MIéRCOLES 11 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24049 / ACTUALIZADA 01:00 am





EL HUMOR DE






¿Fracasó el neoliberalismo?

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José Luis Medal

Con reiterada frecuencia la “izquierda” sostiene que en América Latina en general y en Nicaragua en particular ha fracasado el denominado “modelo económico neoliberal” de economía de mercado y que ha llegado la hora de implementar un modelo alternativo. Sin embargo, la realidad es que no existe un conveniente “nuevo modelo económico” que conduzca al desarrollo económico y social de Nicaragua. Ni el populismo a lo Chávez o el estatismo cubano son convenientes para el país. Lo que cabe en todo caso son algunas modificaciones a las políticas neoliberales del Consenso de Washington, así denominadas porque son promovidas por el FMI, el Banco Mundial y el BID, organismos con sede en la ciudad de Washington. Esas políticas a pesar de la retórica de la izquierda, siguen siendo aplicadas en lo esencial en Brasil, Chile y Uruguay, países gobernados por partidos socialistas.

Sin entrar en el detalle del listado de las políticas del Consenso de Washington, cabe destacar que algunas de ellas sí se han aplicado en Nicaragua desde 1990, con efectos, por lo general, positivos. Entre ellas: la reducción del déficit fiscal, la política monetaria antiinflacionaria, la liberalización de precios y de las tasas de interés, la desgravación arancelaria y la apertura comercial, la promoción de la inversión extranjera, la desregulación, el respeto a los derechos de propiedad y la privatización de empresas públicas. Sin embargo, otras importantes políticas neoliberales brillan por su ausencia. En Nicaragua no se prioriza la educación primaria, ni existe un tipo de cambio competitivo que promueva las exportaciones, ni un sistema tributario neutral. De hecho el tipo de cambio sobrevaluado —que desestimula las exportaciones y el actual sistema tributario— que promueve un comportamiento rentista empresarial, como el caso del turismo son todo lo contrario a las prescripciones de política económica del Consenso de Washington.

Lo anterior permite afirmar que parte del problema radica no en la aplicación de las políticas neoliberales sino en la ausencia de algunas de ellas. El tipo de cambio sobrevaluado por ejemplo, contribuye en buena medida a que Nicaragua sea más un país de importadores que de productores y exportadores. No es posible por otro lado establecer tasas impositivas bajas con base amplia, prescripción neoliberal, porque el sistema tributario está plagado de exoneraciones y exenciones. Por otra parte, la priorización de la educación primaria —política del Consenso de Washington— no es posible porque la prioridad constitucional es el seis por ciento para las universidades.

Por otro lado es importante señalar que no deja de ser un peligro el propugnar por un cambio de modelo económico. Por ejemplo, en los años setenta se identificó al “sistema capitalista dependiente” con el régimen político somocista. En 1979 se intentó cambiar ese “modelo capitalista” por un “modelo socialista”— disfrazado tácticamente— de “modelo de economía mixta”. Se pretendía ideológicamente llegar a un cambio total del modelo económico. Sólo más tarde se comenzó a aceptar que durante el período 1950-78 bajo el gobierno de los Somoza, a nivel macroeconómico, la economía había funcionado de manera excelente. El problema no lo era todo el sistema económico, sino la dictadura política, la exclusión social y la degradación ambiental, lo que requería de importantes medidas correctivas, pero no el cambio total a un modelo económico estatizante. El país pagó muy caro con ese experimento histórico de intento de “cambio de modelo económico”.

Algo peligrosamente similar puede ocurrir nuevamente a comienzos del siglo XXI. La insistente crítica al “modelo económico neo-liberal” y la satanización de las correspondientes políticas promovidas por los organismos internacionales, conduce a la “izquierda” a plantear la necesidad de establecer en Nicaragua un “modelo económico alternativo”. Las consecuencias —si terminan haciendo lo que dicen que harían, lo que es discutible— podrían ser nuevamente desastrosas.

En vez de hablar de “un cambio del modelo económico”, lo que es necesario es discutir medidas y políticas económicas específicas como por ejemplo los pro y los contra de crear una banca de fomento. Podría inclusive ser conveniente modificar algunas políticas concretas promovidas por el FMI, el Banco Mundial y el BID, instituciones que dicho sea de paso han enfatizado correctamente en años recientes, el combate a la pobreza, pero no satanizar todo el “modelo económico neoliberal” que promueven esos organismos.

Innecesario es advertir que si la llamada izquierda accede al poder e intenta realmente cambiar el “modelo económico capitalista neoliberal” y además sigue promoviendo la confrontación con Estados Unidos, Nicaragua cometería otro grave error histórico como el de los ochenta, lo que haría retroceder al país otros cuarenta años.

El autor es economista.
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