MIéRCOLES 4 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24042 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE







Opinión económica
¿De la fuga a la circulación de cerebros?

Rómulo Sánchez Leytón

Desde los tiempos en que era estudiante, discutíamos las pérdidas que significaban la salida de personal calificado y de dirección de los países en desarrollo. Era normal hablar de la descapitalización intelectual de los países o la “fuga de cerebros” (brain drain). Según el Banco Mundial, entre 1960 y 1986 emigraron 1.2 millones personas altamente calificadas de estos países, setenta por ciento de ellos se dirigieron a Estados Unidos. Las pérdidas de los países en desarrollo se calcularon en 24 mil millones de dólares durante ese período.

Se preparaban cuadros para ir a servir a otro país, sin que les hubiera costado absolutamente nada a los receptores de esa fuerza calificada. Los países en desarrollo cargaban con los costes de la preparación y los desarrollados con la utilidad de los cuadros. Sucedía una transferencia tecnológica a la inversa. Es decir, de esa manera se subsidiaba el desarrollo de los países económicamente fuertes. Las causas eran diversas; desempleo, escasa orientación hacia el mercado de trabajo, inseguridad política, problemas estructurales, relaciones materiales, persecución, diferencia entre los ingresos de los países de origen y los de destino, minorías étnicas y religiosas, etc.

Actualmente tiene lugar un proceso que puede significar réditos netos en conocimientos, talentos, ingresos por remesas familiares, inversiones y vínculos valiosos con los países de procedencia. Es decir, hoy se está hablando del bumerang de las emigraciones.

La salida de cerebros creció en la última década del siglo XX. Hacia Estados Unidos se dirigen casi el sesenta por ciento de los emigrantes académicos altamente calificados. Los porcentajes graduados que emigraron en el 2000 procedían de países de Centroamérica y el Caribe. Sin embargo, Estados Unidos privilegia a los graduados en las áreas de la tecnología de la información. Las visas para personas con “talentos distinguidos” (visas H-1B) han sido concedidas en su mayoría a los asiáticos. En el 2002 les correspondió el 65 por ciento de esas visas a los asiáticos, mientras que sólo un seis por ciento correspondió a los sudamericanos.

Es conocido el caso de China que se ha retroalimentado de los cerebros que se formaron y servían en las potencias occidentales. Infinidad de talentos que habían emigrado han regresado con un inmenso acervo en el conocimiento científico, cultural y económico para catapultar al “Imperio del Centro” por el sendero del crecimiento y el avance científico y tecnológico. Una cantidad significativa de emigrados que ocupaban puestos de relieve en la investigación y en el desarrollo de las naciones más poderosas y avanzadas de occidente regresaron a China con todos sus acervos y relaciones para cooperar en la reconstrucción del “coloso amarillo”, cuyo símbolo milenario ha sido la Gran Muralla China.

Resulta pertinente profundizar acerca del tema, para afirmar con más bases, si verdaderamente hay un impacto positivo neto para el desarrollo de los países de donde salen los emigrantes. Una aseveración afirmativa de ello daría las pautas para repensar la tradicional concepción de la fuga de cerebros. De ahí que se puede decir que los talentos generalmente circulan, en lugar de emigrar permanentemente, estableciendo contactos con organizaciones profesionales, universidades, ONG y los mismos países.

Nicaragua tendría que realizar esfuerzos para establecer contacto más cercano con los talentos expatriados e intentar construir puentes del conocimiento. Se podrían impulsar programas con la meta de reintegrar a los cuadros que regresan, así como el apoyo financiero puede contribuir a retener a los mismos. Aquí el aporte oficial sería imprescindible, como por ejemplo propiciar exenciones fiscales y otros incentivos. Los países de América Latina deberían implementar programas para recibir con los mejores augurios a los que retornan del extranjero. En lugar de presentar hostilidad, recelos, y envidia; es más justo implementar políticas de abrirles las puertas para retenerlos y convertirlos en vectores del desarrollo.

Mientras tanto existen posiciones controversiales, sobre todo, de funcionarios públicos que señalan que la reducción de salarios de altos funcionarios del Estado podría ocasionar “fuga de cerebros”. Ministros que ganan 4,900 dólares y más hacen un sacrificio por la patria y por tanto no es justo reducirles sus retribuciones. Es importante señalar que las remuneraciones de cuadros no debe ser desproporcionada en relación a los rendimientos de la economía.

De lo que se trata es de aprovechar el conocimiento de los cerebros que emigraron. El ejemplo de países como India, Irlanda, Taiwán, China y Polonia atestiguan que la “fuga de cerebros”, puede convertirse en una circulación virtuosa de talentos, en función del crecimiento y el desarrollo. Es decir, que se puede transformar en una poderosa palanca del crecimiento y el progreso económico.

Asumiendo que las migraciones no se detendrán en los países que hasta ahora han sido “exportadores” de cerebros, habrá que tomar en cuenta este nuevo paradigma. Los países ricos están obligados moralmente a contribuir en la construcción de escuelas, centros de salud y carreteras en los países más pobres. Y los gobiernos de estos, a la administración eficiente y transparente de los recursos que se proporcionan. Mientras la brecha entre el Sur y el Norte no disminuya, de nada valdrá la histeria antiinmigracionista de los países ricos. A Estados Unidos llegan 500 mil emigrantes ilegales cada año, a pesar de todas las medidas.

Es necesario construir una globalización solidaria donde también la cooperación Sur-Sur sea una vía para propiciar políticas de desarrollo científico y tecnológico que tengan en cuenta nuestros patrones socioculturales y, no se favorezca la “fuga de cerebros”. Las políticas deben propiciar la retención adecuada de los recursos más valiosos. Se debe también aspirar a formar profesionales comprometidos con la realidad y la solución de los problemas nacionales y de la región. Pero vital para la retención es la creación de condiciones económicas y sociales para que los cuadros no emigren, se realicen y contribuyan al desarrollo del país. En Nicaragua estamos obligados a convertir “la circulación de talentos” en una bendición, en lugar de una desgracia.

El autor es Profesor de Economía y Director de Maestría en Economía Pública y del Desarrollo.

romulo@ibw.com.ni
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