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Profesiona-lidad del diplomático
Gilberto Bergman Padilla
El autor es Diplomático.

El arte de poner apropiadamente en práctica la política exterior de un país es la diplomacia, cuyos órganos de comunicación son los agentes diplomáticos que en nuestra Ley del Servicio Exterior comprenden las categorías desde un agregado diplomático hasta un embajador.

En el año 2000 Nicaragua aprueba la Ley del Servicio Exterior. Demoró cinco años desde que fue presentada en 1995 y 45 años desde que el embajador Armando Luna Silva presentara un proyecto. Esta ley permite formar en la carrera diplomática a verdaderos profesionales con vocación de servicio público y que piensen en función de la Patria. En otras palabras estamos hablando de la profesionalidad del diplomático.

El nuevo gobierno debe continuar mejorando la Ley del Servicio Exterior y los aspirantes a trabajar en el Ministerio de Relaciones Exteriores deben cumplir lo que prescribe dicha Ley y es entrar por concurso. No podemos continuar nombrando diplomáticos ocasionales. Sobre esto Rubén Darío dijo que un país sin diplomacia de carrera, sin escalafón, sin orden en los ascensos y promociones, esa rama del gobierno lleva una vida precaria y dañosa al tronco sustentante. El poeta señala que “se aprovecha al pariente, o se le hace la maleta al paniaguado o si no se les dan las credenciales al enemigo político que era conveniente alejar y santas pascuas”.

La diplomacia nicaragüense siempre estuvo subordinada a la política partidista, una grave aberración que debe terminar sólo si se aplica de manera efectiva y honesta la Ley del Servicio Exterior. Hay un desconocimiento del verdadero perfil del diplomático en estos tiempos, tratando de exaltar más la visión del rol que le corresponde jugar al político que al diplomático profesional. Los políticos deben actuar y hablar como políticos y los diplomáticos deben ceñirse exclusivamente a su rol. Cuando un diplomático trata de actuar como político, aunque represente la política exterior de su país, por lo general generará más resistencia que afecto para la nación que representa. El equilibrio entre la palabra y el silencio es una cualidad que aprende en el tiempo a manejar el diplomático. Esto es la diplomacia profesional.

Una funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores toda temerosa me decía que ahora que el nuevo gobierno tome posesión la van a correr, pues ella no es sandinista. Yo le dije que no se preocupara, que ella es una funcionaria de carrera que entró por concurso, que la posición que ha escalado es a base de sus méritos profesionales y que estoy completamente seguro de que las nuevas autoridades van a respetar la Ley del Servicio Exterior, ya que en mi opinión los funcionarios diplomáticos deben permanecer, en principio, en sus puestos cuando el Gobierno cambia. Sólo así se asegura la eficacia y la profesionalidad de la diplomacia y se hace posible que el servicio exterior exista para el país, no para el gobernante o el partido político de turno, circunstancialmente en el poder.

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