Una obligación con la historia
José Antonio Alvarado
En las elecciones del 2006 los nicaragüenses con derecho al voto nos vamos a jugar la vida democrática de la Nación y el futuro de la población. Por eso los demócratas de nuestro país debemos concertar una gran alianza nacional para conformar una sola alternativa, capaz de enfrentar una contienda electoral que va a significar la democracia o el sometimiento, la libertad o la dictadura.
Y para lograr este objetivo, no podemos entrar divididos a los comicios, respondiendo a ambiciones personales o intereses partidarios, llenos de sectarismos.
Nicaragua nos está exigiendo una reflexión madura sobre los peligros que amenazan nuestras libertades individuales, nuestros derechos humanos, el desarrollo y la estabilidad económica del país, la inversión extranjera, la coexistencia pacífica en el concierto de las naciones y la paz interior en la vida nacional.
Nicaragua nos está exigiendo decisiones maduras y concretas que ordenen una única oferta democrática electoral, capaz de convocar a los nicaragüenses que aspiramos democracia participativa y libertad con desarrollo.
Crear una gran coalición quiere decir que todos los partidos, todas las alianzas, y todos los ciudadanos nicaragüenses vamos a ir a esas elecciones con el objetivo de vencer, con la voluntad de que el pueblo nicaragüense ejerza su derecho al voto para que gane la democracia. Tenemos que ir unidos y la población debe escoger sus candidatos.
Esta gran alianza tiene que abrir los espacios democráticos para que el pueblo, en un verdadero ejercicio de libertad y democracia, participe en unas elecciones primarias, y tenga la oportunidad de elegir a quienes van a representarlos en las próximas elecciones, para escoger a quienes van a ser sus candidatos.
Los postulantes que el pueblo designe en las elecciones primarias, deberán encarnar las aspiraciones y calidades administrativas y políticas que requiere una nación moderna que debe superar la miseria, la falta de empleo, el analfabetismo, la falta de salud, las carencias energéticas, una nación que debe organizar la estabilidad institucional y el equilibrio entre los poderes del Estado, y convertir a Nicaragua en un país atractivo y estable que motive la inversión nacional y extranjera.
Esta convocatoria a la unidad de todos los demócratas nicaragüenses, la hago con la pasión de un convencido que sólo una gran alianza nacional —resultado de un proceso de elecciones primarias, libres y transparentes— puede salvar a Nicaragua. Es un llamado dramático para que podamos ver los graves peligros a los que estamos expuestos en el proceso de las elecciones nacionales del 2006.
El autor es precandidato a la Presidencia de la República.

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