La integración comercial en las Américas se acerca rápidamente a un hito importante. Si los acuerdos con Colombia, Perú y Panamá son ratificados el próximo año, más de la mitad de América Latina tendrá tratados de libre comercio con Estados Unidos.
Pero a pesar de esta mayor integración económica, los desarrollos políticos en las Américas parecen sugerir que la expansión del libre comercio tiene sus días contados. Tanto acá como en aquellos países sin un tratado de libre comercio con Estados Unidos, líderes en ejercicio o recientemente elegidos son escépticos acerca de los acuerdos comerciales con Estados Unidos convencidos de que han dejado atrás a los pobres.
En los últimos años los demócratas se opusieron con fuerza cuando el Congreso controlado por republicanos aprobó por escasa mayoría la facultad negociadora de vía rápida para el presidente e intentaron bloquear el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y República Dominicana. Ahora con su nueva mayoría en el Congreso, líderes demócratas están exigiendo que los acuerdos ya firmados con Colombia y Perú sean renegociados.
Entre tanto, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, Néstor Kirchner en Argentina y Hugo Chávez en Venezuela llegaron o regresaron al poder montados sobre una ola de oposición al libre comercio.
Morales acusó al entonces presidente peruano Alejandro Toledo de traicionar el movimiento indígena latinoamericano al firmar el tratado de libre comercio con Estados Unidos. Correa, un economista educado en Estados Unidos, ha dicho que no negociará un tratado similar porque sería “tremendamente dañino” para Ecuador. Chávez, el instigador que ha usado asuntos comerciales para mofarse de la administración Bush, se jacta de repetir que la nueva izquierda en América Latina “enterró” las esperanzas estadounidenses de alcanzar un tratado hemisférico de libre comercio.
Pero independientemente de Chávez, la situación no es tan sombría como parece. Especialmente reveladora es la actitud de Ecuador y Bolivia. Aunque sus nuevos líderes son considerados los aliados más cercanos de Chávez en Sudamérica y les gusta seguirle el hilo, ninguno de los dos está dispuesto a cortar relaciones comerciales con Estados Unidos.
Con la elección ya en el pasado, Correa afirma que espera negociar una extensión a largo plazo de preferencias arancelarias con Estados Unidos. La semana pasada el Ministro boliviano de Hacienda, Luis Arce, mientras hacía lobby en Washington por la extensión de preferencias comerciales a Bolivia, le dijo a reporteros que su gobierno consideraría firmar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos en el futuro. Antes de que un acuerdo así pueda ser considerado, dijo preferir un convenio provisional que tome en consideración las desventajas bolivianas y su imposibilidad de competir con una nación mucho más rica.
Los demócratas debieran comprender esas preocupaciones. El Representante Sander Levin, quien deberá presidir el subcomité de comercio del comité de medios y arbitrios de la Cámara, insistió en una entrevista que no están en contra de expandir el comercio sino en contra de un comercio que no es “moldeado”, de tal manera que aquellos afectados más negativamente sean protegidos.
Levin enfatizó que el comercio no ha resuelto automáticamente las profundas inequidades que asolan a América Latina hoy en día. Dijo que planea finalmente tener una “buena discusión acerca de la política comercial” y sus implicaciones para los más pobres.
Para Estados Unidos, aseguran observadores, eso significa que las iniciativas comerciales avanzarán en el nuevo congreso siempre y cuando sean parte de un paquete más amplio sobre competitividad. Dichas iniciativas deberán ir acompañadas, por ejemplo, de nuevas oportunidades educativas y de entrenamiento para trabajadores desplazados por el libre comercio.
Los escépticos seguirán de cerca esa “buena discusión”. Ya que tras la fachada de comercio justo, afirman, asecha el deseo de detener la actividad comercial. Es difícil, por ejemplo, creer en las preocupaciones altruistas de los Demócratas por las prácticas laborales en industrias sudamericanas cuando han defendido abiertamente industrias competidoras en sus propios Estados.
Ya sea que el comercio se haga más libre o más justo, más extremo o moderado, ya ha demostrado ser una “influencia estabilizadora” en América Latina, sugiere Robert Zoellick, antiguo representante comercial de Estados Unidos y subsecretario de Estado. En Perú, los beneficios extraídos de las preferencias comerciales con Estados Unidos, le permitieron a Alan García convertirse en un candidato de izquierda pro comercio y limpiar su imagen de líder imprudente de su primer mandato. El acuerdo comercial con Centroamérica por su parte podría “poner un límite a cuán lejos (el presidente nicaragüense Daniel) Ortega pueda llegar”, añadió Zoellick.
Esas son consideraciones importantes para tener presente cuando se intente dar nueva forma el comercio en los próximos meses. Sería especialmente irónico que los Demócratas terminen trabajando no a favor sino en contra de líderes de centro izquierda que todavía ven al comercio con Estados Unidos como su mejor opción para generar empleos y oportunidades para su pueblo.