VIERNES 6 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24044 / ACTUALIZADA 01:30 am





EL HUMOR DE






El futbol y sus contradicciones
Fascismo y racismo

Foto  

El italiano Paolo Di Canio, justo en el momento que alza su brazo en un gesto fascista que desató incontables polémicas. LA PRENSA/ARCHIVO

 

Ricardo Zúñiga
AP

MEXICO.- El brazo derecho rígido, extendido hacia un horizonte de hinchas rabiosos. La palma de la mano abierta, los dedos juntos, en perfecta sincronía de odio. El rostro duro, de cejas fruncidas, marcado con una expresión de furia.

La fotografía es del futbolista italiano Paolo Di Canio. La imagen, más abarcadora que los colores plasmados en el papel, es del racismo que corrompe los cimientos de los estadios europeos.

Di Canio fue suspendido un partido y multado con 11,977 dólares por su gesto del 12 de diciembre al ser sustituido de un partido de la Serie A italiana contra el Livorno.

No era la primera vez que el brazo tatuado del delantero se levantaba en saludo a los seguidores de ultraderecha del Lazio. A raíz de la suspensión, Di Canio dijo que cesaría el gesto, pero aseguró que apelará la sanción y defenderá su derecho a la libre expresión.

“Voy a evitar ciertas situaciones pero continuaré mi batalla, sin dudas y aún más decidido”, comentó el jugador, quien en una entrevista anterior dijo que su saludo era fascista, no racista.

Por supuesto, la línea que divide al fascismo del racismo es muy fina y difícil de caminar sin pisar ambos lados.

Para los que no conozcan el término fascismo, una breve explicación: es acuñado para describir al movimiento italiano nacionalista y de ultraderecha fundado por Benito Mussolini. Mussolini fue un dictador y un asesino. También fue el principal aliado europeo de Adolfo Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Hitler protagonizó una de las campañas de limpieza étnica más atroces de la historia.

Cualquiera puede unir los puntos y completar el dibujo.

Pero regresemos a la cancha.

Las acciones de Di Canio están lejos de ser un incidente aislado o nuevo. En estadios de Inglaterra, Italia y España, por mencionar algunos, se escuchan todo tipo de epítetos insultantes dirigidos, en su mayoría, a jugadores negros.

En España es común que al camerunés Samuel Etoo, implacable artillero del Barcelona y uno de los goleadores por excelencia del mundo, lo reciban con gritos de mono en los estadios rivales.

Eto’o usualmente responde con goles, callando a fuerza de pelotazos a hinchas frustrados e intolerantes.

A Ronaldo, Robinho y Juan Baptista —parte del batallón brasileño (y negro) del Real Madrid— se les criticó en España por celebrar goles con el baile de la cucaracha y la imitación de otros animales.

La excusa era que denigraba a sus contrincantes. Parece que esa función está reservada exclusivamente para el público y su retrógrado comportamiento.

En diciembre, la federación húngara de futbol multó al club Ujpest porque sus aficionados corearon insultos antisemitas durante un partido, y suspendió al árbitro por no tomar ninguna acción en el mismo.

Y en noviembre, el defensa de Costa de Marfil del Messina italiano, Marc Zoro, fue humillado hasta las lágrimas por los gritos racistas de los aficionados del Milán en un desafío de la liga italiana. Es curioso que uno de los grandes ídolos del Milán, el delantero brasileño (y negro) Adriano haya sido quien pidiera cordura a los fanáticos.



¿QUÉ DICE LA FIFA?

La FIFA y su presidente Joseph Blatter han prometido acción al respecto. Luego del castigo a Paolo Di Canio por parte de la liga italiana, Blatter solicitó el expediente del jugador para examinarlo y sugirió que podría ser expulsado del futbol de por vida.

También opinó que los clubes, que apoyan a sus barras bravas por acto u omisión, deben comenzar a asumir responsabilidad por estos incidentes.

El caso de Di Canio sería un buen punto para comenzar y sentar un precedente claro: el racismo, el fascismo, y el odio, no serán tolerados en la más mínima expresión en las canchas.

Lo irónico es que los que insultan a los jugadores negros, imitándolos como monos, son los mismos que aplauden y se desviven en alabanzas hacia cualquier jugador de tez oscura cuando perfora la malla.
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