ESCRIBANOS
EDICIONES ANTERIORES
LA PRENSA
OTROS SUPLEMENTOS
SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 7 DE ENERO DE 2006
PORTADA
CUENTO
POESIA
LEXICOGRAFIA
CINE
ENSAYOS
PINTURA
MUSICA
COMENTARIO
CRITICA
PINTURA
MUSICA
COMENTARIO
CRITICA
El día que me salió el corazón por la boca

Foto  

Dibujo de Ramiro Lacayo.

 

Pedro Alfonso Morales

Yo soy saludable, casi no me enfermo. A mis diez años he ido al médico tres veces. La primera, cuando nací en el hospital. La segunda, cuando me cortaron el ombligo porque a mi madre se le ocurrió dejármelo durante tres años. Y la tercera vez, cuando me salió el corazón por la boca.

Yo venía del mercado cargando unas bolsas llenas de frutas. Mi madre traía flores para un santo y para un muerto. Eran flores hermosas, blancas y amarillas, pero olían a cementerio y a tumba. Las flores blancas eran para mi padre que dormía en el cementerio. Las amarillas, para San Rubén Darío.

Cuando salí del mercado, la vi caminando frente a mí. Era una niña preciosa, con carne de chocolate y boca de frambuesa. Su pelo negro se sacudía como pañuelo. Tenía unos dientes blanquísimos en la risa. Y sus ojos no me dejaban mirarla. Era linda y el corazón me hizo ¡tuc-cut!

Yo me detuve pero el corazón volvió con su ¡tuc-cut!, ¡tuc-cut! Mi madre lo oyó porque me miró asustada. Me dijo que estaba pálido, sin color, sin tristeza. En cambio, yo miraba a la niña con ternura. Estaba ensimismado en su belleza. ¡Qué niña tan guapa! Y creí que no existía en el mundo, una más linda que Alondra.

— ¡Qué tal Pin!, me saludó la niña. Quise decirle bien, feliz, pero el corazón siguió con su ¡tuc-cut!, ¡tuc-cut!, ¡tuc-cut! Mi madre me pellizcó la espalda para que le respondiera a la niña pero no pude. Me quedé mudo porque el corazón me golpeaba. Alondra me besó y ya no pude sostenerme. Mi madre me seguía pellizcando.

Tras el último ¡tuc-cut! vomité sobre la niña un pedazo de carne ensangrentado, de forma cónica, hueco y muscular, atado de varias arterias. La niña gritó asustada cuando tocó el órgano rojo y caliente, colgando como lengua, latiendo de ansiedad. Mi madre cayó al piso, pero se recuperó de inmediato.

Ambas trataron de meter en mi boca el corazón que se me había salido. Y como no pudieron, corrimos desesperados al hospital. La gente que me vio se reía porque me arrastraban del corazón en la boca. Ellas, con sus manos ensangrentadas, pedían ayuda a los transeúntes.

— ¡Está bueno que le pase por comelón!, decía la gente, creyendo que era carne de toro.

El doctor se quitó los guantes, secó el sudor de su rostro y se rió con mi madre. Alondra, estaba feliz como yo en la cama del hospital porque ya tenía mi corazón adentro.

Telica, León.  
.


---
El día que me salió el corazón por la boca