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La esencia de la democracia

La democracia representativa es un acuerdo de los ciudadanos de ceder derechos a los gobernantes que ellos mismos escogen para que administren el Estado eficientemente y en beneficio del pueblo. La esencia de la democracia no puede ser un contubernio para retener un estatus privilegiado, para enriquecerse personalmente a costa de los contribuyentes y/o para mantener un control de los Poderes del Estado, Fiscalía y Contraloría que garantice inmunidad e impunidad de los que violan la ley. No hay que confundir conceptos. Así que las declaraciones del diputado sandinista, Bayardo Arce Castaño, en el sentido de que el pacto es “la esencia de la democracia” y que éste continuará firme en los próximos años, son cínicas y escandalosas. El pacto político para garantizar la justicia transparente e igualitaria es, desde luego, esencial para la democracia. Pero la repartición, por ejemplo, del Poder Judicial para condenar o absolver a individuos según convenga a los intereses del partido que controla las decisiones de los jueces y magistrados, es repugnante. Eso no es democracia sino corrupción.

En las democracias verdaderas, los jueces y magistrados elaboran sus sentencias con independencia. Pero el Poder Judicial de Nicaragua es una extensión de las bancadas políticas mayoritarias representadas en la Asamblea Nacional. Basta con recordar algunas de las decisiones de la Corte de Apelaciones y de la Corte Suprema de Justicia en los últimos años para corroborar lo que estamos diciendo. Arnoldo Alemán, condenado por corrupción, disfruta de una fortuna amasada con fondos públicos, se moviliza por toda la ciudad en lujosos vehículos y toma las decisiones políticas más importantes de su partido gracias al pacto liberosandinista que utiliza el Poder Judicial. ¿Es eso democracia? En Nicaragua, funcionarios y magistrados no responden únicamente a la Constitución y las leyes porque sus nombramientos son prebendarios. Se deben a sus caudillos.

El señor Arce, en sus declaraciones a la prensa, defiende el pacto liberosandinista haciendo una comparación con la política norteamericana. “En Estados Unidos —decía— vos no podés decir que George Bush haya puesto como presidente de la Corte Suprema a un demócrata, pone a un republicano, ¿entendés?” De acuerdo. Pero la razón que inspira a Bush para que sea republicano quien presida la Corte Suprema es la preservación de valores e ideales conservadores que él ostenta. Bush no puede usar a un magistrado como pistola para disparar sobre cualquier enemigo político o para anular o dar lugar a recursos de amparo según le convenga o para obtener cualquier beneficio personal. El sistema no lo permite. Los magistrados norteamericanos son escogidos de forma vitalicia y esto les garantiza una total independencia de los partidos políticos. Así que para ellos es irrelevante quién sea el Presidente de turno (republicano o demócrata). Los miembros de la Corte Suprema de los Estados Unidos no pueden ser removidos ni presionados “políticamente” para emitir sus fallos.

Así es que debería ser en Nicaragua en vez de la continuidad del partidismo corrupto que prevalece en la Corte Suprema y que, aparentemente, va a seguir prevaleciendo, según declaraciones de los mismos magistrados. Sí, porque como indicó LA PRENSA en su edición del viernes 15 de diciembre corriente, los magistrados siguen aferrados al poder y a los privilegios económicos que se derivan del cargo que ejercen y de esta manera se convierten en “consultores de lujo”; consultores de quienes —se supone— son los juristas más destacados del país; asesores a un costo enorme para el pueblo que paga sus salarios con impuestos. Como hemos dicho en otras ocasiones, la democracia es más que un sistema, más que una forma de elegir autoridades y organizar el Estado. La esencia de la democracia es el ejercicio efectivo del poder del pueblo. Es el derecho a opinar sin temores y a ser oído y a ser consultado ante decisiones trascendentales, como por ejemplo, el cambio de sistema de gobierno. La esencia de la democracia es un efectivo control de la gestión pública por medio de leyes que permitan el acceso a la información; es transparencia y no secretismo. Fondo y no simplemente forma. Progreso, mejoramiento continuo, cambio y no un estado de cosas. Como dice Georges Burdeau, “un movimiento que no se detiene jamás”. A eso aspiramos los nicaragüenses.

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