División de poderes
Uno de los mejores inventos del Estado democrático de derecho es la división de poderes. Tan es así que la Declaración Universal de los Derechos de Hombre y el Ciudadano que proclamó la revolución francesa en el siglo XVIII estableció que “toda sociedad en la cual la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución”. Si aceptamos esto como verdad, quiere decir que cuando se comiencen a borrar las fronteras entre un poder y otro, o cuando un poder asume las funciones de otro, estaremos asistiendo al parto de un Estado autoritario o anárquico.
Juez y parte
Eso es lo que estaría pasando en Nicaragua. Según el espíritu de la división de poderes, al Poder Legislativo le corresponde debatir, derogar y aprobar las leyes con que funciona un Estado. Pero nuestros diputados han aprovechado esa facultad para aprobar leyes que les dan facultades de otros poderes. Los diputados, por ejemplo, se otorgaron una cantidad que sobrepasa los 400 mil córdobas al año para hacer beneficencia social. ¿A cuenta de qué? ¿No es al Ministerio de Educación a quien le correspondería emplear el dinero estatal para becas? ¿No es el Ministerio de Salud quien debería emplear el dinero público en la salud que demanden los necesitados? Ahora también quieren ser jueces y han probado una ley que les permite llamar a cualquier ciudadano, hacerlo declarar bajo juramento y encausarlo judicialmente si no comparece. ¿No es demasiado abuso ya?
Sobornos
Estos reguladores de tránsito que piden mordidas se están convirtiendo en plaga. Conozco casos de personas que caminan sin documentos para manejar, atenidos a que siempre habrá un agente que acepte cincuenta córdobas para dejarlos ir sin multa. Y cuando se habla de este tema, viene la cancioncita aquella de que el ciudadano presente las pruebas y ponga la denuncia para que la Policía actúe. ¿Por qué no puede ser la misma Policía la que se encargue de investigar comprobar y castigar estas faltas que de tan abundantes hay que taparse los ojos para no verlas? Bastaría disponer algunas cámaras escondidas o agentes encubiertos para conseguir las pruebas que necesitan. El propósito no debería ser castigar a los que piden mordidas, sino hacerlos sentir que algo de fiscalización existe, porque el soborno ya está siendo muy descarado.
Palabras
Hace poco alguien hacía notar que el término “menores” que usamos a veces los periodistas para referirnos a los niños tiene, según su punto de vista, una carga peyorativa. Aducía que ese término fue introducido en las leyes hace muchos años con intención discriminatoria. El problema es que las palabras, como seres vivos que son, ganan y pierden “mala intención” según el uso. Y le ponía de ejemplo que hace algunos años comenzó a usarse minusválido porque “inválido” era peyorativo. Poco después resultó que lo políticamente correcto era discapacitado y “minusválido” era peyorativo. Ahora “discapacitado” es peyorativo y lo correcto es “con capacidades diferentes”. ¿Cuánto durará? No creo que mucho, porque oí que unos alumnos de cierta universidad se ofendieron con su profesor cuando éste les dijo que algunos tenían “capacidades diferentes”. Moraleja: las palabras no significan lo que su creador quiere que signifique, sino el significado que le atribuyen los usuarios.
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