Blanco y negro
¿Quién debe doblar su rey?
Eduardo Enríquez
Esta columna va dedicada a todos aquellos que le temen tanto a un eventual triunfo de Daniel Ortega que hasta están dispuestos a votar por el mismísimo Arnoldo Alemán. Quiero aclarar que sigo considerando que el escenario ideal es el de las cuatro bandas, pues es una oportunidad única para disminuir la polarización del voto y ayudarnos a crecer como nación democrática.
Sin embargo, como las cuatro bandas conllevan necesariamente cierta “división del voto democrático”, esto horroriza a quienes piensan que el voto sandinista —aún a pesar de la candidatura de Herty Lewites— es monolítico y disciplinado, lo cual, según dicen, garantizaría el triunfo de Daniel Ortega en primera vuelta.
Y aunque hay argumentos contra esa idea, el punto de esta columna es que quienes promueven la unidad de los “candidatos democráticos”, deben hacerlo desde otra perspectiva.
Ellos plantean que los “candidatos democráticos” se unan bajo la bandera del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) pues es el partido mejor organizado después del Frente Sandinista y “es el único” que ha derrotado a Daniel Ortega.
El único “candidato democrático” que está fuera del redil del PLC (y por ende fuera del control de Arnoldo Alemán) es Eduardo Montealegre.
El problema es que todo el que impulsa la tesis de la unidad, de manera implícita plantea que quien debe rendir su rey es Montealegre, que debe obviar toda la corrupción y todo el pacto por “el bien de Nicaragua” como diría José Antonio Alvarado, quien ya rindió su rey. Alvarado puede darse ese lujo porque su intención de voto es del 3 por ciento. Pero ¿por qué debe hacerlo Montealegre cuando tiene una intención de voto diez veces mayor?
El argumento de que Montealegre como candidato del PLC tiene asegurada la elección en primera vuelta, es cierto. Pero debió ser el PLC el primero en reconocerlo y tomar como maná del cielo el liderazgo que Montealegre estaba desarrollando. Sin embargo, más bien lo expulsaron porque ¡su pecado era ser más popular que el máximo líder!
¿Y ahora tiene que regresar? ¿A cambio de qué? ¿Qué sentido tendría elegir a Montealegre si la Asamblea Nacional, la Corte Suprema, el Consejo Supremo Electoral, la Fiscalía y la Contraloría siguen en manos del pacto? Lo único que hace atractivo a Montealegre es que promete romper con el pacto. Si se convierte en un pactista más no tiene nada que ofrecer a Nicaragua.
Los que impulsan la tesis de la unidad deberían poner la presión sobre Alemán y los arnoldistas. Ellos, los responsables del pacto, los responsables de haberle dado oxígeno a Daniel Ortega y su partido, son los que deben rendir su rey y apartarse. ¿Es eso posible? No. Por eso creo que esa alianza es imposible.
Sin embargo, los que deben convencerse son los que promulgan la llamada “unidad”. Una “unidad” que ya hizo mucho daño en el 2001 cuando eliminaron artificialmente la candidatura de Noel Vidaurre, que habría permitido a los conservadores sacar al menos diez diputados y hubiera evitado los desmanes que el pacto hizo en este período.
Entre los que impulsan esa “unidad”, que no es más que la polarización del voto, están muchos del llamado “gran capital” y obviamente los Estados Unidos. Ellos no entienden que esa polarización ha mantenido políticamente vivo a Ortega por los últimos 15 años.

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