La agonía
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El Mercosur marcha cada vez peor, y su rumbo no mejorará mucho con el arribo de Venezuela |
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Kirchner, chávez y lula, juntos pero no revueltos en materia comercial.
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Gustavo Stok Buenos Aires
Fue hermoso mientras duró. A poco de nacer, hace ya dos décadas, el Mercosur agotó parte de su agenda inicial. Derribó históricas desconfianzas y conflictos entre Brasil y Argentina y cuadruplicó el comercio de sus miembros entre 1991 y 1998. Pero desde fines de los noventa, las crisis económicas y la aparición de nuevos y vigorosos mercados, como China, volvieron al bloque una cáscara vacía. Y hoy nadie mueve un dedo para torcer su destino.
¿El resultado? Una lenta agonía. “Soy pesimista sobre su futuro”, dice Pedro Camargo Neto, ex secretario de Producción del Ministerio de Agricultura de Brasil. “Con las crisis económicas (de sus miembros) no es posible armonizar políticas macroeconómicas, claves para que una integración económica sea exitosa”. Las cifras dan la razón a esa idea. El comercio intrazona pasó de US$41,074 millones en 1997 a US$34,639 millones en el 2004 mientras las ventas exteriores de los socios del Mercosur pasaron de US$139,046 millones a US$191,782 millones.
A las crisis económicas y al imán asiático se suman las fuertes asimetrías intrabloque. La productividad industrial brasileña, por ejemplo, creció 50 por ciento desde 1997 hasta hoy, pero la argentina lo hizo 25 por ciento. Para más, las importaciones brasileñas dentro del bloque cayeron en 2004 casi 33 por ciento respecto de los US$9,517 millones de 1997. Eso ha provocado problemas económicos y políticos. Por la prescindencia brasileña, el déficit comercial de Argentina, por ejemplo, llegó a US$3,305 millones en 2004, un 105 por ciento más que en idéntico lapso del año anterior. Argentina entonces planteó crear la Cláusula de Adaptación Competitiva, que permite aplicar cupos y aranceles a importaciones que dañen la economía doméstica.
Brasil aún sigue dando largas a esa idea, pero no es el único miembro en desentenderse del Mercosur. También Paraguay y Uruguay parecen cansados de las idas y vueltas del bloque. El gobierno paraguayo ya dijo que aceptaría firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos y el uruguayo acordó uno de libres inversiones en noviembre. Es pragmatismo puro: entre 1997 y 2004 las ventas uruguayas al Mercosur cayeron a la mitad mientras a EE.UU. crecieron cuatro veces.
¿El ingreso de Venezuela como miembro pleno o con una categoría superior a la de asociado sanará al bloque? Difícil. “Es un acto político”, dice Camargo Neto. El crudo venezolano ya entra sin aranceles al Mercosur y nadie cree que las ventas de este crezcan mucho hacia Venezuela. En todo caso, el interés por Caracas es más argentino que brasileño. “Aquí estamos en una discusión precomercio”, dice Gabriel Sánchez, director de investigaciones económicas de la Fundación Mediterránea, en Buenos Aires. “Brasil, en cambio, avanzó mucho en su especialización exportadora, creó instituciones de apoyo al comercio y está bastante maduro para negociar con EE.UU. por sí mismo”. Y cuando esa negociación llegue, el agónico Mercosur habrá recibido el tiro de gracia.
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