Dipilto, sede del santuario mariano de la Virgen de la Piedra o Virgen de Guadalupe, fue escenario una vez más de uno de los eventos religiosos, las más importantes del año en esta zona del norte del país.
Ese pintoresco y fresco pueblecito del departamento de Nueva Segovia recibió a centenares de personas, que en peregrinación salieron desde tempranas horas de la mañana desde casi todos los municipios del norte del país e incluso otros desde Honduras.
Algunos rindieron honor a la Virgen Morena, otros devotos pagaron promesas por milagros recibidos, unos llegaron con la fe de que les concediera un milagro, otros agradecieron, pero casi todos hacen filas con sus botellas para llevar un poco de agua del “pozo milagroso” que está al pie del santuario y que según los fieles tiene poderosas cualidades curativas.
A PAGAR MILAGROS
Muchos católicos llegan al santuario religioso porque tienen mucho que agradecer, como doña Rosalía Landero, de la comunidad de Las Cruces en Mozonte, que a sus 65 años de edad recordó que desde que estaba monseñor Madrigal, “hace muchos años” tiene la tradición de visitar el santuario para pagar promesas.
Sostuvo que tiene tanta fe en “el agüita” del pozo de la Virgen de la Piedra que siempre lleva en botellas para curar sus dolencias.
Eveling Dayana Rivas, a pesar de su joven edad, viaja con su mamá desde la comunidad de Loma Fría para pagar una promesa de celebrar su día. Reveló que hace dos años su mamá le pidió “a la Virgencita de Guadalupe que le diera la suficiente fuerza para no echar a perder su embarazo, tal como había ocurrido con los anteriores y se lo concedió”.
DEVOCIÓN EN JINOTEPE
Al son del pito y el tambor los “chinegros” devotos de la Virgen de Guadalupe danzaron ayer en Jinotepe, luego de participar de la misa en la parroquia Santiago. Cien años de tradición embellece esta celebración, que aún se reviste de fervor y colorido cultural.
El artífice de este hermoso homenaje a la Emperatriz de América es Ramón Calixto Cortés Boza, conocido en Jinotepe como “El Chulito”. Recuerda que sus antepasados la celebraban cada 12 de diciembre y para la ocasión sacrificaban una manada de cabros, pintaban el rostro a los promesantes con hollín y brillantina, mientras las mujeres de la casa rezaban el Rosario y preparaban calderos de carne de cabro para dar de comer al pueblo devoto.
“Este año cumplo 50 años de haber asumido la celebración a la Virgen”, dijo Cortés tras citar que su tío Tiburcio Cortés (q.e.p.d.) era quien se encargaba de pintar a los devotos.
En casa de la familia Cortés Boza aún se pinta a los promesantes y de ahí salen en procesión hacia la casa del ex alcalde Tomás Guadalupe Guevara Enríquez, quien dijo tener 35 años de ser mayordomo de la fiesta a la Virgen Morena.
Guevara financia la fiesta con alegres mariachis y música de viento y de esa manera ha perdurado la tradición, según explicó Cortés Boza. El colorido de la fiesta se mantiene con los más de 30 chinegros que acompañan la procesión, junto a un grupo de 50 niños que danzan alegremente durante el recorrido hasta llegar al barrio Cruz de Guadalupe, donde la imagen es venerada por los fieles.
“En ese lugar se quiere construir una capilla, pero no hemos obtenido los fondos”, explicó Tomás Guevara, quien asegura que hay un terreno pequeño para ese fin.
Los devotos de la Virgen de Guadalupe participaron de un Rosario en el citado barrio y luego culminaron el recorrido en casa de la familia Guevara, donde se reza y se reparte alimentos y otros obsequios.