Venganza mortal en noche navideña
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Pedro Geovanni Tijerino Espinoza, de 24 años, se despidió de su madre con un beso y partió hacia el encuentro con la muerte, un grupo de pandilleros lo emboscó en una calle del barrio José Dolores Estrada y descargaron en su cuerpo ocho machetazos, siete de ellos le partieron el cráneo, le sacaron uno de los ojos y en el cuello le provocaron una herida que casi dejó la cabeza pendiendo de un trozo de piel |
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La familia Tijerino Espinoza perdió en menos de 15 días a dos de sus miembros, uno asesinado y otro por suicidio.
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Luis Alemán Saballos sucesos@laprensa.com.ni
Pedro Geovanni Tijerino Espinoza sin saberlo retó a la muerte, confiado en la paz y la alegría que la noche del 24 de diciembre se respiraba por todo su vecindario, cruzó la imaginaria frontera entre la vida y la muerte, una calle que separa el barrio José Dolores Estrada del Jorge Casalí.
Este último es un territorio dominado por una peligrosa pandilla conocida como “Los Católicos”, no por su inclinación a las actividades religiosas, sino porque usan el atrio de la iglesia católica de Waspam Norte para planificar sus acciones criminales.
El cruce de la frontera fue un grave error. Pedro Geovanni cayó sin querer en una trampa que lo llevó a una muerte espantosa, similar a la que otro joven del mismo barrio sufrió apenas 13 días antes.
Según la Policía, los autores del asesinato de este muchacho fueron también los miembros de la pandilla “Los Católicos”, planificado sin duda alguna en el atrio de la iglesia convertida por las noches en el santuario de los antisociales.
LA FESTIVIDAD
En la casa de Janeth del Socorro Espinoza, mamá de Pedro Geovanni, todo era alegría. La música navideña a todo volumen, el brindis, los abrazos, las felicitaciones, las bromas, nadie podría imaginarse que a las puertas del nuevo día, ocurriría una tragedia que se extendería por semanas y llevaría a la muerte a dos miembros de la misma familia. Uno asesinado a machetazos y el otro, intoxicado al ingerir numerosas pastillas de acetaminofén, como consecuencia de la depresión que sufría por la muerte de su hermano.
Janeth del Socorro estaba contenta, esa noche ninguno de sus hijos falló a la cita, todos estaban en la casa departiendo alegremente, “como ningún año”, recuerda ahora.
Quizás por esa razón nadie determinó cuando Pedro Geovanni, su compañera de vida Fidelia Bravo, y su vecino Edwin Antonio Urbina Silva, salieron de la casa supuestamente a comprar cervezas para continuar con la celebración navideña.
Nadie tiene precisada la hora, pero la quemadera de pólvora celebrando el nacimiento de Cristo, recién había pasado.
LA DESPEDIDA
Pedro Geovanni pasó el 24 de diciembre en la casa de su madre. Con una hermana fue a una tienda a comprar un teléfono celular, después visitó a algunos amigos, tomó unos tragos y esperó con su familia la medianoche. Cuando el reloj marcó las 12:00 p.m., todos los hijos de Espinoza se abrazaron en una rueda y tras dar gracias a Dios, se felicitaron por estar juntos en Navidad.
“Esa noche hicimos todos una rueda y nos felicitamos”, recordó la mamá, quien ahora define esa ocasión como la despedida de sus hijos.
El tiempo se fue consumiendo al igual que los tragos y la comida, entonces Pedro Geovanni estampó un beso en la mejilla de su madre y luego le dijo “ya regreso”.
“Yo le dije que no se fuera, que se quedara, y él me respondió que no me preocupara, que ya venía”, asegura su mamá.
NO REGRESÓ MÁS
Realmente el muchacho nunca regresó con vida, su cuerpo ensangrentado y aún respirando, fue encontrado en una calle en el límite fronterizo del barrio José Dolores y el Jorge Casalí.
Estaba irreconocible, su rostro quedó desfigurado debido a los numerosos machetazos que le propinaron en la cabeza y brazos.
En la calle había huellas de arrastre con dirección a su casa y todo estaba salpicado con sangre. A los investigadores policiales eso les indicó que aún herido de muerte, el joven trató de avanzar arrastrándose en busca de ayuda, pero la gravedad de las lesiones no le permitieron cumplir su cometido y desvanecido quedó en medio de un charco de sangre, aún con vida.
¿CÓMO OCURRIÓ EL CRIMEN?
A ciencia cierta nadie más que sus agresores saben cómo ocurrieron los hechos que terminaron con la vida de Pedro Geovanni.
Hay un testigo clave en el caso, éste resultó con lesiones en sus brazos porque trató de intervenir en defensa de la víctima, su identidad es protegida para evitar represalias de los pandilleros.
Edwin Antonio, quien esa noche también acompañaba al asesinado, escapó del lugar y logró evitar caer en manos de los criminales; Fidelia, la compañera de vida del fallecido, lo dejó apenas unos minutos antes porque iría a buscar dinero para comprar más licor.
Fidelia asegura haber visto a un sujeto conocido como “Oscar Enano”, rondar el lugar donde ocurrió el crimen.
Recuerda que esa noche pudo ver acurrucado en un muro y con un machete en sus manos a “Oscar Enano”, pero que lo haya visto dar de machetazos a la víctima, eso no lo pudo afirmar.
CAMBIO DE PLANES
Pedro Geovanni salió de su casa junto a su compañera de vida y un vecino a comprar cervezas a una pulpería ubicada a 100 metros de la vivienda.
En el camino cambiaron de idea y se dirigieron hacia la casa de una tía, ubicada en el barrio José Dolores Estrada, ese fue el pecado, las tres personas fueron vistas por los pandilleros quienes al acecho, esperaban a sus víctimas.
“Él tenía la costumbre de visitar a su tía, años atrás vivimos en el José Dolores y ahí tenía al resto de su familia y a varios amigos y compañeros de trabajo”, recuerda la mamá del muchacho.
Para los investigadores del Distrito Seis de Policía, hasta ahí hay un hilo conductor en la investigación.
¿PRESAGIÓ SU MUERTE?
Pero hay algo que no concuerda y es el hecho de que Pedro Geovanni haya pedido a su compañera de vida que regresara a la casa a buscar dinero.
Cuando regresaban de visitar a la tía, deciden ir a la gasolinera Shell Waspam para comprar las cervezas, fue entonces que la víctima le pide a su compañera de vida que regrese a la casa a traer dinero. ¿Si habían salido con la idea de comprar licor, por qué a última hora la manda a buscar dinero a la casa de la suegra?, se interrogan los investigadores.
Lo que presumen es que Pedro Geovanni entendió que no tenía escapatoria y mandó a Fidelia a la casa para evitar que resultara lesionada.
Cuando los tres jóvenes regresaban de donde la tía y se dirigían hacia la gasolinera, notaron que un hombre armado con un machete estaba sentado en un muro, se trataba de “Oscar Enano”.
Fidelia se lo dijo a Pedro Geovanni, pero éste le contestó que no había problemas, que él no tenía nada que ver con esa persona y continuaron caminando.
El hombre, ex compañero de vida de una hermana del fallecido, había tenido problemas con la madre de Pedro Geovanni porque dos semanas antes llegó a la casa a agredir a su ex mujer, a quien hirió en una de las piernas; en respuesta fue golpeado por doña Janeth, mientras el sujeto le gritaba que se las desquitaría en uno de sus hijos.
“Ese es un problema entre mi hermana y ese”, habría dicho Pedro Geovanni, que continuó caminando con dirección a la gasolinera. En el camino Fidelia regresó a la casa a buscar dinero; y Pedro Geovanni y Edwin Antonio continuaron su camino.
“Me mandó a traer unos reales porque vamos a ir a la Shell a comprar”, habría dicho Fidelia, cuando apareció de regreso en la casa de los Tijerino Espinoza.
La idea, según relató la mujer, era que su compañero de vida la estaría esperando en la gasolinera donde compraría las cervezas y continuaría tomando licor con unos amigos, entre ellos su vecino.
EL ANILLO
Antes de que Fidelia regresara a la casa, los dos muchachos notaron que eran seguidos de cerca por un grupo de personas, pero no hicieron más que apresurar el paso.
¿Qué ocurrió después?, son sólo especulaciones. La Policía presume que el grupo comenzó a seguirlos, Pedro Geovanni y Edwin Antonio corrieron buscando protección.
Edwin logra evadir a sus atacantes, pero Pedro Geovanni no. En su huida corrió en dirección al barrio José Dolores Estrada y luego cruzó un puente peatonal que hay en un cauce que separa los dos territorios.
“Ahí es donde le cierran el anillo, como dicen ellos (los pandilleros) y lo agarran, pero por la oscuridad no pudo ver un pequeño muro que hay alrededor de un gran árbol de guanacaste, se tropezó y cayó”, asegura la madre del asesinado.
Eso fue aprovechado por los delincuentes que descargaron en su humanidad cuantos machetazos pudieron.
Al parecer, la música a todo volumen y los triquitraques que aún quemaban en los alrededores ahogaron los gritos de clemencia y auxilio.
Fue una danza macabra, machetazos, puntapiés, risas, puyazos, advertencias, un momento realmente indescriptible.
Fue cosa de minutos, Fidelia sin saber lo que ocurría regresaba de la casa de su suegra con el dinero, pero no encontró a Pedro Geovanni, lo buscó y nada, entonces volvió a la casa de Janeth a contar que no lo había visto, pero regresó de nuevo y al llegar a la calle que corre paralela al cauce, se encontró con tres chavalos que corrían armados de machetes.
Realmente los muchachos escapaban del lugar. Recién habían macheteado a Pedro Geovanni y a un joven que intentó defenderlo. Fidelia nunca imaginó que su compañero de vida estaba herido mortalmente y tenía las horas contadas.
En compañía de la mamá de Edwin, siguieron buscando a los muchachos, pero con lo que se encontraron fue con una escena de horror.
Pedro Geovanni estaba en el suelo totalmente desfigurado por las heridas de arma blanca recibidas en la cabeza, uno de los ojos estaba fuera de órbita, su brazo izquierdo cortado casi de tajo, un machetazo desde la frente a la parte trasera de la cabeza.
La madre del joven afirma que los autores del crimen son conocidos del barrio y tienen en su haber varios homicidios, son portadores de un fusil AK, armas artesanales y machetes.
Ella está clara de que el crimen de su hijo fue un “traido” (rencillas personales).
“Lo que pasa es que ellos son traidos (enemigos) con los del José Dolores, ellos se meten al barrio a buscar problemas y como lo miraban ahí con los otros muchachos, lo mataron”, asegura la madre del joven asesinado.
DOBLE TRAGEDIA
La familia Espinoza Tijerino sufrió un doble golpe. Primero el asesinato de Pedro Geovanni y luego el suicidio de Ronald Dagoberto Tijerino Espinoza, de 30 años, hermano de Pedro.
Janeth Espinoza asegura que su hijo Dagoberto se mató abrumado por la depresión en que cayó después del crimen de su hermano.
“Él ya no fue lo mismo, no quería trabajar, se quedaba solo, no quería estar con sus hijos, lloraba y tomó más licor”, relató.
13 días después de la muerte de Pedro Geovanni, Ronald Dagoberto sufrió dos derrames y luego un infarto. En el Hospital Alemán Nicaragüense le dijeron que se había intoxicado por el consumo de medicamentos.
Doña Janeth encontró bajo la cama de Ronald Dagoberto, gran cantidad de paquetes vacíos de pastillas de acetaminofén. “Fue con esas que se suicidó”, aseguró.
FUERON “LOS CATÓLICOS”
Para la Policía, los autores del crimen contra Pedro Geovanni Tijerino Espinoza son los miembros de la pandilla “Los Católicos”, que opera en el barrio Jorge Casalí y al fondo de Waspam Norte. Pero la Policía no puede o al menos prefirió no especificar los nombres de las personas que cometieron el hecho sangriento. Deykerth Johanes, oficial de Información y Análisis del Distrito Seis de Policía, explicó que miembros de esta misma pandilla son los autores del asesinato del joven Julio Domingo Berríos Martínez, de 22 años, registrado al amanecer del 6 de diciembre pasado.
“Ese crimen tiene las mismas características del hecho cometido contra Pedro Geovanni”, asegura Johanes.
“Dos miembros de la pandilla “Los Católicos” interceptaron a Berríos Martínez, que pertenecía a la pandilla “Batos Locos”, le dieron en la espalda con un tubo y luego con el canto de un machete le pegaron en todo el cuerpo, finalmente le ensartaron un verduguillo que le provocó una hemorragia interna, y murió”, aseguró el oficial de Policía.
Hay elementos coincidentes en ambos crímenes que, según Johanes, hacen indicar a la Policía que son los miembros de la pandilla “Los Católicos” los responsables del crimen.
Pedro Geovanni recibió una cortada en la muñeca izquierda, otra en el cuello; en el hombro izquierdo; en la cabeza lado frontal derecho cruzando la sien; otra en la ceja; una cortadura entre la nariz y el ojo derecho; una en el pómulo izquierdo, un machetazo en la parte trasera de la oreja izquierda, una cortadura en el centro de la cabeza en la parte conocida como la coronilla y golpes en todas partes del cuerpo, detalló el oficial de Policía, quien aseguró que la Policía tiene una lista de nombres y que su captura es cuestión de días. “Ya hay algunos identificados”, dijo Johanes.
CON ANTECEDENTES
Para la Policía Nacional, Pedro Geovanni Tijerino Espinoza tenía un largo historial delictivo. Era conocido con el mote de “Cascarita”. “Este muchacho tenía antecedentes de pertenecer a una pandilla que opera en ese barrio, tenía tatuajes en todo su cuerpo, pecho, brazos, espalda”, detalló Deykert Johanes, oficial de Información y Análisis del Distrito Seis de Policía, pero eso fue negado por los padres de la víctima.

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