Opinión económica
Balance económico y agenda pendiente
José Luis Medal jlmedal@cablenet.com.ni
El año recién transcurrido mostró un comportamiento económico que pudiera calificarse de regular, pero no de bueno o excelente a como algunos sostienen. La tasa de crecimiento fue del cuatro por ciento escasamente mayor que el crecimiento poblacional —de 2.7 por ciento—. Nicaragua no ha vuelto a lograr las elevadas tasas de crecimiento económico que obtuvo en las décadas del cincuenta y sesenta del siglo pasado —cercanas al seis por ciento—, ni se ha acercado a las elevadas tasas de crecimiento que han logrado en años recientes economías como la China y la India. Como se indica en el Plan Nacional de Desarrollo el país necesita crecer a una tasa anual promedio no menor del cinco por ciento, lo que no logró en el 2005. En general, durante todo el período 1990-2008 —sin mencionar la debacle de los ochenta— la tasa promedio de crecimiento del PIB ha sido insatisfactoria.
Es erróneo afirmar por otro lado que Nicaragua alcanzó en el 2005 un récord histórico en cuanto a exportaciones se refiere. Se ha afirmado que las exportaciones del 2005, de unos 890 millones de dólares, superaron a los 646 millones de dólares que Nicaragua exportó en 1978. Esa afirmación es incorrecta, ya que se está hablando en dólares corrientes, es decir no ajustados por la inflación. Los dólares del 2005 no son equivalentes a los dólares de 1978. En dólares del 2005 las exportaciones de 1978 fueron de cerca de 1,400 millones, cifra significativamente mayor que los 890 millones de dólares que se exportaron en el año recién transcurrido. Aunque ha habido una reactivación positiva de las exportaciones, estamos muy lejos de haber alcanzado un boom exportador como el que se observó en el período 1950-78.
Nicaragua, a inicios del 2006 aún no ha superado graves problemas estructurales que se crearon en la década del ochenta. El déficit fiscal sigue siendo elevado y el déficit comercial en relación al PIB es todavía el más alto de América Latina. Por otra parte, a pesar de que en el período 1990-2005 se recibieron cerca de 8,000 millones de dólares en ayuda internacional, el país aún sigue dependiendo de la cooperación externa. Las exportaciones no se han transformado en el verdadero motor del crecimiento, y la economía se mantiene gracias a las remesas familiares y a la ayuda internacional. La tasa de desempleo total —abierto y subempleo— excede del 20 por ciento de la fuerza laboral. Si la economía estuviera tan bien como algunos dicen, la juventud no continuaría emigrando masivamente a obtener trabajo en el exterior.
Disminuir el desempleo y transformar las exportaciones en el verdadero motor del crecimiento —aprovechando las ventajas del Cafta— y disminuir gradualmente la acentuada dependencia de la ayuda externa, es parte de la agenda pendiente para los próximos años. Ello requiere entre otras cosas, el reorientar la ayuda externa del consumo a la inversión y a la transformación productiva. Se requiere también una reforma del aparato estatal. Es necesario aplicar criterios técnicos en el sistema de remuneración de los empleados públicos, disminuyendo paralelamente el número de magistrados, diputados y contralores.
La agenda económica de discusión para 2006, no debe centrarse en temas ideológicos como la “crisis del modelo neoliberal”. De hecho no existen modelos alternativos, aunque caben algunas reformas a las políticas del denominado Consenso de Washington. El análisis y discusión debe centrarse en temas muy concretos como lo son: la incongruencia del seis por ciento para las universidades versus la exigua asignación para la educación primaria ; en propuestas integrales de política salarial para todo el sector público; en cómo superar los graves déficit en la educación primaria, la salud pública y en la generación de energía renovable; en el programa de inversiones públicas para los próximos años; en la necesidad de una verdadera reforma del sistema tributario que continúa erosionado por múltiples exenciones y tratamiento especiales; en la necesidad de un funcionamiento transparente y eficiente de los entes reguladores de los servicios públicos; en soluciones al grave problema de la deuda interna; en la creación de un banco de desarrollo eficiente y no politizado; en la reorientación de la cooperación externa más hacia la producción que hacia el consumo; en políticas de fomento a las exportaciones; y en la solución a la quiebra del sistema de seguridad social y la reforma al sistema de pensiones.
Los partidos políticos que participarán en las próximas elecciones presidenciales deberían presentar propuestas y soluciones concretas a los problemas específicos que afronta la nación. Un proceso eleccionario propositivo —con soluciones concretas enmarcadas en proyecciones presupuestarias— sería una importante contribución a la solución de los graves problemas que sigue enfrentando Nicaragua.
El autor es economista

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