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Manuel Rosales reasumirá la gobernatura del Zulia. Rosales fue el candidato unitario de 41 partidos y grupos civiles opositores en las elecciones presidenciales del pasado domingo. (LA PRENSA/AP)
Fin de un estigma
Chávez ya no podrá llamar “golpistas” a los opositores
Víctor Flores
Análisis noticioso CARACAS/AFP

La oposición venezolana se sacudió del injusto estigma de “golpista” al optar por una estrategia claramente democrática, con la aceptación inmediata de Manuel Rosales de su derrota, para comenzar a forjar un proyecto político de centroizquierda ante el discurso radical del presidente Hugo Chávez.

Desde el frustrado golpe de Estado de 2002 contra el mandatario reelecto el domingo, Chávez no quita el dedo del renglón afirmando que toda la oposición es “ golpista” y “lacaya” del “imperio norteamericano”.

La reacción de Rosales, quien tuvo en la sede de su propio comando de campaña gente que exigía salir a la calle a gritar fraude, “libera a un sector de la oposición de un chantaje permanente al cual Chávez lo quiere someter, acusándolo de golpista a sectores que siempre estuvieron en contra del golpe”, dijo a la AFP el politólogo Tulio Hernández.

“¡Mentira, mentira!”, le gritaron a Rosales algunos opositores en su propio cuartel de campaña cuando dijo que reconocía que “esta vez nos vencieron”.

El binomio de Rosales y Teodoro Petkoff, un ex guerrillero izquierdista, fundador del Movimiento al Socialismo (MAS), al que fue cercano el vicepresidente José Vicente Rangel, es señalado por los expertos como artífice de una hábil estrategia.

“La estrategia que se impuso confirma que la mayoría de la oposición ha sido siempre democrática, ajena a una conducta supuestamente golpista, y en cambio más educada y democrática”, dijo Hernández.

La “conducta golpista” de un sector pequeño que aprovechó el movimiento masivo del 2002 para llevar a cientos de miles de ciudadanos a una aventura conspirativa, incluso contra la fuerza socialdemócrata, quedó aislada.

En ese proceso hacia adelante la oposición tiene tres resultados en sus manos, enumera Hernández. Primero, numéricamente tras las elecciones presidenciales del 2000, logró una votación de casi cuatro millones de personas que no es nada desestimable.

En segundo lugar es una gran minoría que puede tener mucho peso si es bien conducida en las próximas elecciones legislativas y las de gobernadores y alcaldes.

Y en tercer lugar, por primera vez desde que comenzó la era de Chávez, que ya lleva ocho años, quienes se oponen al gobierno concentrado en la figura de un líder que ocupa todos los espacios, “tienen una mínima estructura que no sea una federación circunstancial como fue la Coordinadora Democrática”, que impulsó el referendo revocatorio de 2005.

Manuel Rosales retomó ayer su cargo como gobernador del estado de Zulia, donde ante una multitud reiteró que asumirá el liderazgo de la oposición contra el gobernante reelegido, Hugo Chávez.

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