Eran las 7:10 p.m. del pasado viernes cuando el taxi plateado marca Hyundai, placas M07836, entró al Motel Secreto número 2, ubicado en el costado norte del Instituto Nacional Tecnológico (Inatec), en las cercanías de El Zumen. Fue a dejar a una pareja que necesitaba los servicios del local.
Al salir del lugar por el mismo portón por donde entró, el taxista Luis Antonio Munguía, de 33 años, quien conducía el vehículo plateado arrolló a Miguel Ángel Rodríguez Santamaría, de 68 años, quien llevaba casi 11 años de ser vigilante del local.
“Fallecimiento por hemorragia toráxica masiva, causada por trauma toráxico y abdominal severo”, fue el dictamen que emitió el Instituto de Medicina Legal. Rodríguez falleció poco después de ser arrollado, pese a los esfuerzos de los trabajadores del motel, quienes lo trasladaron rápidamente al Hospital Antonio Lenín Fonseca.
El taxista fue detenido de inmediato por policías del Distrito Tres de Managua y asegura que el hombre de 68 años se lanzó al vehículo, produciendo su muerte.
El fallecido vivía de Plaza Julio Martínez, una cuadra hacia el oeste, cinco cuadras al sur, media cuadra al este.
NO HAY TESTIGOS
Al momento del accidente sólo el fallecido estaba en la entrada del motel, que es un amplio camino con poca iluminación. El único testigo del hecho es el propio taxista.
María Elsa Ramos, cajera del motel, asegura que el conductor dejó a la pareja en el local, giró hacia la salida a alta velocidad y salió con la misma rapidez. Segundos después escucharon un ruido extraño y se dieron cuenta que el taxista había atropellado a Miguel Ángel Rodríguez.
“Él (taxista) dice que el vigilante se le tiró, pero yo no creo porque quedó debajo del taxi y si se le hubiera tirado no hubiese quedado así. Quedó triturado y cuando lo sacaron estaba con vida, pero no hablaba ni nada, sólo hacía ruidos como si se estaba ahogando”, dijo Ramos.
La cajera asegura que todavía los empleados del motel no logran explicarse cómo ocurrió el hecho, pues según dice, no había nada en la entrada del local que obstaculizara el paso o la vista del taxista.
“Después del accidente vinieron su hijo menor y un par de hermanos y se enojaron porque ellos no estaban de acuerdo con que trabajara aquí y dijeron que era absurdo que no hubiera testigos de lo que había sucedido”, expresó.
Rosa Rodríguez, hija mayor del fallecido, cuenta que ella se dio cuenta del incidente hasta que el cadáver estaba en el Instituto de Medicina Legal.
“Cuando yo llegué a la morgue mi papito estaba en posición fetal, todo enrolladito y con la ropa metida dentro de la carne, estaba todo revolcado. Lo que más me duele es que el dueño del motel ni siquiera ha venido a darnos las condolencias, a pesar que mi papito le trabajó por varios años y murió en horas laborales”, expresó frente al ataúd de su padre.