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Millones de mexicanos olvidaron por unas horas un año de crispación política y social para entregarse ayer al principal símbolo religioso del país, la Virgen de Guadalupe, en una de las celebraciones rituales más populares y emotivas del mundo. Los devotos llegaron desde los 31 estados mexicanos y de la propia capital, donde está la Basílica de Guadalupe, en aviones, autobuses, vehículos particulares, bicicletas e incluso caminando.
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