“El Adviento es el tiempo favorable para emprender un cambio del corazón y para dar un nuevo y decisivo paso en nuestro caminar espiritual es conversión como preparación por la espera de Jesús”.
(Benedicto XVI)
El Adviento constituye todo un camino espiritual, significa ir al encuentro personal y social de Jesucristo, es tiempo especial de conversión.
Un camino “espiritual” no cualquier camino; un cambio del corazón, no cualquier cambio. Lo espiritual no se reduce a una relación intimista o exclusivista con Dios, que prescinde totalmente del mundo que nos rodea o niega la realidad de la vida concreta, renunciando a prestar su colaboración a la obra maravillosa de la creación. La fe no es una droga ni la esperanza una paralización de las facultades que se opone al progreso humano, al descubrimiento y al legítimo desarrollo de las posibilidades individuales y a la multiplicación, esforzada y gozosa, de los propios talentos. Ni la caridad se agota en el mero sentimiento estéril de quien se limita a lamentar la situación de sufrimiento o desventaja del otro, sino que más pronto que ligero, se baja de la cabalgadura de la comodidad para proporcionar en lo posible algún tipo de ayuda o apoyo a quien lo necesita.
El Adviento nos debe llevar a dar un nuevo y decisivo paso en nuestro caminar espiritual. “Nuevo” porque se inspira en el nuevo mandamiento de Jesús, que es el amor de caridad, en amar a los demás, viendo en ellos al mismo Cristo, amándolos por amor a Dios y desde el amor a Dios. “Decisivo” por tratarse de una opción, de “una determinada determinación”, que marca la vida del cristiano y deja huella en los demás.
La conversión implica un cambio, pero no todo cambio es conversión. Una auténtica conversión supone una fuerte motivación… para nosotros la motivación es Jesucristo a quien esperamos gozosos en Navidad.