Entrevista - Jorge Brenes Abdalah, gerente general de la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua (APEN)
“Estamos entrando a las grandes ligas”
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Jorge Brenes Abdalah es quizás uno de los dirigentes más jóvenes del sector privado de Nicaragua. Asegura que APEN está en un proceso de reformas para aprovechar las oportunidades del mercado internacional, sin olvidarse de sus orígenes centrados en la producción y exportación de los productos no tradicionales. “Para nuestra institución cada dólar que viene es bien importante venga de donde venga”, dice |
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Mario José Moncada economia@laprensa.com.ni
Con su maestría en Agronegocios en la Universidad Estatal de Ohio, Estados Unidos, y con su título de Ingeniero Agrónomo que logró en la Escuela Agrícola Panamericano El Zamorano, en Honduras, Jorge Brenes Abdalah dirige una de las principales organizaciones del sector privado de Nicaragua.
Se dedica a producir arroz y también a criar ganado, con lo cual asegura ha podido darse cuenta de los múltiples pegones que enfrentan, en el día a día, los productores y exportadores para generar las divisas que el país necesita.
Este masaya, con ancestros palestinos, es crítico de las políticas gubernamentales, pues dice que aún hace falta mucho por hacer para mejorar las facilidades para transportar la producción. Pero reconoce que también el sector privado debe poner de su parte para aprovechar el mercado internacional, produciendo lo que el mercado demanda, incluyendo los volúmenes.
Está casado con la periodista y ex presentadora de televisión, María Gabriela Vega, de quien dice ha decidido retirarse de momento del mundo periodístico para estar al lado de las dos niñas que han procreado. “Uno de mis defectos es trabajar tanto. Algunas veces mi esposa me reclama, o me dice que haga un alto y disfrute de mis niñas. Pero ciertamente en este momento mi mejor pasatiempo es estar con mis niñas”, asegura este ex boy scout, organización en la que estuvo por 11 años.
“El trabajo de periodista es duro, muchas veces no hay horarios y los descansos no coinciden. Creo que lo peor para ustedes los periodistas es hacer turnos los fines de semana, es fregado verdad pasar de lunes a domingo... ¡A la vida! Y después caer al lunes de nuevo, entonces esos turnos son bárbaros”, valora.
Considera que la economía nacional, al parecer, “está cortando el cordón umbilical de la madre política, están comenzando quizás a hacer paralelas pero independientes”.
APEN ha venido dando un giro. Esto incluyó eliminar la palabra no tradicionales de su nombre ¿cuál es el sentido práctico?
APEN aunque tiene sus raíces en los no tradicionales, ha dado un giro hacia las exportaciones en general. Para nuestra institución cada dólar que viene como divisa es bien importante, venga de donde venga. Productos tradicionales como el café y la carne para nosotros continúan teniendo ventajas competitivas, aún con respecto a nuestros vecinos, entonces vale la pena seguirlos produciendo.
Pero este giro de APEN ¿qué significa en términos concretos?
Tenemos 122 socios directos y más de 2,500 socios indirectos. Eso quiere decir que de 122 socios, tenemos cerca de 10 asociaciones que igual tienen socios. De eso 122 tenés desde empresas que exportan arriba de 30 millones de dólares, hasta pequeños artesanos de San Juan de Oriente. La junta directiva de APEN, con nuestro equipo, nos trazamos el reto de desarrollar una estrategia que nos permita llegar a todos, hacernos funcionales para una gama tan diversa de miembros.
Y pensamos: lo que tenemos que hacer es desarrollar líneas transversales de trabajo que sean comunes en necesidades para todos y estas son tres: la calidad, cada uno de los miembros de APEN debe hacer las cosas con calidad y los vamos a apoyar para que así lo hagan; la logística, que va desde el diseño del etiquetado del producto hasta lograr que el transporte de un contenedor que actualmente le cuesta 4,700 ó 5,200 dólares, desde Managua a Miami, a un productor de no tradicionales como sandía o melón, pueda bajar a 3,500 dólares; y el encadenamiento donde pequeñas empresas giren como satélites alrededor de empresas ya establecidas que tengan cierta experiencia en la exportación y que además sirvan para aprovecharse mutuamente y que estas pequeñas crezcan pegadas de las más grandes. Eventualmente estas pequeñas crecen tanto que se convierten en otro planeta, que a su vez va a tener satélites.
¿Esto entonces ha obligado a reestructurar la organización?
Sí, y para eso hemos desarrollado un nuevo organigrama que es nuestra gerencia de proyectos, nuestra gerencia de servicios a los exportadores, nuestra gerencia de administración de tratados, debido al nuevo ambiente de apertura comercial, y nuestra gerencia de mercadeo.
¿Cómo el Estado puede contribuir a mejorar estos problemas de logística, por ejemplo en los puertos y las carreteras para reducir esos costos?
Hay dos formas de hacerlo. Una es el hardware y el otro es el software. Todo el tema de infraestructura, puertos y carreteras, es el hardware, pero el software es todo aquello que podemos hacer en ideas, en legislación.
Nicaragua no tiene un marco legal que permita la inversión privada en puertos de aguas profundas. Esto en algunos países de América Latina ha sido la solución para que vengan navieras y establezcan sus propias facilidades portuarias, porque acordate que la naviera lo que ofrece es tiempo y la oportunidad de poner algo en un lugar, para lo cual firma con vos un contrato y dice que te lo va a poner en un lugar en cierto tiempo. Pero esta naviera debe sentir la seguridad que le va a cumplir al cliente, si no, no se mete. Entonces algunas de ellas, para sentir que pueden hacer una inversión y pueden meterse al país, muchas veces prefieren sus propias plataformas de embarque.
Este software falta. En el tema de los trámites se ha hecho algo, a finales del año pasado asistimos a la inauguración de las nuevas oficinas del Centro de Trámites de las Exportaciones, y del sistema en línea del trámite de las exportaciones, esto es un avance. Pero por ejemplo todavía un productor y exportador debe venir desde Matagalpa a Managua para obtener un permiso. Esas son cosas que aún hay que corregir y que representan costos y tiempo para el productor y exportador.
Por supuesto, se comienzan a ver esfuerzos importantes en el tema de infraestructura habiendo terminado la carretera a El Rama e inaugurado el muelle, pero queda muchísimo por hacer, como el dragado en Río Escondido y en el Puerto de Corinto para el ingreso de buques de mayor calado.
¿Cómo valora la política gubernamental de negociar tratados de libre comercio?
Ayudan definitivamente. Hasta la fecha desde APEN vemos que el mercado no es un problema para Nicaragua. Estamos en una posición privilegiada en cuanto a la posición con respecto a economías muy grandes que necesitan lo que nosotros somos capaces de producir. Nuestro “talón de Aquiles” está en producir, en dar respuesta a los volúmenes que necesita el importador, producir con la calidad necesaria, en el tiempo adecuado, las veces que lo requieren y al precio que así lo requieren. Esos son los problemas. Si venimos y resolvemos el problema de producir los volúmenes adecuados, al precio adecuado, ya la hicimos.
Debemos resolver el tema de acceso al dinero, y no necesariamente me refiero al crédito, el crédito como tal no es el problema, crecen los ahorros en los bancos, y para el banco no es negocio tener la plata del ahorrante, es colocarlo.
Pero faltan políticas de Estado, como por ejemplo para el saneamiento de la propiedad, para reducir el riesgo país para hacer bajar las tasas de interés, para reformar la Ley de Bancos que permita abrir bancos regionales en el país con un monto base menor, pues ahora hablamos que un banco necesita al menos diez millones de dólares para comenzar a operar, pero claro manteniendo las exigencias de operación.
Hay que crear una serie de mecanismos, y esto tiene que ser del Estado con el sector privado, de desarrollo de políticas y echarlas a andar.
Dice que el mercado no es el problema principal, pero muchos hablan de las restricciones escondidas para exportar que pueden tener los tratados de libre comercio.
Son un desafío definitivamente las barreras arancelarias y fitosanitarias. Una pequeña cadena de supermercados de Chicago de mediano tamaño invirtió en imagen cien millones de dólares. ¿Qué pasaría si un cliente se enferma con salmonela al comprar un queso nuestro? Los 100 millones de dólares van a la basura. De tal manera que estamos entrando a las grandes ligas y debemos comportarnos como tal.
En cuanto a la apertura comercial es sencillo. Somos una economía de cinco millones de habitantes, más o menos con un PIB de 4,500 millones de dólares. Comenzamos nuestra apertura comercial en los sesenta con el Mercado Común Centroamericano y se vio truncado, pero esta iniciativa es retomada en los noventa con México.
Somos una economía pequeñita, si nos abrimos con uno que es mucho más grande, lo mejor es que nos abramos con todos, que sean ellos los que se peleen por un minúsculo mercado, y como país concentrémonos en producir aquello que los demás no tienen. Necesitamos mucha imaginación, aunque muchas veces no, y lo que necesitamos es ponernos a trabajar.
Precisamente el Gobierno ha trabajado acuerdos comerciales con Norte y Centroamérica, pero hay quienes dicen que también sería conveniente mirar a mercados emergentes o mercados como Asia y Sudamérica.
El 35 por ciento de nuestras exportaciones van a Estados Unidos, el 42 por ciento a los países de Centroamérica, de tal forma que con el DR- Cafta tenés la mayor parte. Además, un 12 por ciento de esas exportaciones va a Europa, un 2 por ciento a Japón, y lo demás al resto del mundo. Lo más lógico es comenzar donde vos tenés ya un pie puesto, si tenés un negocio y querés ampliar vas a hacerlo donde conocés el mercado, es igual como país.
Por ejemplo, conocemos muy poco del mercado de Sudamérica y por ahí anda la idea de lo que se llama ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), y plantea volver nuestros ojos a Sudamérica, si no es malo, ahí hay dinero, y nos pueden comprar algunos productos. Sin embargo siendo prácticos, y te comenté el tema de logística, ¿cuántos barcos viajan hoy por hoy a Sudamérica? ¿Entonces cuál es la propuesta: abandonar el mercado de Centroamérica y Estados Unidos para volver a Sudamérica, donde Brasil produce cien veces más carne y azúcar que nosotros, y donde Argentina produce maní, donde ellos son también grandes exportadores de productos primarios?
Entonces, es bueno mirar hacia ellos, pero hay que verlo con detenimiento, y cuando estemos bien fortalecidos en lo que nosotros conocemos, miremos hacia otros lados. Vos sabés que la economía hispana en los Estados Unidos es la sexta economía en el mundo, superada por Estados Unidos como un todo, Francia, Alemania, y otros países. Es un mercado que come lo que vos comés, muchas veces no lo tiene, y añora comerlo, así de sencillo. Entonces, ahí está ese mercado, lo que debemos es producir.
La herencia palestina
Jorge Brenes Abdalah es un masaya de 32 años, de los cuales unos 15 los vivió en Costa Rica, Honduras y Estados Unidos. Por sus venas corre sangre árabe.
Al hablar de sus ancestros, en especial de su abuelo que emigró desde Palestina a Nicaragua allá por los años 1930, antes de hacer una escala en Nueva York, lo hace con total orgullo. Y más aún cuando recuerda a su madre Amina, que nació en Nicaragua, y de su padre Nicolás.
“Mi abuelo Mohamed vino aquí en los años treinta. Dicen que llegaron a Nueva York, ahí había una islita chiquita antes de llegar a la ciudad propiamente dicha, donde los metían (a los emigrantes), porque antes de que tocaran tierra firme los vacunaban contra todo”, rememora.
Y prosigue: “Al llegar a Nueva York mi abuelo le dijo a mi tío abuelo: ‘si así es el norte de América ¿cómo será el centro?’ Después se vinieron por el Canal de Panamá, llegaron a Corinto (Nicaragua) y se encontraron con nubes de chayules... Y para colmo llegaron bajo un aguacero de la gran diabla, pero decidieron quedarse”, subraya. “Como todos los árabes, vinieron a vender telas”, añade.
“En realidad fueron cuatro hermanos los que vinieron (incluyendo al abuelo Mohamed). Al final se quedaron dos, uno de ellos mi abuelo, de ahí nació mi madre. Pero después ellos, junto con mi madre en ese entonces de unos cinco años, se regresaron a Palestina. Pero mi madre regresó (a Nicaragua) cuando tenía 14 años por la guerra entre palestinos y judíos que duró del 47 al 54. Al final se vinieron huyendo de la guerra y aquí cayeron en otra”, detalla visiblemente emocionado.
Brenes Abdalah insiste en que una de las principales herencias son los valores familiares.
“Una enseñanza de superación de mi abuelo es que era un campesino bien pobre en Palestina. Llegó a hombre y no sabía leer ni escribir, pero siendo ya hombre aprendió a leer y escribir en español, aunque no sabía leer ni escribir en árabe. Esas son cosas importantes que uno debe transmitir a sus hijos”, dice.
Al comentar el actual conflicto entre palestinos y judíos, se queda pensando, se toma su tiempo y responde: “Es una pregunta difícil... creo que siendo primos hermanos, judíos y árabes, debería llegar el momento de que se limen las asperezas, que muchas veces son cáscaras horribles”.
“Creo que debe haber una convivencia en paz allá, en esa tierra que espero visitar pronto, porque ahí están parte de mis raíces”, augura esperanzado.

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