Los resultados de las pasadas elecciones tienen todavía a los analistas políticos elucubrando sobre sus consecuencias. En verdad no es para menos, ya que lo que muchos creíamos imposible se dio: el triunfo del FSLN. A decir verdad fue un triunfo que los sandinistas vinieron tejiendo por quince largos años hasta lograr poner las fichas en su lugar. En esto jugaron como primeros actores Eduardo Montealegre con su ALN-PC y Arnoldo Alemán con su PLC.
Pero el propósito de este artículo es analizar el actuar de los liberales constitucionalistas a la luz de los resultados electorales obtenidos. Soy un firme convencido de que la fórmula Rizo- Alvarado tenía que cumplir con dos requisitos indispensables para lograr el triunfo. El primero era consolidar su voto duro, cosa que lograron gracias a la actuación de su jefe de campaña; el segundo era convencer al electorado de que ambos iban a ejercer la presidencia con independencia, sin injerencias de ninguna clase de Arnoldo Alemán. Esto evidentemente no lo lograron por el excesivo exhibicionismo del máximo líder del PLC.
La reingeniería y cambio de timón solicitados por el doctor Rizo, es en realidad una tímida repuesta al clamor de las bases que piden cambios drásticos. Es imposible dejar de ver cómo ese partido se debilita notablemente por la prepotencia, arrogancia, nepotismo y falta de vergüenza de Alemán. Él se puede pasar gritando el resto de sus días que es inocente, pero el pueblo, ante la falta de credibilidad en la justicia que lo juzga, ya emitió su veredicto, encontrándolo culpable. Y ese veredicto es inapelable.
Haciendo un poco de historia, preguntémonos, ¿quién ungió como candidato a Enrique Bolaños, aun ante la oposición de una amplia mayoría del partido? ¿Quién impuso a los candidatos para alcaldes en las elecciones del 2004 y como resultado perdieron cuarenta y ocho alcaldías? ¿Quién impuso a la gran mayoría de candidatos a diputados en las últimas elecciones nacionales y como resultado perdieron más de veinticinco escaños sufriendo una humillante derrota? ¿Quién se ha opuesto a cualquier tipo de liderazgo emergente, opacando a veces y obligando en otras a sus líderes a hacer tienda aparte con el resultado que ya todos conocemos?
Las repuestas a estas interrogantes son del dominio público, así como también se sabe que esto ha sido posible gracias a la complacencia de sus incondicionales. La gran interrogante y que da título a este artículo es ¿cómo es posible que alguien que se respete como persona y pretenda que respeten su criterio político permita que sea precisamente Arnoldo Alemán, el que se convierta en árbitro de la reingeniería que a todas luces está necesitando ese partido? Como miembro de la alianza que apoyaba la candidatura de José Rizo, participé en la mayoría de las concentraciones, sobre todo, en aquellas que en la Contra le llamamos el corredor de la guerra. Ellos sólo pedían un gobierno que respete sus derechos humanos, que respete la libre empresa, la libertad de prensa, la propiedad privada y que ejerza el poder con equidad y transparencia. En esta ocasión el FSLN tiene su oportunidad de oro para cambiar el concepto de ese 62 por ciento que le dijo no en las pasadas elecciones. Muy poco favor se hacen si deciden continuar su pacto con Arnoldo Alemán poniéndose de espaldas al pueblo, el tiempo nos dirá el camino que escojan. Por lo pronto, parece confirmarse la atracción fatal que tienen los liberales por los máximos líderes.