LUNES 9 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24047 / ACTUALIZADA 12:30 am





EL HUMOR DE






El caballo ganador

No sólo en Nicaragua sino también en toda Latinoamérica, e inclusive mundialmente, la política ya casi no se practica en base de principios sino en función del utilitarismo.

Es tan grave y generalizado este problema de la política despojada de principios, en orfandad de valores y orientada sólo a conseguir y ejercer el poder para disfrutar de sus beneficios materiales, que fue el eje del debate en un Encuentro Iberoamericano que se celebró el año pasado en Sevilla, España, en el que se hicieron vehementes recomendaciones a la clase política de ambos continentes para que le restituya su valor ético, su carácter humano y su función de servicio social.

Por supuesto que siempre es mucho más fácil hacer recomendaciones que aplicarlas. Y en el ámbito de la política, en una época como la actual que está dominada por el relativismo ético en todas las esferas del quehacer humano y la vida social, es muy difícil —por no decir imposible— convencer a los miembros de la casta política de que deben cambiar su enfoque y sus pautas de comportamiento, lo cual es indispensable no sólo para beneficio de la sociedad y los ciudadanos, sino también de los mismos políticos.

En innumerables ocasiones se ha dicho —y se continúa repitiendo—, que la democracia es la mejor forma de organización política y de gobierno, porque se basa en la elección libre de los gobernantes y el respeto a la ley correctamente dictada. Pero la democracia es también una forma de vida que se basa en la consecuente y efectiva vigencia de los derechos humanos; es un quehacer permanente fundado en principios y valores de los que deben estar imbuidos los ciudadanos y en primer lugar las personas que asumen la responsabilidad de gobernar. En este sentido, no se puede ni se debe concebir la democracia como una simple aspiración colectiva a la vigencia de formalismos jurídicos, en un ámbito imaginado como ausente de conflictos, sino que debe ser asumida como una tarea cotidiana para posibilitar el derecho a tener derechos, y por lo tanto tiene que ser una práctica social necesariamente sustentada en principios y valores.

En todo caso, la democracia, como dijera el ex Presidente del Gobierno de España, Felipe González, en el antes mencionado Encuentro Iberoamericano, “no garantiza el buen gobierno. Lo que garantiza la democracia es que podemos echar a los malos gobernantes... a largo plazo, la democracia tiende a garantizar una mejora en la gobernanza, porque los gobernantes temen ser castigados en las urnas. Pero la democracia, en sí misma, no garantiza un buen gobierno. Cuando vivimos en una dictadura, no tenemos manera de sacarnos de encima al gobernante, sea bueno, malo o regular. En democracia podemos cambiar de gobernante y eso es lo fundamental de la democracia...”

De manera que el sistema político debe garantizar el mecanismo de cambiar a los gobernantes periódicamente, ya sean buenos, malos o regulares; pero no es posible si los mismos ciudadanos —que tienen en sus manos la posibilidad y la capacidad, mediante el voto, de cambiar a sus gobernantes— , prefieren hacerse daño a ellos mismos, apoyando a partidos dominados por líderes o caudillos corruptos. De esta manera no hay cómo la democracia pueda funcionar correctamente.

En las condiciones específicas de Nicaragua y ante las próximas elecciones presidenciales y legislativas —que serán cruciales igual que las tres anteriores, de 1990, 1996 y 2001—, se quiere convencer a los electores nicaragüenses que deben optar de nuevo por los partidos FSLN y PLC, sólo porque son mayoritarios y, por lo tanto, “caballos ganadores”. Sin embargo, el inevitable y evidente desgaste de ambas maquinarias políticas por culpa de sus propios errores, sobre todo por su desmesurada corrupción y la codicia de tener el poder por el poder mismo, plantea la posibilidad real de la formación de nuevas mayorías políticas en Nicaragua: del centro hacia la derecha, con el movimiento del disidente liberal Eduardo Montealegre; y del centro hacia la izquierda, con la organización del disidente sandinista Herty Lewites.

En uno de estos dos movimientos podría estar el nuevo “caballo ganador” y valdría la pena probarlo en las elecciones del 5 de noviembre de este año.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

El caballo ganador