MIéRCOLES 18 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24056 / ACTUALIZADA 12:45 am





EL HUMOR DE






Matrimonio, relativismo y decadencia moral

El relativismo ético que permea la sociedad occidental contemporánea promueve la decadencia de instituciones fundamentales que sirven a la preservación ordenada de la misma humanidad. Una de ellas es el matrimonio, el cual, por definición (del latín matrimonium, estado de maternidad) es la unión de una mujer y un hombre para procrear nuevos seres y preservar la especie humana. En nuestros días asistimos al hecho insólito —único en la historia— de legislaciones que autorizan el matrimonio de personas del mismo sexo, conocidas como “gay” (del antiguo adjetivo inglés que significa “alegre”, “feliz”). En los Países Bajos, Bélgica, España y Canadá el matrimonio entre homosexuales es reconocido nacionalmente. En el Estado norteamericano de Massachusetts es reconocido desde el 2004 y en este año lo será también en Sudáfrica. Hay otros países en los que se prevé un cambio en la legislación a favor de estos matrimonios. El famoso cantante de 58 años, Elton John y su pareja, el canadiense David Furnish, de 43 años, se unieron civilmente en días pasados aprovechando la reciente Ley de Unión Civil en Inglaterra.

La orientación sexual de los individuos es un asunto privado y —siempre que se mantenga a ese nivel— cada cual es libre para optar por lo que mejor le parezca. Sin embargo, el matrimonio es una institución social y por lo tanto no representa un interés privado. Aquí lo que está en juego es la familia, base de la sociedad en todas las épocas de la historia humana. Por lo tanto, el matrimonio debe reservarse únicamente a parejas heterosexuales, ya que la procreación como resultado de la unión entre un hombre y una mujer es lo que la naturaleza y el sentido común mandan.

La sicología ha demostrado la importancia de la figura paterna y materna en la formación de la personalidad y de la sicología del niño. El profesor Alexander Schuller, de la Universidad Libre de Berlín, en un artículo publicado en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, decía: “Todos sabemos qué es un matrimonio y para qué lo necesitamos: para asegurar que en el futuro se mantenga la sociedad. La educación, más concretamente, la socialización, exige de los hombres —a diferencia de todos los demás animales— cuidados domésticos muy prolongados. En la familia, cuando está formada por padres e hijos, aprende el niño a vivir con diferencias de poder, edad y sexo. Así tiene que desarrollar estrategias de lenguaje, cognitivas y afectivas y formarse al mismo tiempo una imagen del mundo con la que pueda orientarse de forma segura”.

Una pareja homosexual no puede suplir una socialización completa y crea individuos incompletos, en palabras de Freud: “un individuo en el cual no llega a formarse el desarrollo síquico suficiente para volcarlo hacia su objetivo natural, que es el otro sexo”. El profesor Schuller agrega: “Hay que definir el matrimonio de otra forma: no de forma más amplia, sino más estrecha. No de forma democrática sino ciñéndonos a su función. El matrimonio da a los hombres lo que les falta: el otro”.

Una cosa es respetar la preferencia sexual de los “gay” y a ellos como personas, y otra muy diferente reconocer a sus uniones carácter y derechos matrimoniales. El matrimonio, repetimos, cumple una función social mientras que la relación homosexual sólo satisface afinidades psicológicas y sexuales. Tenemos que ser consistentes con los principios y valores que le dan sentido y coherencia a nuestra vida. Hay verdades que no pueden comprometerse y es necesario sostenerlas aunque la mayoría esté en contra, pues ésta puede estar equivocada.

Cuando el senado holandés aprobó por amplia mayoría la ley que reconoce las uniones entre personas del mismo sexo así como su derecho a la adopción, el cardenal Adrian Simonis, Obispo de Utrech, dijo que el matrimonio entre personas del mismo sexo es una contradicción en términos. Y es verdad. Para ser congruentes, los homosexuales que se casan entre sí tendrán que buscar una palabra diferente de “matrimonio” para definir su relación. La acelerada decadencia espiritual de las sociedades europeas a causa del relativismo filosófico que han adoptado como principio de vida se refleja en sus leyes. Pero no significa que les asista la razón y la verdad. Aunque ya sabemos que hablar de verdad en Europa se ha vuelto intelectualmente vergonzoso.
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