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Un Japón nuclear y Asia
Ricardo De León Borge

En el año 2003 el historiador estadounidense Paul Kennedy escribió un artículo titulado “Japón al margen del gran tablero”, en el cual analizaba el porqué Japón, siendo la segunda potencia económica mundial, no tenía protagonismo en los últimos acontecimientos mundiales tales como la guerra en Irak y Corea del Norte, entre otros, y estaba olvidado en el sistema internacional, como África y América Latina.

Inclusive, lo llamó “el achicamiento de Japón”, ya que después de 35 años de crecimiento, mantuvo más de una década de estancamiento, volviendo en el 2002 a retomar el camino del crecimiento, con un impulso en las inversiones en el interior del país y una fuerte política exportadora de sus principales productos.

w POLÍTICA JAPONESA

Debido a todos estos temas en los cuales Japón quedó relegado, inició una ofensiva política para lograr un asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Asimismo el ex primer ministro Junichiro Koizumi, hizo el primer envío de fuerzas militares niponas fuera del país, cuestión que fue muy discutida, ya que según el artículo 9 de la Constitución que rige ese país: “… el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o al uso de la fuerza como medio de solución en disputas internacionales”.

Cuando el primer ministro Shinzo Abe hizo su primer viaje al exterior fue a China y Corea del Sur, y no a Estados Unidos, con lo cual demostró que Japón quiere volver a ver a sus vecinos asiáticos y mantener mayores y mejores relaciones de cooperación, seguridad y acercamiento diplomático para darse apoyo mutuo.

Es de destacar su política de cooperación internacional que tanto ha ayudado a muchos países de forma muy positiva al desarrollo, como es el caso de Nicaragua.

w EL DESAFÍO NUCLEAR

Ya en julio de este mismo año en un artículo del suscrito, se planteaba la posibilidad de que “la demostración de poder nuclear norcoreano no hace más que alentar a Japón a desarrollar este tipo de armamento”.

Recientemente, Japón ha expresado su derecho legal a disponer de este tipo de armamento para frenar o por lo menos avisar del error de la frenética marcha nuclear de los norcoreanos.

De esta forma Japón podría ingresar en el exclusivo club de naciones con capacidad nuclear, aunque hasta un 80 por ciento de los japoneses defiende que su país mantenga su política de tres principios antinucleares, que prohíben la posesión, producción y estacionamiento en territorio nipón, según una encuesta reciente.

Aunque esta opción sería una acción defensiva del interés nacional japonés, las implicaciones a nivel regional y mundial podrían llegar a ser muy serias, y para algunos, catastróficas.

Por un lado, dejaría sentada la posición de rechazo hacia las pruebas hechas por Corea del Norte, por el peligro que representan para el equilibrio regional de fuerzas; por otro lado aumentaría el nivel de tensión con China que se ha visto incrementado desde el anterior gobierno de Koizumi, por sus visitas al santuario de Yasukuni, donde están enterrados combatientes muertos en la II Guerra Mundial y en otras guerras; entre ellos hay algunos dirigentes y altos oficiales que son considerados por China, e incluso Corea del Sur, como criminales de guerra de la Segunda Guerra.

Además, China denuncia una reciente edición de textos de escuela japoneses en los cuales los acontecimientos de la II Guerra Mundial, son considerados como necesarios —según el criterio chino— e inclusive le llaman “héroes” a los considerados criminales de guerra. A las presentes tensiones sino-japonesas habría que agregar el creciente poderío económico y el posible desafío militar que representará China en algunos años.

Todo lo anteriormente enumerado implica una posible carrera —subterránea— por la ostentación del poder en Asia Pacífico.

w CONSECUENCIAS

Esto sería un paso más hacia la desestabilización de esa parte del mundo que mantiene un precario equilibrio de poderes, al mejor estilo del realismo político.

El “ascenso pacífico” de China en el mundo es visto con recelo por Japón, y podría desembocar en un conflicto de consecuencias indescriptibles, ante lo cual países como Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea, deben jugar un papel preponderante en la búsqueda de mecanismos de negociación adecuada para disminuir la tensión y para detener cualquier tentativa de una escalada militar en esa región del mundo.

El autor es MSc. en Relaciones Internacionales y funcionario de la Cancillería de Nicaragua.

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