SáBADO 7 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24045 / ACTUALIZADA 01:30am





EL HUMOR DE






Guerra a graffitis en Nueva York

AFP

NUEVA YORK.- Durante mucho tiempo parte emblemática del paisaje neoyorquino, los graffitis —actualmente menos visibles— están en el centro de una nueva ofensiva de la municipalidad, decidida a darles el tiro de gracia.

Desde el primero de enero se aplican nuevas restricciones, que elevaron de 18 a 21 años la edad mínima requerida para la posesión de aerosoles y rotuladores. También está prevista una multa para todos los comercios o edificios que no limpien sus fachadas u olviden denunciar el desacato a las autoridades.

La medida más controvertida es que pasearse por un lugar público con útiles para hacer graffitis y la intención de utilizarlos para pintar una pared o una vereda es ahora castigable para cualquier joven.

“Son decisiones de sentido común que nos ayudarán a luchar contra los graffitis y a mantener nuestra ciudad limpia y hermosa”, indicó el alcalde Michael Bloomberg.

En el origen de la ley, el consejero municipal Peter Vallone va más lejos: “Estas reglas son límite”, dijo al Daily News. “Pero ya no podemos dejar que estos gamberros que pintan con aerosoles tomen nuestra ciudad por un lienzo”, sostuvo.

La iniciativa, que alcanza nuevas proporciones, genera polémica, relanzando así un debate de más de 20 años entre quienes defienden en los graffitis un instrumento de expresión y los que lo consideran vandalismo.

“Esta ley es ridícula. ¡Ahora es un crimen para un menor caminar por la calle con un rotulador!”, señala Donna Lieberman, directora del NYCLU, la gran asociación de defensa de las libertades civiles.

“Una cosa es castigar las pintadas ilegales, otra criminalizar el transporte de un bolígrafo. Esta ley se aplica a todos los artistas. La municipalidad criminaliza actividades legales, apuntando a la juventud”, indicó.

Los graffitis, nacidos en Nueva York antes de extenderse a todas las metrópolis del planeta, desaparecieron del metro neoyorquino en los años noventa, con la instalación en los subterráneos de un revestimiento de acero inoxidable resistente a la tinta. Algunos writers, como se llama a quienes pintan graffitis, se reconvirtieron así en áreas como el dibujo publicitario.

Pero en toda la ciudad, especialmente fuera de Manhattan, los graffitis todavía son fácilmente visibles, en una esquina, un muro, el final de una vía férrea o en un almacén cerrado, a menudo renovados durante la noche por jóvenes.

Los graffiteros veteranos también lo hacen cada tanto, como explica KET, de 35 años, leyenda del graffiti de la ciudad y actualmente editor de publicaciones.

“Para muchos es como un hobby”, indica este hombre, que solo da su nombre artístico. Para él, el plan municipal es “injusto” e ineficaz. “No creo que cada persona que se pasee con un spray sea un graffitero. Y ninguna de estas medidas detendrá los graffitis y la necesidad de expresarse. La ciudad sigue gastando su dinero sin plantearse la interrogante de si somos artistas o generadores de problemas, como nos llaman”, indicó, llamando a que se desarrollen espacios de exposición.
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