación en el plenario, Ortega le quitó los micrófonos.
Todo lo acontecido el 9 de enero del 2006, quedó para la historia legislativa y política de nuestro país, no sólo por el actuar del diputado Miranda, sino porque una vez más se ha demostrado que el Frente Sandinista no ha cambiado. Ya sea que diputado Miranda se infiltró como espía en las negociaciones de la bancada liberal, o que haya sido chantajeado y coaccionado con su familia; el Frente Sandinista ha demostrado ser un partido que se mantiene sumergido en la maldad, el chantaje, el juego sucio y bajo; el Frente Sandinista no va a cambiar nunca, ya que sus líderes siguen siendo los mismos, no han evolucionado como lo han hecho otros partidos de izquierda en Latinoamérica, han caído en la inercia de sus pensamientos comunistas.
El comportamiento de los diputados y líderes sandinistas será juzgado por la historia, ya que su actuación en plenario, el tomarse la cabina de cómputos, el gritar, el ofender y el amenazar como ya es parte de su naturaleza, no sorprendieron a nadie.
Es algo absolutamente repugnante y hasta increíble escuchar a todos los diputados sandinistas hablar de corrupción, cuando está más que demostrado que en la década de los ochenta fue cuando más corrupción existió, el país se encontraba con una economía decadente, la sociedad nicaragüense destruida y desintegrada, en donde la educación de primaria y secundaria era aprender a contar fusiles y aprenderse la letra de canciones revolucionarias, y el título universitario se adquiría cortando café en las montañas.
La bancada liberal se mantiene en un escenario difícil, ya que quiere ser sometida a las disposiciones antojadizas del Frente Sandinista que amenaza al doctor Arnoldo Alemán con revocar su convivencia familiar. Una vez más han jugado al chantaje político.
El papel del Gobierno es muy importante. Por una vez el presidente Bolaños debe portarse serio y dejar de jugar a dos bandos, que lo único que hace es perder aun más credibilidad. El presidente Bolaños debe dejar de ser un güegüense, remangarse las mangas y trabajar con las fuerzas democráticas, por Nicaragua. Con su comportamiento dual el presidente Bolaños es uno de los culpables de que el Frente Sandinista tenga el poder político que hoy tiene en el país.
La autora es miembro de la Juventud Liberal Constitucionalista.

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