El 10 de diciembre —es decir, mañana— se celebra el Día de los Derechos Humanos. Esta celebración se realiza supuestamente en todos los países miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU), cuya Asamblea General convocó en 1950, mediante su Resolución 423 (V), a hacerlo en esta fecha precisamente porque fue el 10 de diciembre de 1948 que se proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Tanto la Declaración Universal de los Derechos Humanos como la celebración anual del Día de los Derechos Humanos, tienen una gran significación e importancia. De hecho se puede asegurar que vivimos en la época de los derechos humanos, tanto por su respeto escrupuloso que se practica en los países que son libres y genuinamente democráticos, como por la lucha por su vigencia que se libra en todas partes donde imperan gobiernos autoritarios y tiránicos.
En realidad, la lucha por los derechos humanos se viene librando en el mundo prácticamente desde que la gente se salió de la situación de salvajismo y entró al estado de civilización. Acerca de los derechos y la dignidad de la persona humana se escribieron muchos textos y se dictaron numerosas leyes en las sociedades griega y romana de la antigüedad. Sin embargo el reconocimiento a la dignidad y los derechos humanos en aquellas sociedades no era universal, por cuanto a gran parte de la población, sobre todo a los esclavos, no se le reconocía su condición humana ni, por lo tanto, sus derechos y dignidad.
El reconocimiento a los derechos humanos de todas las personas, independientemente de su edad, etnia, nacionalidad, origen social, posición económica, fe religiosa, convicción ideológica y afiliación política, comenzó a partir de la proclamación de la Declaración de Derechos en Virginia, Estados Unidos, de 1776, en la que se estableció que: “Todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes y poseen ciertos derechos propios, de los que, al entrar en sociedad, no pueden ser privados, ni despojada su posteridad por ningún pacto; a saber: el goce de la vida y de la libertad con los medios de adquirir y poseer la propiedad y de perseguir y obtener la felicidad y seguridad”.
Trece años después, en 1789, la Convención Nacional de Francia proclamó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en la que se señaló: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos; por tanto, las distinciones sociales no tienen más fundamento que la utilidad pública”; y, “El objeto de toda sociedad política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre, a saber: la libertad, la seguridad, la propiedad y la resistencia a la opresión”.
Aquellos documentos programáticos llenos de solemnidad y buenas intenciones humanistas, sirvieron como bandera de lucha por la reivindicación de los derechos humanos en muchas partes del mundo, hasta que en 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con el fin de promoverlos en los lugares donde no existen y protegerlos de manera permanente en los países donde ya se ha establecido el sistema de vida y de gobierno basado en la libertad y la democracia..
Pero el hecho de que todos los países miembros de la ONU —que son más de 190 hasta ahora— se hayan adherido a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y, por lo tanto, comprometido a respetarla, no significa que en realidad la respeten. Incluso gobiernos de países que forman parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que es el organismo encargado de velar por la vigencia y el respeto de los derechos humanos de las personas en todas partes del mundo, son ellos mismos violadores sistemáticos y brutales de los derechos humanos.
Tal es, por ejemplo, el caso de Cuba, donde el régimen comunista no reconoce ni respeta muchos de los derechos humanos que están consignados en la Declaración Universal de la ONU. Allí centenares de personas se pudren en prisión porque sus ideas políticas son distintas u opuestas a la doctrina del Estado y por tratar de ejercer libremente el derecho de informar y ser informados.