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Los giros y mareos de Latinoamérica
Sergio Boffelli
El autor es publicista.

Algunos creen que Latinoamérica gira hacia la izquierda por los triunfos electorales de personajes como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua, representativos de la típica izquierda, retadora y sin soluciones. Inácio Lula da Silva de Brasil, Michelle Bachelet de Chile y Néstor Kirshner de Argentina difieren tanto de los anteriores que no podría catalogarlos de igual manera. Sin embargo, con unos o con todos, hay inclinación a creer que estos cambios en Latinoamérica obedecen a que los supuestos gobiernos de derecha fracasaron y no lograron satisfacer las necesidades de las mayorías, lo que convirtió a los votantes en terreno fértil donde sembraron y cosechan los demagogos populistas de izquierda.

Cada vez me convenzo más que vivimos en una parte del mundo que golosamente se alimenta de confusión, sin aprender de su historia. Localmente basta ver cómo siempre se culpa a otros por los propios errores. Por ejemplo, parece más fácil y cómodo decir que los programas del FMI son horribles, que Bolaños “no hizo nada”, o que los Estados Unidos no nos quieren…, en vez de reconocer con valentía el terrible daño que hicieron al país los once años del gobierno del señor Ortega, y sus dieciséis años consecutivos de “oposición” (coincidiendo los últimos cinco con el PLC), y la cuota que corresponde a nuestra clase política camaleónica y sin pudor.

En lo general Latinoamérica parece buscarse a sí misma como gata que persigue su cola, sin atraparla jamás culpando a todos por su fracaso— y ahora, como gran novedad, anuncia que perseguirá su misma cola girando en sentido contrario, y que en vez de girar sobre sí misma hacia la derecha, ahora girará sobre sí misma hacia la izquierda. Y el problema es precisamente girar sobre sí misma sin más que hacer que seguir girando, esperando mágicos resultados que, como nunca llegan, los politiqueros se justifican inventando a quién culpar. No dejan de asombrar los cuentos de los ilusionistas de la izquierda, y los de aquellos que ahora se apresuran en complacerla.

Mientras tanto, Estados Unidos parece haber decidido dejar que Latinoamérica aprenda por cuenta propia. Correctamente ignoran a Chávez; y a Ortega le han entregado personalmente su posición. En el ínterin aseguran sus fronteras y fortalecen diversas alianzas —asunto legítimo, y que nadie se rasgue vestiduras—. Porque es muy fácil para ciertos gobernantes ser pésimos administradores, saqueadores de su misma gente, productores de masivo desempleo que exportan para que envíen remesas, y aún así hacerse los nacionalistas ofendidos cuando el norte dice que no va a aguantar más este comportamiento, que además sale caro, pues deben dar a estos países préstamos blandos, tratos preferenciales, posibilidad de convenios, innumerables donaciones, etc.,etc., etc. Sin duda que a Estados Unidos le ha salido caro mantener estas “democracias”, aguantando ladronzuelos de derecha o izquierda. Ahora los pueblos deben aprender y vivir con sus decisiones.

Así como están las cosas, Latinoamérica girará sobre sí misma hasta lograr el juicio y balance para avanzar. Tomará su tiempo. Me ha dicho un lector que no somos naciones en vías de desarrollo, sino que en vías de subdesarrollo. Quizás, en parte, tiene razón.

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