MIéRCOLES 18 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24056 / ACTUALIZADA 12:45 am





EL HUMOR DE






Reloj de la antigua Catedral nunca más dará la hora

Foto  
. Las pocas piezas que quedaron del aparato estaban entre la chatarra

El relojero Franz Dreher (sin gorra) mientras examina el reloj de la antigua Catedral de Santiago de Managua.

 

Adelayde Rivas Sotelo
revista@laprensa.com.ni

El reloj de la antigua Catedral de Santiago de Managua fue diseñado para tener 200 años de vida útil, pero los nicaragüenses apenas lo gozaron 30 años.

El terremoto de 1972 no sólo provocó que sus agujas dejaran de indicar la hora, sino también la despedida de un valioso mecanismo que “en otros países pudo ser resguardado como una pieza histórica”.

Franz Dreher, relojero de nacionalidad alemana-nicaragüense, motivado por la investigación realizada por LA PRENSA sobre el paradero del reloj —más tarde encontrado en piezas en el sótano del Palacio Nacional de la Cultura— viajó desde Alemania el pasado 12 de enero para estudiar la posibilidad de echar andar el antiguo aparato.

“Nunca más dará la hora”, fueron las palabras de Dreher al constatar que, de toda la montaña de chatarra en la que se encontraba, sólo las tres carátulas y sus agujas tenían forma de reloj.

Según el experto, estas piezas constituyen un diez por ciento del aparato. El resto está perdido.

“Con este hecho podríamos suponer que ocurrieron dos cosas: O las piezas que aun están aquí fue lo único que encontraron allá arriba (en la catedral), o las personas que lo bajaron miraron la oportunidad de desarmarlo y vender algunas partes de bronce”, dijo Dreher.



LO RECUPERABLE

El especialista con postgrado en relojes Omega y Rolex, sugirió al director del Museo Nacional, Edgard Espinoza, colocar las tres carátulas con sus respectivas agujas en una pared, con una placa al lado que describa su historia.

“En Alemania y muchos países europeos realizan algo similar”, comenta Dreher.

El reloj recuerda varios hechos. Si las pocas piezas oxidadas o destrozadas —que continúan deteriorándose por la humedad en el sótano del Palacio Nacional— hablaran, quizá nos explicarían cómo las seis manecillas poseen orificios de bala por todos lados.

“El reloj no se escapó de los conflictos bélicos de la década de los ochenta”, comentó Dreher.

Nelly Bello de Dreher, esposa de Franz Dreher, también vino a Nicaragua porque guardaba la esperanza que los managuas tuvieran nuevamente la dicha de tener un reloj con la belleza que este poseía.

“En otros países este tipo de objetos es considerado como una pieza de valor histórico y patrimonial”, dijo Bello.
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