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La diplomada de La Pozolera
Marvin Saballos Ramírez
El autor es psicólogo social.

“Mire, amigo, ya con la Diploma de Educadora Infantil Comunitaria, todos en mi comunidad se van a dar cuenta que yo estoy capacitada para atender a los niños chiquitos y a sus mamas, para que tengan un mejor desarrollo; fíjese que los niños que van a los círculos de Educación Inicial son más despiertos, juegan y platican bien con otros niños y los adultos y cuando llegan a la escuela rinden bien; ya las mamas y papas han aprendido que al niño hay que educarlo desde el vientre, estimularlo. Con las otras educadoras y con la comunidad, ya vamos a poder trabajar para una mejor crianza de las criaturas”. Estas palabras no son de ningún especialista académico, sino de Teresa, madre voluntaria de la comunidad La Pozolera, en Waslala.

Al igual que Teresa, cerca de 8000 educadoras infantiles comunitarias en 1700 comunidades de 65 municipios de toda Nicaragua, han recibido entre 2005 y 2006, un diploma académico que las certifican como tales, mediante un plan conjunto entre una universidad nacional (URACCAN) y un programa de Gobierno (Painin, de Mifamilia). Paralelamente, en otro esfuerzo en el que además participa el CIES de la UNAN, se han postgraduado en Atención Integral a la Niñez, 330 profesionales que se desempeñan como técnicos en 65 proyectos municipales de Atención Integral a la Niñez. Esto significa que ya Nicaragua cuenta con un formidable capital humano, distribuido a todo lo largo de su territorio, apoyando el desarrollo integral de la niñez desde la Educación Inicial, como se le llama actualmente a los métodos y técnicas sicoeducativas que se le brindan al niño desde su concepción hasta los seis años; significa también que universidades nacionales están incorporando en sus planes de estudio, investigativos y ofertas formativas, este nuevo y prometedor campo de estudio y de formación profesional.

La experiencia ha sido apreciada positivamente por diversas evaluaciones, entre ellas del BID, como una innovadora estrategia de alianza entre universidades y gobierno que está permitiendo el fortalecimiento de las capacidades del personal que labora en programas altamente sensibles, en base a las condiciones y prácticas reales del país.

Internacionalmente, la Educación Inicial ha alcanzado un alto desarrollo teórico y aplicado, que permite comprender cómo se puede hacer para propiciar el mejor desarrollo intelectual, afectivo, sicológico, social y físico de los niños desde el momento mismo de su concepción. De los 0 a los 3 años de edad es la etapa crucial que sentará las bases para el éxito escolar, laboral, familiar y social de la futura mujer o el futuro hombre. Por ello, a la par de la educación preescolar de 4 a 6 años, los países invierten cada día mas en la Educación Inicial. Diversos estudios realizados por organismos como Unicef y el Banco Mundial, siguiendo a lo largo de la vida el desempeño de personas que han tenido la oportunidad de recibir esta Educación Inicial, demuestran que son comparativamente más exitosas que quienes no la tuvieron.

Si bien el enfoque no es nuevo, sí lo es el entendimiento de que la educación del niño no comienza en el primer grado de primaria o en el preescolar, sino que inicia desde el mismo momento de su concepción.

Nicaragua cuenta actualmente con una Estrategia y Plan de Educación Inicial, formulada conjuntamente por diversas instituciones estatales y organismos de la sociedad civil, se están ejecutando también diversas iniciativas, muchas de ellas con logros reconocidos.

Si como país queremos ser competitivos en un mundo día a día más exigente y tecnificado, tenemos que considerar en serio la inversión en Educación Inicial. Es una forma de romper la transmisión intergeneracional de la pobreza. Nuestros hijos y nietos lo agradecerán y nosotros también en nuestra tercera edad.

Teresa, la diplomada de La Pozolera, lo puede explicar y aplicar muy bien.

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